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Por JOSÉ MARTÍNEZ ORTIZ, Cronista de Utiel(Trabajo premiado en el Certamen Literario celebrado con motivo de la XXVII Fiesta de la Vendimia)
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1 EL ENCUENTRO Hoy he venido a ti, Requena, a evocar lejanos e íntimos recuerdos. A sentir avivada, por el calor de tu regazo, la alegre andadura de mi infancia.Mi encuentro con tu ser, dentro del ámbito múltiple de tu sin par geografía, pudo haber sido en la grata querencia de tus variados paisajes que te circundan. Cabe la fuente rumorosa de Bernate o de Baldomeros, o más lejos, en la de Reinas, trayendo a la memoria bellas singladuras de pasados tiempos, cuando cruzado el Regajo venía la delicia de aquel bosquecillo, jamás olvidado de "Los Avellaneros". A la sombra del más frondoso de los árboles de tu huerta, contemplando la fecunda granazón de los trigales, que balancean sus rubias espigas al soplo del dulce céfiro, que orea el campo todo y expande el aroma de los frutos maduros. |
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O, quizá, mejor sentado en la linde, de alguno de tus predios, los que dominan tu importante caserío, o aquéllos otros más distantes que enriquecen tus numerosas aldeas -diadema áurea de la corona de tu señorío-, donde los pámpanos verdes protegen ahora las prometedoras uvas, esperando el día gozoso en que sus racimos ofrenden su azucarado mosto en la sinfonía del chirriar de carros y ruido de tractores, de risas y voces de vendimiadores y vendimiadoras, entre rumores y silencios de bodegas y lagares. En cualquiera de los parajes que la enmarcan fuera posible mi cita amorosa con Requena. Para la impresión estética bastara tan sólo, y digo yo con tu famoso poeta, Venancio Serrano Clavero, la contemplación de "las amapolas de vuelillo rojo" y aspirar el perfume del "romero en flor" o el del "quebradizo espliego". Y aún dentro de ti cupo la ocasión, pasado el cinturón de tu vieja y nueva ronda; en la sugestiva traza de tu casco urbano, aquél que guarda la grandeza incomparable de la Villa o la humilde dignidad de las Peñas. Pero tuvo que ser en esa zona intermedia entre lo señoril y lo labriego, donde se funden lo cristiano y lo morisco, la nobiliaria mansión y el hogar del vasallo. Aquí fue, en el extremo viejo del Arrabal, en lo que el requenense; familiarmente, llama "Por la Glorieta". Sentado en uno de los bancos, solitario, mudos los arpegios de los niños de la antigua escuela, muerta la actividad de la nueva biblioteca, me siento llevado de la mano de callada quietud, y cerrando los ojos, lentamente, he ido adentrándome por los misteriosos senderos del alma. Han pasado raudos los años, desandando el camino de mis días, y la Glorieta, la de la desusada tómbola musical, la de la Feria galana de los años veinte, con sus casetas, sus tracas y verbenas; la de los tiernos y graciosos jardincillos, se ha animado, de súbito, con el cántico fiel de los pájaros. Los árboles vuelven a tamizar, como otrora, la luz por los claros del follaje y el rayo de sol juega en sus destellos, cayendo ligeramente tibio, sobre los seres y las cosas. Es un día ordinario, día de labor como diríase entonces. Un día, empero, excelente para el sentimiento de mi corazón. Uno de aquellos días con los que, sin grandes heroicidades, paso a paso, se va haciendo la vida sin resonantes triunfos ni amargos desengaños. Días de los que, dejan huella y fragante paso, en los que la simple sencillez de su acontecer es más trascendente y verdadera. Esta es la fecha señalada, marcada con piedra blanca, como haría si fuera romano, en que he llegado de nuevo a ti, y para siempre en mi gozo, aúlica Requena. He dejado varado mi buque, recogidas sus velas en el mar de tus vidas y me acerco a tu playa, rocosa y fuerte, como pregona tu nombre de "roqueña". Me trae la lancha vistosa, con gallardetes adornada, de la esperanza. Y con ella salto jubiloso a la arena de tu firme suelo para descubrir el tesoro de mis evocaciones. 2 LA ANDADURA EMOCIONADA Lento el paso, recreándome en la visión de las casas: sus portales, sus balcones, el alero de sus tejadillos, he iniciado mi camino. Quiero que sea como un peregrinar ilusionado a la búsqueda de emociones. Aquéllas que yacen bajo la cobertura de los años ,y han de aflorar ahora con fuerza expresiva.Por ello habré de detenerme a comentar, muy personalmente, con particular lirismo, cada una de las situaciones que hayan de brindarse a la consideración de mi mente. He de dar la vuelta a la Glorieta, de donde parto; saliendo con el rumbo mío, calle abajo por la del Maestro Sosa, gloria ilustre de Requena, al que Valencia debe una de las más inspiradas y mejor logradas composiciones musicales, la conocida titulada: "Lo cant del valencia". Y al llegar al cantón de lo que de antiguo llaman calle del Carmen, por la presencia de su cenobio, y hoy Mariano Cuber, en memoria del ilustre político, me detengo a admirar la pared frontera y la que continúa por dicha calle hacia la que fue plaza de los cafés y ahora de los bancos y los comercios, donde hay casas con buenos miradores. Y al hacerla -¡ay de la nostalgia y del recuerdo!-, al considerar aquellas residencias, todavía muchas en pie y habitadas por sus dueños, que representan la clase aburguesada, aristocrática provinciana que tan singular empaque ha dado a Requena, me ha parecido ver allí tras los cristales, como una evocadora sombra, la figura grácil de la bella muchacha, mujer de encanto becqueriano que tantas veces hube de divisar a lo lejos, en aquella especie de alcázar de vidrio, como símbolo de su encumbrada estirpe. (Continuará en el próximo número) (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1974) |