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Un pilar muy importante de la economía española es la uva. De ella salen vinos de distintas gamas de color, de distintos aromas y todos ellos de agradable degustación. Asimismo mostos: para concentrar, para zumos refrescantes en su mayor parte o medicinales, como los de moscatel. De los subproductos se consiguen magníficos alcoholes, materias tartáricas y materias primas de orujos y granilla, para distintas industrias. Ciñéndonos al derivado principal de la uva que es el vino, vamos a señalar los puntos más importantes, a nuestro juicio, que al mismo atañen. La buena calidad se consigue desde el principio. Esto es, poniendo el cepaje adecuado a cada terreno. Procurando que los tratamientos de abonos o anticriptogámicos se hagan de forma que la uva no tenga ningún gusto extraño, que luego se puede transmitir a los vinos, como ocurre en algunas frutas y tubérculos. Haciendo la vendimia con envases convenientemente desinfectados para que la uva llegue entera a los lagares. La elaboración bien cuidada, con esmero y asepsia, para evitar el que salgan mostos con algún defecto, que al intentar guardar y criar o añejar los vinos, se acuse más, cuando mayor es el tiempo que está elaborado. Los trasiegos adecuados, para que los bajos o heces no puedan influir en la frutosidad y buen paladar de los vinos. Si cumplimos estas premisas podremos lograr el cumplimiento de la primera fase: CALIDAD. Aquel viejo refrán de que "el buen paño en el arca se vende", estimo que ha quedado desfasado. En los veloces tiempos en que nos ha tocado vivir, no hay tiempo para ir a visitar el "arca", en este caso concreto, la bodega. Al consumidor le interesa cada día más, lo mejor. La propaganda es esencial y no empieza en el "spot" de la tele, como muchos se imaginan. Para embotellar vinos hay que hacerlo de forma que queden bien brillantes, dando el color adecuado al gusto de cada cliente. La botella, al igual que la etiqueta, deben hacerse de tal forma que sean agradables al verlas y colocarlas en la mesa. Conferencias, coloquios, exposiciones, deben prodigarse, para ir educando al posible consumidor, o bién orientando de forma adecuada al que lo es por tradición. En la prensa y medios especializados se debe machacar el beber, pero BEBER BIEN el Vino. Hay que llegar a la Carta de Vinos. Que el fiel amante del vino llegue a pedir una comida para cada vino, para lo cual podemos poner un ejemplo: 1º VINO ROSADO, acompañado de melón con jamón. 2º VINO BLANCO, unido a lubina o langostinos. 3º VINO TINTO, con lomo ahumado o pierna de cordero. 4º VINO ESPUMOSO, con macedonia de frutas o tarta. Como es natural, cada comensal en este caso, bebedor, puede elegir la marca de vinos que mejor le acomode, y las comidas que mejor vayan a su estómago o paladar.
(Publicado en El Trullo de Junio de 1974) |
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