Repentinamente, con la fugacidad irreparable que sólo produce la muerte, Rafael López Solaz se ha despedido definitivamente de nosotros.

     Había venido, como todos los años, a disfrutar de las vacaciones estivales en su pueblo, en donde, aparte de las normales y personales relaciones de amistad, era siempre esperado con ilusión porque había un proyecto u otro para Requena en el que era necesaria su fina sensibilidad y sus vastos conocimientos de arte y decoración. Este año le tocaba a la restauración y adaptación del viejo Convento de Carmelitas para la instalación de las secciones de Etnología y Diplomática ,del Museo Histórico-Artístico. Por desgracia, no podrá participar más en estas actividades que tanto le gustaban, y nos tendremos que contentar con su agradable recuerdo y el de sus siempre acertados consejos.

     Rafael era conocido de toda Requena, pero no toda Requena conocía quién era Rafael.

     Habiendo cursado bachillerato en nuestro Instituto, hizo después Magisterio, especializándose en la pedagogía de subnormales, calando hondo en la materia y llegando a ser una verdadera autoridad. Participó en diversos cursos y congresos de la especialidad, aparte de su constante dedicación profesional, dirigiendo el centro de la Alameda de Valencia, últimamente trasladado al gran complejo construido a este fin en Cheste.

     Pero aparte su vocación profesional -en la que había llegado, con otro compañero, a la creación de nuevos métodos de enseñanza para subnormales, valiéndose de la electrónica y que experimentaban en la actualidad-, su otra vocación fue el arte. Con una extraordinaria sensibilidad artística, iniciada en su juventud por su afición al dibujo y la pintura, supo cultivarse, a través de un constante estudio de la materia, cursando las disciplinas de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos en Valencia, asistiendo a cursos monográficos sobre cerámica, vidrios, etc., y manteniendo un constante contacto con el mundo del arte en Valencia.

     La limitación de espacio en esta revista, que estaba en imprenta cuando la muerte sorprendió a Rafael, no me permiten extenderme sobre su inacabado e interesantísimo estudio de la heráldica requenense y sobre las múltiples facetas humanas de este gran amigo, así como de su inmenso amor a Requena, que siempre demostró con su colaboración altruista y, especialmente, con la Fiesta de la Vendimia, organizando sus exposiciones, Museo del Vino... y todo cuanto se le pidió.

     Descanse en paz Rafael, que fue ejemplo vivo de caballeros requenenses en la más amplia acepción de la palabra.

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1976)