Desde la secana Tierra cereal de Campos, a donde un día

se llevó, prendida en su sensible retina, la apasionada

imagen de nuestra inmensa viñada, José María Fernández

Nieto tiende los hilos de su lírico plebiscito y nos invita

a una deliciosa coyunda electoral con la Naturaleza

en esta ya inminente aurora vendimial.

 

 
 

     He aquí

la libertad inmensa y luminosa

de abril,

el diálogo del aire y de la lluvia,

la propaganda verde de los trigos,

el pluralismo del aroma,

la reivindicación de los pardales,

-peones de los pájaros-

pidiendo al sol

más luz,

más alegría,

la manifestación de las estrellas

contra la dictadura de la noche,

la multitud dispersa de las nubes

que piden amnistía

para las amapolas procesadas

por el rigor de marzo,

la pacífica huelga de los surcos

exigiendo que aumenten

los salarios del agua.

 

     He aquí

la votación, sin incidentes, de los olivares,

la sobriedad desnuda

de los viñedos

que ya están programando en sus raíces

el triunfo de los vinos

en la campaña electoral de otoño.

 

     He aquí

el sufragio universal del campo,

la urna de la aurora preparada

para la inmensa votación del día.

 

     He aquí

el halcón, compromisario de las aves,

el ciervo,

enlace sindical de la ternura,

el zorro,

viejo anarquista de la paz y el orden,

el plebiscito de los grillos,

los banderines de las mariposas,

los pasquines del arco iris,

el discurso del río

a la asamblea de los choperales,

el lento aplauso de los peces,

la papeleta en blanco de los pétalos

del azahar...

 

     Y la naturaleza

presenciando, amorosa, el escrutinio

de mayo,

con la sonrisa del que ya se sabe

vencedor y elegido.

 

     Porque a pesar de las tormentas,

de las heladas imprevistas,

de los últimos fríos,

el sol,

inmenso candidato,

líder apasionado de la tierra,

y presidente electo de las flores

proclamará

desde el balcón de mayo

y ante el senado vegetal de España

el triunfo hermoso de la primavera.

 

 

José Mª FERNÁNDEZ NIETO

Palencia, Primavera de 1977

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1977)