|
|
||
|
En el pasado mes de agosto se publicaba en EL TRULLO, bajo esta misma firma, un artículo dedicado a "El año del mildiu". Poco podíamos suponer, al escribirlo, que iba a ser también el del pedrisco. Y si para encontrar una cosecha semejante, en cuanto a la primera plaga, había que remontarse a 1915, para hacer algo similar con respecto a la segunda, tal vez habría que retroceder a fechas parecidas. El origen de las tormentas de granizo está bastante bien estudiado. Para que se produzcan se necesita la existencia de una "plataforma" fuertemente caldeada, capaz de recalentar las masas de aire próximas al suelo y lanzarlas (como consecuencia de su disminución de densidad), a las capas altas de la atmósfera, donde sufren un rápido enfriamiento. El vapor de agua contenido en el aire pasa, durante la ascensión, al estado de gotas de agua y, posteriormente, de cristales de hielo. No basta una "subida", sino que se necesitan varias, en número variable, según distintas circunstancias, para que el fenómeno, repetido, logre dar lugar a cristales de buen tamaño. La diferencia entre "granizo" y "piedra" no es más que de gradación, según el volumen alcanzado por los cristales, como consecuencia de sus repetidas subidas y bajadas. Un examen de los cristales caídos permite apreciar las capas concéntricas que los forman, testigos de otras tantas ascensiones a la alta atmósfera. Al mismo tiempo que se producen los movimientos ascendentes, o a continuación de éstos, se originan fuertes corrientes laterales de aire que transportan las nubes tormentosas en una dirección determinada (de Oeste a Este en la comarca de Requena-Utiel). La acción combinada de ambos movimientos, al chocar con cadenas montañosas produce "torbellinos" que conducen los granizos, aparte de su ciclo de ascensiones y bajadas, hacia la zona que va a recibirlos. La rotura de tales torbellinos impide la consiguiente subida de los granizos (algo así como si se destruyera una escalera de caracol, deteniendo con ello la ascensión a niveles más altos. Esto puede lograrse con la explosión de cohetes, lanzados en el momento oportuno y capaces de alcanzar la altura debida. La formación de cristales de gran tamaño puede dificultarse "inyectando" en las nubes tormentosas, mediante aparatos generadores, cristales microscópicos de yoduro de plata, a cuyo alrededor se condensa el agua existente en la nube. Con ello se consigue distribuir la misma cantidad de agua en muchos y pequeños cristales, en lugar de hacerlo en pocos y grandes. Es el sistema que se viene empleando en nuestra zona. En cuanto a los remedios a aplicar en los viñedos apedreados pueden indicarse los más apropiados, para remediar en lo posible el daño sufrido y rehacer las cepas, de cara a los años venideros. a) Retrasar la poda, con objeto de que las escasas reservas que hayan quedado en los restos de hojas y en los sarmientos puedan pasar a almacenar se en los brazos y tronco de las cepas. b) Dejar poca "carga"; en la poda"'de invierno, con la finalidad de establecer un cierto equilibrio entre el futuro esfuerzo de la planta ,y sus reducidas posibilidades; con ello habrá menos cosecha, desde luego, pero la cepa podrá reponerse. c) Reforzar el abonado, cambiando al mismo tiempo la fórmula de aplicación: un complejo 15 - 15 - 15 puede ser adecuado, en lugar del 10 - 16 - 24 que se viene aconsejando para las viñas normales. Con ello se modifica la tradicional fórmula "en escalera", típica del viñedo, para reforzar el nitrógeno y el fósforo, permitiendo una reconstitución de tejidos que la planta ha de llevar a cabo.d) Continuar el plan de estercolado que se venga siguiendo, prestando especial atención a NO CORTAR raíces ni acercarse, con el surco, a las cepas. e) Adelantar el primer tratamiento contra el mildiu, no sólo para proteger al viñedo de esta enfermedad, sino para "sanear" las cepas frente a pequeñas invasiones criptogámicas, que todas las primaveras aparecen y que en viñas apedreadas son más de temer. f) Asegurar la cosecha contra el pedrisco, desechando la idea de reducir gastos, y considerando este apartado como una inversión rentable. No parece probable, por otra parte, que se repitan las circunstancias que hicieron posibles los repetidos y fuertes pedriscos de la pasada campaña. Pero conviene adoptar las precauciones oportunas por si tal eventualidad llegase a producirse. (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1976) |
||