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Nos hallamos en el año 1859 en Solferino, aldea del norte de Italia, escenario de una cruenta batalla en la que los austriacos han sido derrotados a manos de Napoleón III y los piamonteses. El literato y filántropo suizo Henry Dunant -más tarde Premio Nobel de la Paz- contempla estremecido las consecuencias del combate; los heridos que claman a gritos auxilio, mientras la vida se les escapa por momentos por sus cuerpos destrozados, sin que nadie acuda en su ayuda porque cada cual sólo atiende a su propio sobrevivir. Conmovido por tan dantesco espectáculo se propone a si mismo la creación de una organización internacional que, por encima de creencias y nacionalidades, asuma sobre ella la hermosa tarea de auxilio a las víctimas de hecatombes y conflagraciones sin distinción de amigos ni enemigos. Con voluntad y tesón habla, negocia, visita y lucha hasta conseguir que todas las naciones civilizadas comprendan el alcance de sus propósitos, y se gana el respeto y la :admiración de todos. Ha nacido la Cruz Roja Internacional que, desde entonces, tiende generosa y abnegada su mano en todas las catástrofes y calamidades que aflijan a la Humanidad entera, a través de sus Asambleas Nacionales en cada país que, a su vez, se ramifica en Asambleas Provinciales y Locales hasta llegar al último rincón. |
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La labor de la Cruz Roja es ingente, ambiciosa y vasta, precisando de poderosos medios económicos y de la colaboración de hombres y mujeres altruistas dispuestos a trabajar sin descanso por sus semejantes. El primero de estos factores se consigue con las aportaciones y donativos voluntarios de aquéllos que, conscientes con la fraternal y hermosa tarea de la Organización, suscriben inscripciones de socios colaboradores fijos, constituyendo firmes y seguros pilares de su economía. Aparte, una sola vez al año, cada Asamblea organiza colectas públicas -a las que el público bautizó pronto con el simpático nombre de "Fiesta de la Banderita"- en las que jóvenes de ambos sexos, y de todas las edades, rivalizan gentilmente en recaudar la mayor cantidad de dinero posible que se deposita en las huchas de que son portadores. Además, se organizan en ocasiones bailes y cenas con el único fin de aumentar los medios económicos que después han de sostener los fines de la Cruz Roja: hospitales, dispensarios. ambulancias, asistencias y cuantas desgracias necesiten de su acción humanitaria. La Asamblea Local de la Cruz Roja en Requena habrá celebrado ya, cuando estas letras salgan a la luz pública, su Fiesta de la Banderita, con el excelente resultado, esperamos, que obtuvo su última cena en el restaurante San José el verano pasado. Todos sus esfuerzos ahora se hallan centrados en la pronta inauguración de un Puesto de Socorro en la confluencia de la Avenida de Nicanor Armero y la Carretera de Madrid-Valencia, que con su servicio de ambulancia, atendido por soldados de la Cruz Roja, atenderá en los, por desgracia, tan frecuentes accidentes de circulación. En el logro de este propósito han colaborado muchos centenares de requenenses, desde nuestro Ayuntamiento -que en todo momento ayuda y alienta nuestros esfuerzos- hasta el más insignificante niño que aportó su pequeño donativo con ilusión de ser útil. Como ya hemos dicho, la labor de la Cruz Roja requiere la colaboración de todos y es en beneficio de todos. Ante el dolor y la tragedia todos somos iguales y nadie puede sentirse indiferente y al margen, si puede contribuir a salvar una vida o aliviar un sufrimiento. Medita un poco lector y, HAZTE SOCIO DE LA CRUZ ROJA ESPAÑOLA. M. G. G. (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1976) |