Por la situación de privilegio que goza Requena, como puerta de dos regiones bien diferenciadas, desde el mar a la meseta o viceversa, eje de una extensa comarca, denominada «Castilla Valenciana», bien merece que intentemos en este artículo analizar las posibilidades que tiene, para exportar su imagen, primero por nosotros mismos y después por medio de los visitantes que nos honran con su visita, que al fin y al cabo sería lo más interesante, de cara al aspecto positivo de la cuestión.

     Muchas veces he acompañado a gentes de otros lugares a visitar La Villa, y siempre he escuchado, más o menos, esta frase: «Si este conjunto de maravillas, lo tuviésemos en tal o cual sitio...». Hoy que viajamos con relativa frecuencia, unas veces por motivos de trabajo y otras por vacaciones, vemos que las ciudades que visitamos velan por sus zonas de interés turístico, por su folklore, por sus monumentos y por cuanto sirva para que el viajero, a través de publicaciones y recuerdos, adquiera y coleccione las peculiaridades de la ciudad visitada, como son gastronomía, objetos de recuerdo, trajes típicos, etc., que sirven para llevarnos una agradable sensación y recuerdo de la ciudad o lugar visitado.

     Tiene Requena recursos naturales en las cercanías que no desmerecen en absoluto de otros con mucho renombre, como son: distintos parajes del Reatillo, Pantano del Buseo, Cuevas de la Pedriza, que aunque sean propiedad particular, podría estudiarse su acondicionamiento y explotación; manantiales de aguas, con determinadas propiedades; extensos pinares y zonas de arbolado, que hoy se frecuentan, para pasar el día en plan «camping». Por otro lado, la monumentalidad de La Villa, de variada arquitectura y algo no frecuente por esta zona, sus maravillosas cuevas y la red de galerías que cruzan todo el barrio, aparte de las callejas y la colección de escudos que todavía campean en lo alto de portones y arcadas, con su propia historia, no inventada, sino real y escrita. Creo sinceramente, que gracias a todo ello y a su propia categoría, mereció en su día que la definiesen y catalogaran como CONJUNTO HISTÓRICO-ARTISTICO.

     Echamos de menos en Requena una nueva edición de la Historia de la Ciudad, corregida y aumentada, como se dice; Y también, en el aspecto más comercial un libro profusamente ilustrado, o folletos que parcialmente expliquen gráficamente, lo más peculiar y típico de nuestro suelo. Esto que quizá esté escrito, incluso recopilado, pero no publicado, pues necesita unos medios económicos, que difícilmente los puede afrontar una persona en plan editorial necesita ver la luz, con el patrocinio de alguna entidad local, con más recursos económicos de los que antes refería. Me consta que hay en Requena, aparte de los que ya publicaron libros de nuestra comarca, personas que prestarían su afición fotográfica, artística y editorial al mejor logro de esto que hoy tiene tanta importancia de cara a ese visitante que quiere llevarse, en una maleta, el lugar visitado. Todo ello dirigido por la experiencia del señor Cronista y personas de probada categoría para este menester.

     En cuanto a la parte del yantar, le sobran a nuestra ciudad platos riquísimos, que no tienen que envidiar a las gastronomías de regiones más visitadas y populares, pues en el anterior TRULLO mencionábamos muchos de ellos y la posibilidad de editar un recetario, para la conservación de la tradición de nuestro pueblo en torno a la mesa, sin olvidar que los embutidos aún son perseguidos para hincarles el diente, y vemos que se agotan en las perchas de las carnicerías rápidamente.

     De los vinos se ha hablado mucho y mejor que lo haría yo, pero sí les quiero recordar que gracias al embotellado que hoy se realiza, se empiezan a conocer mucho más y su nombre se escucha con deleite -por lo menos a mí me ocurre- cuando sucede lejos de Requena. Sus variedades darían lugar a degustaciones, incluidas en visitas a las plantas embotelladoras y a su venta, sobre todo en los estuches que ya existen de los distintos tipos que se envasan.

     Recordemos que hay en Requena un Museo Arqueológico, con una cantidad y calidad en sus vitrinas dignas de un estudio, para conocer los primeros hombres que ocuparon toda nuestra comarca. Y dentro del marco que hoy ocupa hay lugar, para ampliarlo con salas destinadas al folklore y a los trajes típicos, así como otras dedicadas a los aperos de labranza, que empujados por el progreso, cayeron en desuso, así como los instrumentos que servían para elaborar y destilar nuestra riqueza, el vino.

     Miremos que se puede reproducir, por hábiles artesanos, lo que no exista, y de hecho ocurre casi en todos los lugares que se adecuan, a los aconteceres históricos, que se quieren exponer a los visitantes. y así lo valoramos cuando giramos visitas a otros sitios y nos cuentan que en tal silla o mesa se sentó un personaje, o que tal armadura la vistió tal rey o caballero en alguna batalla famosa.

     Dejando lo antiguo y natural, por ser lo más buscado y fotografiado, a un lado, demos fin a este pequeño recuerdo visitando el Monumento que ha sido el primero en rendir Homenaje a la Vendimia, sirviendo este recorrido para contemplar la amplia zona nueva de nuestra ciudad y así terminar los metros finales de la película y las últimas fotos, cerrando el recorrido turístico que acabamos de vivir.

     En fin, como toque de atención, a quien corresponda, creo que expuse algo de las muchas posibilidades que tiene nuestra Requena, de cara a su difusión y explotación hacia un turismo, tanto nacional corno extranjero, que según nos dicen, resurge nuevamente, y que no debemos dejar pasar la ocasión de tener nuestra imagen a punto, para «venderla» gráficamente, que así se la lleva el turista, al tiempo que inyectaría una fuente de ingresos de los que se resiente nuestra economía, por mor de las causas climatológicas que tanto nos han castigado.

 

A.M.D.

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1977)