De hace un tiempo a esta parte, y con la excusa del alcoholismo, alguien está buscándole las vueltas al vino; intentando convencemos, nada más y nada menos, de que es tan pernicioso como la misma droga. O sea, que beberse un vaso de vino es algo así como fumar un cigarrillo de hachís o marihuana, y beberse un litro equivaldría, digo yo, a tomar una dosis de L. S. D. con la ventaja de que el vino sale más barato, lo que viene a ser como viajar en primera con billete de tercera, y nunca mejor empleado el término viajar puesto que "viaje" se llama al tiempo que duran los efectos y sensaciones de estos endemoniados productos. De lo que resulta que nuestros populares "Baila" y "Tío Colorao", fueron unos pillines que por cuatro perras gordas se pasaron la vida "viajando" en coche-cama.

     La verdad es que esto no está nada claro, aunque yo he sacado mis conclusiones. UNA: Ante las cantidades almacenadas por falta de exportación y disminución en el consumo nacional, se han inventado eso de que es "drogante" para ver de promocionarlo "a nivel europeo" y, de paso, sacarle unas pesetejas más. OTRA: Que esos modernos y exóticos "aguachirles" importados, no contentos con haberse colao de rondón, están dando la batalla "bajo manga" para conseguir hacerse los amos del cotarro.

     Lo que sí está claro es que cada vez se bebe menos vino, y eso es malo. Malo, porque el vino es beneficioso para la salud y quien no lo bebe priva a su cuerpo de dichos beneficios; y malo, porque podría llegar a perjudicar seriamente a los viticultores y a la Nación en general. Ocurre que, como a los niños de ahora no les dan vino porque dicen que no es bueno, llegan a la juventud sin tener idea de su sabor, y mucho menos de sus excelentes propiedades, y lo que es peor, a la hora de beber se deciden por cualquiera de esos brebajes artificiales tan en boga, incluso en las comidas, hasta el extremo de que en muchos hogares en los que tradicionalmente se bebía vino, éste está desapareciendo de las mesas porque "todo se pega menos la hermosura", y eso es algo que no podemos consentir.

     El vino es la bebida más sana y natural que existe. ¿Cómo puede ser malo si cada día -y en todos los altares del mundo- se convierte en la propia Sangre de Cristo? ¿Qué puede hacer daño tomado en exceso? ... ¡También un empacho de agua puede ser nocivo y un atracón de cerezas ocasionar un cólico morrocotudo!

     Tanto la Biblia como el Antiguo y Nuevo Testamento, se refieren constantemente al vino como a una bebida casi sagrada que siempre ocupa lugar prominente en fiestas, bendiciones, rituales y purificaciones, por ser "fuente de alegría y felicidad, inspiradora de poesía, fidelidad y buenas obras". De un Libro Sagrado se ha extraído lo siguiente: "El vino es como vida para los hombres, si se bebe con moderación. ¿Qué es la vida para el que carece de vino? El vino ha sido hecho para regocijar a los hombres. Exaltación del corazón y regocijo del alma es el vino, bebido con moderación y a su justo tiempo". ¿Queréis más que hasta el primer milagro realizado en público por Jesús, fue precisamente el de convertir el agua en vino, en las Bodas de Canná?.. Y, según el Génesis, cuando terminó el Diluvio Universal lo primero que hizo Noé al salir del Arca fue plantar una viña, y parece ser que cuando cogió la cosecha, tan ansioso estaba de beber vino, que se embriagó.

     Sin llegar a lo de Noé -aunque una borrachera al año, no hace daño-, ¡bebamos vino! ¿Cómo aconsejar a extraños que lo beban si nosotros no lo hacemos? ¿Cómo hablarles de sus excelencias si nosotros las despreciamos? ... Hay que predicar con el ejemplo, como la argentina Lucía Lucinda -de quien hablé en otra ocasión- que, con 106 años, bebía tres litros de vino tinto al día y aseguraba que era "la mejor medicina". O como Lorenzo Sánchez Matamala, un chileno fallecido hace poco, a los 115 años de edad, que atribuía su buena salud y larga vida a que "durante los años mozos y buena parte de la madurez, su dieta alimenticia se redujo prácticamente a frutas y... vino tinto en abundancia".

     En un Congreso Internacional de Dietología celebrado, no ha mucho, en Italia, se desarrolló una ponencia sobre el valor dietético del vino y, entre otras cosas, se dijo: "Bebido en medida y tiempo justo, ofrece al organismo humano una serie de ventajas que hasta el momento la gente desconoce..." "Toda la humanidad debería adquirir mayor conocimiento sobre los efectos médicos e higiénicos del vino".

     Pregunto yo: ¿Cuándo, ni dónde, se han adjudicado a ninguna bebida tantas ni tan extraordinarias cualidades? Sólo con lo mencionado hay más que suficiente para rebatir cuanto puedan alegar en contra del vino quienes intentan desprestigiarlo (perdónales, Señor, no saben lo que hacen), o quienes no lo beben (perdónalos, Señor, no saben lo que se pierden).

EMILIA LÓPEZ TOLEDO

(Publicado en El Trullo de Junio de 1975)