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Pienso que, a pesar de nuestra vocación europeísta -tan traída, llevada y atacada en los últimos tiempos-, y que la geografía, la historia y la cultura pregonan como una verdad innegable el manido tópico de "ESPAÑA ES DIFERENTE", para bien o para mal, sigue con una vigencia total con toda su carga de virtudes y defectos; humana condición que puede servir de crítica para algunos foráneos que se han empeñado en desconocernos totalmente y que carecen del sentido del humor, de inventiva, de socarronería y de nervio. Esta diferenciación, quizás herencia congénita que viene protagonizando actitudes dispares en toda nuestra línea histórica y que a veces desconoce términos medios y sentido de la medida, tiene su mayor expresión en la celebración de "fiestas, festivales y fiestecillas" en donde los pequeños pueblos y ciudades, especialmente, vuelcan sus ímpetus, haciendo gala de la improvisación, que en nosotros es más exitosa que el método, ya que el programa y la planificación son frutas extrañas que inhiben, coartan o anquilosan lo que de natural nos sale; porque seguimos siendo diferentes. ¡Qué verdad es aquello tan valenciano de "pensat i fet"! Llegamos hasta competir, unas veces noblemente, y otras con escasa delicadeza, con otros festejos y otros pueblos; y cada localidad busca sus motivos típicos, o sus productos, o su especial y diverso folklore, para festejarlos, alabarlos y cantarlos, poniéndolos en el cenit de la grandeza. Y así surgen por toda la geografía hispana nombres de fiestas que parecen proliferar y multiplicarse como por arte de magia. Basta un pequeño motivo para elegir denominación apropiada. Valga la siguiente muestra como nomenclatura para una reflexión desapasionada y obtención de consideraciones positivas: Fiesta de la Vaca, en Albaladejo (Ciudad Real). - Fiesta de la Fruta, en Malagón (Ciudad Real). - Fiesta del Ajo, en Las Pedroñeras (Cuenca). - Fiesta del Cangrejo de Río, en Herrera de Pisuerga (Palencia) .- Fiesta de la Perdiz, en A]muradiel (Ciudad Real). - Fiesta del Jamón, en Teruel. - Fiesta del Toro, en Pamplona. - Fiesta del Caballo, en Jerez de la Frontera. - Fiesta del Anís, en Pravia (Asturias). - Fiesta de la Sardina, en Santurce (Vizcaya). - Fiesta del Centollo, en Cudillero (Asturias). - Fiesta de la Trucha, en León. - Fiesta del Queso, en Villamoronta (Palencia). - Fiesta de la Berenjena, en Almagro (Ciudad Real). - Fiesta del Langostino, en Vinaroz (Castellón). - Fiesta de la Naranja, en Villarreal (Castellón). - Fiesta del Azafrán, en La Solana (Ciudad Real). - Fiesta del Arroz, en Sueca (Valencia). - Fiesta del Olivo, en Mora de Toledo. - Fiesta de la Sidra, en Villaviciosa (Asturias). - Fiesta de la Patata, en Báscones de Ojeda (Palencia). - Fiesta del Pino, en el Valle del Tiétar (Avila). - Fiesta del Pastor, en el Valle de Luna (León). - Fiesta del Bollo, en Oviedo. - Fiesta de la Canción, en Aranda, Benidorm y Alcázar de San Juan. - Fiesta de la VENDIMIA, en REQUENA, Jerez, Valdepeñas, Montilla, Haro, Sitges, Villafranca del Penedés, el Ribeiro, etc Y muchos etcéteras que por falta de información sentimos no desvelar, porque lo mismo puede haber fiestas para el trigo, la cebada, el pimiento, el plátano, la cebolla y cualquiera otra, pongamos por caso. En fa escala de valores de FIESTAS, FESTIVALES Y FIESTECILLAS, coloquemos a nuestro gusto las anteriores y las que vayamos conociendo en lo sucesivo. Y... ¿dónde cae la nuestra? Para ello hemos de ser realistas, huyendo de triunfalismos, oriflamas y mixtificaciones, pensando en que alguien ajeno a nuestras cosas pudiera también calificarla. Yo me inclino, por aquello de tirar para casa, a colocarla en la máxima categoría, pero con el grave peligro de ir descendiendo en el escalafón si no atajamos cierta enfermedad que se nos antoja de difícil remedio. Me refiero a que la raíz del árbol al que se asemeja nuestra fiesta -lo verdaderamente popular- sufre de falta de vitaminas "populares", y tememos caiga en la más absoluta inanición, a pesar de que aparentemente goza de buena salud la parte aérea y externa del símil vegetal que empleamos; porque los frutos tampoco han sido ni muy abundantes ni muy óptimos, aunque vayamos vegetando. Ante ello, sin que pueda imputarse a nadie esta especie de desgana colectiva, cabe meditar seriamente en ir empleando todos los medios posibles -por supuesto, lícitos- que justifiquen los altos fines que muchos esforzados requenenses se propusieron conseguir al iniciar y gobernar con mano firme los destinos de nuestra FIESTA. Quisiera, por todo lo dicho, hacer un llamamiento tantas veces repetido y tantas veces casi olvidado: ¡Sanar la raíz popular, abonarla y alimentarla con antiguas experiencias y modernos experimentos! ¡Pero que no se nos muera, por favor! ¡Que continúe diciéndose, en el buen sentido de fa palabra y de los hechos, que REQUENA ES DIFERENTE! F. Yeves Descalzo (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1975) |
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