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En la última edición de la Fiesta de la Vendimia he podido constatar que el amor por la Fiesta no está apagado ni mucho menos. Me fundo para decir esto en la magnífica idea que tuvieron los componentes de la Comisión del Barrio de la Villa de la XXV Fiesta. Fue como revivir los viejos tiempos en los cuales, con gran armonía y plena dedicación, se juntaban los vecinos de las calles para, con el esfuerzo de todos ellos, engalanar, a la manera más típica y genuina, las calles y plazuelas de nuestra querida Requena. Los compañeros que formaron dicha Comisión, al toque de sus sensibilidades, por un gran amante de la Fiesta, que todos conocéis, se volcaron, como decimos por aquí, en la estupenda labor de colaborar con la edición XXIX, adornando la Plaza de la Villa, y dando su ejemplo para veces sucesivas. No vaya dar sus nombres, todos sabéis quiénes son; pero sí diré que el espíritu que los animaba no era interesado, económicamente hablando; era, y esto lo sé bien, ciudadanía, amor por las cosas nuestras, amistad, sacrificio, hermandad... y, sobre todas las cosas, era el más limpio deseo de revitalizar lo que se está perdiendo en la Fiesta, la participación del pueblo llano en el adorno de nuestras calles, motivo de regocijo de propios y forasteros. Este popular trabajo de engalanamiento ha sido, quizás, el aliciente que más gente ha traído a presenciar nuestras Fiestas... Porque en la mente de todos perduran, frescos aún, aquellos "Juanones"..., aquellos muñecos que en su rústica expresión llevaban la pícara y socarrona sonrisa de estar de vuelta de las cosas. El tren de "vía estrecha" en una típica plaza peñera. Los "espunits" y cohetes también tuvieron su época. Aquel abanico del "Portalejo"..., los callejones del Arrabal, siempre rivalizando por superarse. En la calle del Carmen, tantos y tantos motivos..., mientras vivió allí quien ustedes y yo sabemos. Fueron sus portadas..., y aquella gran inspiración y mejor realización, las que florecían por todas las calles. De la calle del "Peso" se recuerda bien el cuadro de Gaya "La vendimia" y el fastuoso emparrado que cubría toda la calle. En todos ellos el ingenio, sobre todo en los versos que "ilustraban" las escenas, eran de tal barroquismo, que los buenos ratos que pasábamos leyéndolos hacían nuestras delicias con sus jugosos escritos. |
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En la Villa, el itinerario era delicioso. Se encadenaban las calles adornadas, en el más mágico de los recorridos festivos que jamás se pueda imaginar. Mesones y grupos de muñecos, en las escenas más insospechadas, nos hacían no perder la sonrisa, y la carcajada brotaba instantánea al descubrir un "gag" que servía de comentario por una temporada. La famosa cocinilla del "Tío Nicolás" fue, sin duda, uno de los puntos básicos que había que visitar, para festejar su nuevas y chispeantes escenas. Tantos recuerdos se acumulan sobre este tema que no caben en este corto comentario. Al escribirlo pretendo, que si remueve algo, de ese poso que todos llevamos, sentiré que este artículo, escrito con el corazón, ha servido para que Requena cobre de nuevo el esplendor y aliciente que tenía cuando sus calles se adornaban con profusión en los días en que se festeja a la VENDIMIA. Antonio Motos Domínguez (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1976) |
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