Este es el hombre fuerte y equilibrado; el prestigioso capitán de empresa que vino al mundo hace sesenta y cinco años en las soledades de "la" Juan Vich (Fuen-viche o "fuente de los ciervos"), caserío situado a unos cinco kilómetros de la aldea de Los Pedrones.

     Su infancia transcurrió humildemente, tan lejos de la ciudad como de la escuela, pues por aquellos bucólicos andurriales no habían otros aprendizajes que el pastoreo y la labranza.

     Diez años contaba nuestro héroe (el mayor de cuatro hermanos), cuando falleció su padre. Ni que decir tiene que la pobre viuda tuvo que afrontar abnegadamente tan dura prueba, no tardando en trasladarse a Valencia con su prole.

     Ricardo fue aprendiz en una fábrica de yute (con una peseta de jornal), no tardando en aprovechar los días festivos para convertirse en vendedor de "llargues en oli" y caramelos en la plaza de toros, de la que más tarde fue acomodador.

     Aunque decidido e ingenioso, el muchacho andaba malísimamente de "letra menuda", por lo que frecuentó con asiduidad las escuelas nocturnas (años después, cuando pudo, tuvo profesores particulares).

 

     Frisaba el de "la" Juan Vich los quince años cuando ingresó en la prestigiosa fábrica de objetos de bronce de Enrique Mariner, en donde no tardó en realizar grandes progresos. Paralelamente, favorecido por su recia complexión, nuestro hombre se entregó a la práctica del boxeo, llegando a ganar nada menos que el Campeonato de Levante de los pesos ligeros. Pero, ¡ay!, su primera derrota por puntos decidióle a colgar los guantes definitivamente. Sin embargo, sus ansias e inquietudes por abrirse camino en la vida, le llevaron con un hijo de su patrono a lanzar un "invento": nada menos que un producto para exterminar las hormigas ("El Formigal").

     Durante la última guerra civil, Soriano Cerdán, con su hermano Anastasio, decidió independizarse, montando un taller de broncista que pronto fue viento en popa; ampliándolo sucesivamente hasta albergar en él un centenar de obreros. Pero... un pavoroso incendio (1962) dio al traste con casi todo; mas, a fuerza de tesón y con la ayuda de créditos y amigos, pudo rehacer sus actividades artesanas que, en constante crecimiento, culminaron con el complejo industrial "Ricardo Soriano Cerdán, S. A.", ubicado en Patraix, con una plantilla actual de seiscientos productores, la mitad de los cuales, según nos informan, con coche propio adquirido merced a la garantía empresarial, y con servicios sociales propios de una auténtica empresa modelo.

     Las especialidades de la ejemplar factoría forjada por nuestro infatigable paisano, son las lámparas de bronce" (cuyos diseños evidencian una altísima calidad artística) y, también los muebles del más puro clasicismo. Con lámparas y muebles, don Ricardo alcanzó metas insospechadas, hasta el punto de que el Instituto Internacional de Promoción y Prestigio de Ginebra le concedió, en 1971, el galardón único entre las más calificadas empresas mundiales... ¡Algo insólito!

     Con tan fausto motivo, el doctor Carlo di Ambrossi, jefe de la misión diplomática de las Naciones Unidas para los problemas científicos y educativos, hizo calurosos elogios de tan singular industria.

     Poco después se rindió en Valencia un cálido homenaje al señor Soriano Cerdán, al que se sumaron el Ministro de Trabajo y las autoridades valencianas.

     Finalmente, para que el lector tenga cabal idea del desarrollo creciente de la empresa forjada por aquel humilde pastorcillo de "la" Juan Vich, añadiremos que, desde hace tiempo, tiene abiertas oficinas y almacenes en París, Nueva York y otras ciudades.

 A. CÁRCEL RAMOS

(Publicado en El Trullo de Junio de 1975)