La pequeña historia, aparte de su valor anecdótico, posee

esa encantadora virtud de llegar a todas las mentalidades.

Consecuente, pues, con este propósito, vamos a referimos

aquí al Llano de Portales: paraje situado a unos tres kilómetros

de La Portera; la aldea en que antaño se daba un vaso de vino

mejor que de agua, pues las casas solían tener llenas las

bodegas y vacíos los aljibes.

 

 

     Dejando a un lado la Casa de Pastor y la segunda travesía de Campo Arcís, en la carretera de Requena a Almansa, tendremos a la izquierda el Llano de Portales, ceñido por el Pinar de Villanueva, la Serratilla, el viejo camino de las Salinas de Hórtola y el Carrascal: tierra de rebaños y sembradura que, en pleno siglo XVIII aparece en el inventario de bienes de las religiosas Agustinas Recoletas de nuestra ciudad, con sus 204 almudes laborizados y tres mil cepas (R. Bernabeu: Historia de Requena, página 429).

     A fines de la pasada centuria se restringió allí el cultivo de cereales, plantándose numerosas vides que, en compensación a tantos afanes y sudores, pasaron a ser propiedad de algunos moradores de La Portera.

     Como esta heredad del Llano de Portales no figuraba entre los lotes que se hicieron para liquidar nuestro patrimonio comunal (montes blancos) ni tampoco en la desamortización de los bienes eclesiásticos, presumimos que fue vendida en los primeros años de la pasada centuria. Algún tiempo después, la integran ya dos labores propiedad de las familias requenenses de los González Claramunt y Mendoza González, quienes en el punto culminante de aquella partida levantaron la llamada Casa del Llano, cuyo ámbito extendíase por la Hoya de Alcuza, en plena Serratilla, atravesándola el viejo camino de Hortunas, en cuyas proximidades puede verse un interesante refugio de piedra con una bóveda semiesférica que construyó "el tío Nelo" a fines del pasado siglo. A unos trescientos metros, en lo alto de un cerro, existe una sima que parece estar inexplorada.

     No lejos de la Casa del Llano había una charca en la que abrevaba el ganado y, a cosa de un kilómetro, el pozo de las Callejuelas, que también surtía de agua potable a la desaparecida Casa de la Umbría, en el cruce del camino que sube desde las Callejuelas y la senda del Carrascal.

     Digamos algo de los Mendoza.

     De don José de Mendoza y González sabemos que era oficial del Tercio de Caballería ,de nuestra Milicia Nacional, que abrazó la carrera de las armas y se retiró con la graduación de comandante.

     Había casado con doña Mariana Monsalve Checa, instalándose en su casa solariega de la calle del Salvador (contigua al callejón de los Huesos o de Mendoza).

     Hombre de arraigadas convicciones liberales, don José de Mendoza fue alcalde de Requena y diputado provincial. En 1885, desempeñando el Juzgado Municipal, huyendo del cólera se refugió con su familia en la Casa del Llano.

     Su único hijo, don Alfredo de Mendoza, casó con doña Elvira Correa Vera, hija ,de don José María Correa Amengual, caballero del Santo Sepulcro. No tuvieron descendencia.

     Los Mendoza poseían, a unos tres kilómetros del Llano de Portales, otra labor: la Casa de Perrenchín, desaparecida hace bastantes años, que se nutría de agua de la fuente de Cueva Zapata, de los hermanos Gil Alarte.

     No lejos ,de las actuales ruinas de la Casa del Llano está el llamado cerro de Don Gil. Tiene la forma de cono truncado y termina en una pequeña meseta que domina todo el Llano de Portales y el antiguo camino de Jalance.

      Por último, vaya un recuerdo para aquel frondoso pino que embellecía la Casa del Llano, a cuya sombra sesteaban segadores, trilladores y pastores con sus rebaños. Un recio vendaval lo arrancó de cuajo en febrero de 1915.

 

ADELAIDO CÁRCEL RAMOS

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1976)