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Hace unos años Tomas Mann escribió una novela titulada "Muerte en Venecia", que trasplantada al cine tuvo un notable éxito; era un canto melancólico a la lenta agonía de la ciudad de los Dux, que se hunde en ese mar, que dejó en la Historia a los venecianos. La UNESCO, el gobierno italiano y, en general, todos los amantes del arte, intentan salvar esa maravilla universal, no con bellas palabras, sino con hechos y dinero. A unos cuantos kilómetros de esa "muerte", estamos asistiendo a otra lenta agonía; ésta nos pilla más cercana, la tenemos aquí. "La Villa" se hunde en el mar de la desidia, de la carencia de medios y de su vejez. En los primeros días de la recién estrenada primavera, di una vuelta por el barrio histórico-artístico y como me temía, el invierno se había cobrado sus víctimas; si antes eran casas anónimas que convertían a las calles en plazas, las víctimas del invierno 74 han sido más célebres: la cuesta de San Julián apuntalada y la casa de Santa Teresa con un boquete digno de un obús de la "pequeña Berta". Desde la concesión allá por el año 1966 del titulo de Conjunto Histórico-Artístico, "La Villa" ha gozado de cierto fervor popular. ha conocido el furor bodeguero, el empedrado de plazas, sus noches del vino, su nueva iluminación, el interés de instituciones oficiales, etc. Mas eso no ha bastado para que año tras año, vayan cayendo con regularidad invernal, casa tras casa. |
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Antes de que tengamos que entonar un triste adiós, conviene plantear francamente la situación. Líneas arriba comentaba tres factores que propiciaban el esquilmamiento del Barrio: El primero de ellos, o sea la desidia, es el de mayor gravedad, dado nuestro especial carácter. Desidia heredada de antaño, cuando las Bodegas fueron cegadas y rotas sus tinajas porque sí; desidia de los habitantes trasladados a otros barrios, dejando sus antiguos solares a la buena de Dios; cierre de mentes (para los que el pensar cuesta) a los problemas del Barrio, oyéndose peregrinas afirmaciones como la de "hundirla y hacer una hermosa avenida hasta la carretera"; escasa o nula colaboración del público en general construyendo edificios o casas que matan la belleza serena y singular del Barrio, etc. El segundo apañado es la carencia de medios; nos constan los continuos trabajos y desvelos de nuestro Ayuntamiento, con respecto a "La Villa". Gracias a su tesón, estamos en la agenda de la Dirección General de Bellas Artes, pero como "las cosas de palacio van despacio", los deseos a corto plazo de, unos son contrarrestados por un largo plazo de los otros, lo que hace que realizaciones que nos son imperiosas sean dejadas con un "hasta mañana". Creo que ha llegado el momento de aprovechar esas fuerzas vivas que aún tenemos en Requena para crear una asociación, agrupación o club de Amigos de "La Villa", ya que si a escala municipal hay muchas más obligaciones que las de adecentar nuestro patrimonio, a escala mayor tenemos, en este austero 1974, que los altos organismos tienen toros más difíciles que lidiar. Es por lo cual que se infiere, se interpreta y deduce que, sin una fuerte acción de los requenenses con ganas de hacer, nuestra Villa dentro de unos meses verá reducido su patrimonio y, así, sucesivamente.. Formamos una ciudad muy "sui generis", entre muy pocos se lleva todo; para los observadores de la realidad no hacen falta detalles, para los despistadillos, habría que repasar quiénes son los de la Fiesta, el fútbol, las sociedades culturales, etc., casi siempre los mismos. Entre los "eternos" colaboradores y una participación activa y real de un sector olvidado, la juventud, se podría formar la Asociación de Amigos de "La Villa". Este grupo podía ser el revitalizador de todo, no sólo del evitar desmoronamientos, sino para lanzar otros aspectos no totalmente desarrollados, llámense turísticos. culturales, etc. La vejez es a la vez su grandeza y su miseria. Sin sus años "La Villa" no seria lo que es; pero, en contrapartida, todo lo viejo tiene sus achaques. Interrelacionando los anteriores factores en su aspecto positivo, restaurando lo que "chochee", adecentando palacios e iglesias, cambiando esa horrorosa fachada de Requena desde la Nacional III, haciendo que "La Villa" deje de ser la bella desconocida... puede conseguirse que su vejez no sea tan achacosa como lo está siendo. Nos enfrentamos a un hecho con tonos alarmantes: La Villa se hunde; ¿seremos los requenenses del año 1974 capaces de levantar a nuestro querido, añorado y algo olvidado Barrio? El tiempo lo dirá.
F. JAVIER MARTÍNEZ RODA (Publicado en El Trullo de Junio de 1974) |