|
|
|
|
|
Ricardo de Val Haciendo honor a un imperioso deber de gratitud, nos es grato traer hoy a nuestras páginas el cordial recuerdo de un antiguo y valioso colaborador de EL TRULLO. La figura sencilla, noble y brillante al mismo tiempo de Ricardo de Val Muñoz. Levantino de tierra adentro, según expresión de un comentarista de sus libros, concretamente de Utiel, la ciudad hermana, Ricardo de Val ha jalonado su vida con una producción literaria a través de la cual queda reflejado tal como es, un espíritu, un sentimiento, un hombre. Infatigable periodista, ganó en 1967 el "Premio Blasco Ibáñez de artículos". Finalista en el "Premio Ondas". Colaborador de Indice, La Estafeta Literaria, Alcántara. Idealidad, Las Provincias, etc. Tiene publicadas doce obras entre, novelas, cuentos y poemas. De ellas, VIDA ANDARIEGA Y TERESA Y EL MAR, editadas por Editorial Rumbos y Editorial Aguilar respectivamente, alcanzan quizá su nota más destacada. |
|
La pluma ágil y decidida de Ricardo de Val tiene una prolongación acertadísima para colocarse en el difícil espacio de la poesía y es en 1958 cuando publica LA PALABRA OLVIDADA dejando constancia de su entrañable y profunda vocación de escritor. El malogrado Alejandro Gaos, en el prólogo de esta obra dice entre otras cosas: "Posee imaginación, concentrada ternura, reciedumbre expresiva y un aire muy sincero y noble para situarse ante los graves enigmas de la muerte, tema en el que encuentra sus acentos mejores". Nos gustarla disponer de un espacio mayor para dedicar a este hombre, a este buen poeta de nuestra tierra, un elogio mejor. Para terminar diremos solamente que sus últimas obras, TODA LA VIDA Y LA TRISTEZA DE EROS, esta última publicada recientemente, le revelan como un destacado creador en el maravilloso campo de la lírica. Felicitamos con este motivo a Ricardo de Val, buen amigo y excelente poeta, por la aparición de su nuevo libro LA TRISTEZA DE EROS y le expresamos nuestra gratitud por su continuada y magnifica colaboración en estas páginas de EL TRULLO. MOLINA PLAZA
|
||
| CUENCA |
|
Pardas tierras de la hidalga Cuenca: noble austeridad, paisaje frío; pálidos grises de los llanos junto al verdor de las hoces, verde umbrío.. Encantada Cuenca del escarpado risco; hermosa Cuenca, cautiva del abrazo amoroso de dos ríos. En ti mi juventud quedó encantada, en el alto páramo perdido, con la noble hilera del chopo en marcha al infinito.
Lejos, por remotas carreteras, villorrios de paz y de olvido; Iniesta, Villamayor, voz de campanas de un ayer dulce y dolorido; el verde trigal, la mañanera alondra, el molino de viento, el manantío...
Cuenca perdida en los llanos, tras palancares de pinos, con ventanas y balcones sobre las nubes y el río. ¡Ay, las tardes de las hoces, romántico sueño mío; costanillas, plazoletas de otros siglos! ¡Ay, silencio de provincia contemplándose en el río!
|
| REQUENA |
|
Antigua tierra de Cuenca, del viejo solar hasta el año 1851, en que por voluntad de las nobles gentes de la comarca natural que se contenía entre las escabrosidades y belleza agreste de la cuenca del Cabriel, y las feraces tierras de este bellísimo rincón, había de pertenecer a la provincia de Valencia. Sin duda alguna, un acierto de la política administrativa que se impuso entonces, entre las caprichosas divisiones que se hacían. Encanto de este rincón de Requena y Utiel, ancho pámpano, insigne historia bien escrita, cultura que ha llegado a ser pasmo de la Región y otros confines... Tierra feliz, envidiada, que hermosa su apertura y su gentil figura, a los que vienen de Castilla, a los que suben del sur. Admirable riqueza, trabajo y creación del pueblo, y también pórtico y sendero, tierra de ensueños para el hombre que medita. Nombres preclaros y piedras ilustres. Este hombre que medita, gusta mucho de detenerse en lo que él llama "sus soledades de Requena", en las que quiere cantar en voz baja y, si aún es posible, ir plasmando en el papel cosas y acaeceres de su vida interior.
RICARDO DE VAL (Publicado en El Trullo de Junio de 1974) |