Me parece que deben ser muy pocos los requenenses que, desde hace unos cuantos años a esta parte, al dirigir su mirada a la Loma y ver el noble edificio del Hospital, no se haya dicho: ¡Pobre edificio muerto! ¿Dónde están esos días de gloria para ti, cuando albergabas en tu interior esa gran obra de ayudar al que lo ha menester? ¿Cómo es que te han dejado morir? ¿Es que acaso los requenenses de hoy no somos capaces de llevar adelante una obra dentro de nuestro entorno actual, como nuestros antepasados lo hicieron dentro del suyo?

     Estos pensamientos, que más o menos despiertos están en todos nosotros, han ido brotando por distintos puntos de nuestro ambiente; la inquietud, fuerza que ha movido siempre a los hombres, ha brotado como un manantial, con tanta más fuerza, cuanto ha visto perfectamente delimitado el cauce por donde iban a discurrir esas aguas de inquietud: los DISMINUIDOS MENTALES.

     Estos disminuidos mentales, parte integrante de nuestra sociedad, no han sido nunca objeto de atención, sino más bien de vituperio, burla o motivo de vergüenza. No vamos a juzgar ahora las causas por las que una sociedad reaccionaba siempre de esta manera ante un problema humano, como cualquier otro, de los muchos que padece la familia humana, desde que al primer hombre se le ocurrió independizarse de Aquel que alimentaba su ser, su esencia, su vida. Hoy sólo queremos atenderlo como se merece.

     Así, pues, ¡alegraos! viejas piedras del Hospital de la Loma, porque al fin ha vuelto la vida para vosotras. Ya no vais a sentir cómo vuestras caras se van llenando de moho hasta vuestra muerte, sino que ahora vais a contemplar cómo unos muchachos, que no tienen la suerte de jugar con todos, de ir a la Escuela con todos, de trabajar con todos, van a realizar todo esto bajo vuestra presencia, entre ellos, a su aire, con toda la dignidad humana que tienen, sin ver risitas, insultos o menosprecios.

     El edificio del Hospital alberga hoy el "CENTRO OCUPACIONAL ROZALEME", institución que atiende a los minusválidos con arreglo a la realidad que viven y adaptándose a sus exigencias. Para ello se ha formado un Patronato asociado al del Hospital Asilo, que de esta forma vuelve a entrar en funciones.

     Allá por septiembre, se empezó por restaurar el edificio, salvándose además de la ruina. Las obras todavía continúan, pero el día 17 de diciembre pasado, empezó a funcionar con seis muchachos que poco a poco se irán ampliando.

     Las aspiraciones son grandes y las posibilidades también. Esto ha de ser una obra de todos. ¡Ahí está! ¡Ya ha comenzado! Pensemos de qué manera podemos colaborar para que crezca.

A. Martínez

(Publicado en El Trullo de Junio de 1976)