¿Ven ustedes como tan nefastos son los triunfalismos como los catastrofismos? ¿ Ven ustedes como jugar a profetas de tres al cuarto sólo conduce a tirarse alguna que otra plancha? ¡EI año es muy malo y no habrá hombres ni posibilidades económicas para llegar a la XXX Fiesta de la Vendimia!

     Como la historia demuestra, las instituciones creadas por el hombre son, generalmente, buenas, inspiradas en rectas intenciones y dirigidas a su propio bien. Pero luego son los hombres mismos, si no dan la talla, quienes lo estropean. Esta experiencia histórica es de universal aplicación a todos los sectores en que el hombre se mueve

     Y así ha ocurrido con nuestra Fiesta de la Vendimia. Las dificultades, los problemas y el planteamiento de la estrategia para su resolución, constituyen el prólogo de cada una de nuestras jornadas. ¿Habrá alguien -me pregunto a mí mismo- cuya vida discurra por el cauce fácil, aunque ciertamente no envidiable, del tedio? La vida hay que ganársela, y no sólo en el terreno económico, proponiéndose, como un reto, dominar el obstáculo que se opone a la culminación de una causa justa, bienintencionada y dirigida a añadir un sumando más al progreso humano. ¿Que la Fiesta exige un soporte económico de cierta importancia? Es cierto. ¿Que las circunstancias son este año adversas? También es cierto. Pero no lo es menos que ha bastado introducir en este comprometido empeño a esa gente suficientemente joven y suficientemente responsable que constituyen las Comisiones de la XXX Fiesta de la Vendimia, medidas con el rasero de su Presidencia, para que, con la fe impetuosa del que es capaz de arañar las piedras con tal de llevar a feliz término su causa, y con el gusanillo estimulante que Requena nos metió a todos sus hijos en el cuerpo cuando aquí nacimos, ya en estas fechas podamos esperar con optimismo no sólo una brillante celebración de la Fiesta, sino la superación de una psicosis de temor, sólo justificada al margen de la fe en la capacidad de nuestros hombres.

     Requena ha producido muchos hombres que han merecido justamente y por diversas razones renombre universal, pero, también afortunadamente, ha dispuesto con oportunidad de los hombres que ha necesitado para dejar escrita nuestra historia local, tantas veces llena de pequeñas y aun anónimas y generosas aportaciones tanto más estimables cuanto que, por su propia humildad, no aspiran siquiera a la gratitud y, mucho menos, a la fama.

     En las páginas de muchos números de EL TRULLO se ha dado cabida a la exaltación de requenenses ilustres, y merece nuestro aplauso. Desde estas líneas, en forma similar al clásico homenaje de admiración y respeto al soldado desconocido, sobre el patrón de las Comisiones de la XXX Fiesta de la Vendimia, vaya nuestro aplauso, nuestro reconocimiento y gratitud hacia todos aquellos que de uno u otro modo han aceptado escribir; aunque sea con letra menuda -todo es un problema de óptica- algún capítulo de la historia de nuestra patria chica.

 

PRAXEDES GIL-OROZCO RODA

(Publicado en El Trullo de Junio de 1977)