Como buena requenense -y perdón por la inmodestia- ando siempre a la caza de noticias que se relacionen con el vino. Noticias curiosas, científicas y hasta humorísticas, de las que luego puedo hablar con ustedes a través de esta ya tradicional revista.

     Sorprende leer que el VINO es una bebida tan completa y buena, para la salud, como la leche.

     ...que después de un tratamiento con antibióticos, es conveniente beber VINO para recuperar las defensas naturales del intestino que, con dicho tratamiento, se destruyen.

     ...que el VINO -y esto es interesante para la mujer- favorece el funcionamiento del páncreas, lo que repercute en beneficio del cutis manteniéndolo en forma y retardando la aparición de arrugas.

     ...que en un futuro cercano, se piensa llegar a extraer del VINO la materia prima para la fabricación de antibióticos eficaces, no tóxicos, y carentes de efectos secundarios en el organismo.

     Ahora bien, sorprendente, lo que se dice sorprendente, la receta que he leído en una revista femenina. Aunque, bien mirado, si el vino es bueno para las personas, ¿por qué no había de serlo para las plantas?

     DICE LA RECETA: Para que los geranios tengan grandes y hermosas flores hay que regarlos con agua y VINO, a partes iguales, un poco antes de que abran los capullos.

     Y DIGO YO: Si tal cosa es cierta, tenemos la solución a dos graves problemas que nos agobian; dos problemas que, como si fuesen pájaros -más bien "pajarracos"- mataríamos de un solo tiro.

     Los problemas son, escasez de agua y exceso de vino. ¿Adivinan la solución? Emplear el vino como fertilizante. Regando todo lo regable con agua y vino, mitad por mitad, necesitaríamos mucha menos agua y gastaríamos muchísimo más vino, con la enorme y comercial ventaja de que los tomates se harían como melones, los nabos como remolachas, las alcachofas como coles y las espigas como panojas. Y, ya puestos, ¿por qué no probar también con los animales? A lo mejor, poniendo en sus bebederos agua mezclada con vino, se conseguían los mismos o mejores resultados que con todos esos "potingues" -llámense hormonas, fortalecedores, colorantes o demonios- que les "arriman" en los piensos y, siempre cabría la posibilidad de que la ternera volviese a tener sabor a ternera, el pollo a pollo, el cordero a cordero y el cerdo a cerdo, porque, ¿podrían decirme a qué saben ahora? Y, suerte cuando no saben a nada, pues, para terminar con sorpresa, les diré que la mía fue mayúscula al descubrir que un horrible olor a amoníaco, que se había extendido por toda mi casa, salía ¡de mi propio "puchero"!

EMILIA LÓPEZ TOLEDO

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1975)