Tanto las honras fúnebres como las bodas y proclamaciones reales fueron siempre celebradas en Requena con solemne fastuosidad; imprimiéndose, incluso, relaciones de todos los actos.

     De las fiestas populares que aquí se celebraron con motivo de la proclamación de Fernando VI (días 2,3 Y 4 de octubre de 1745), conocemos dos curiosas relaciones debidas a don Alonso Duque y Arana, párroco de Santa María, y al culto escribano municipal don Ginés Herrero. De la de este último damos a continuación un ligero extracto:

     Primer día.- A las cuatro de la tarde se congregaron en la plaza de la Villa las autoridades y el pueblo en masa. Tras la intervención de los clarines y timbales de la ciudad de Valencia, el alférez mayor de la villa, don Felipe A. Pacheco, nieto de don Vicente Ferrer de Plegamáns, sobre un tablado, lanzó a los cuatro vientos los gritos de ritual «<Silencio, silencio, silencio, silencio... Oíd, oíd; oíd, oíd... Requena por nuestro señor don Fernando VI, Rey de las Españas»); y entre las aclamaciones de los concurrentes, flameaba el Pendón Real que se había confeccionado para esta ceremonia. Acto seguido, las autoridades y personas principales, a caballo, con el corregidor Licenciado Moriones al frente, emprendían la marcha hacia la cuesta de las Carnicerías, precedidos de los clarines y timbales, de los alguaciles y escribanos. En la plaza del Arrabal y en la de las Monjas, profusamente adornadas, se repitió la ceremonia «de alzar el pendón», arrojándose al pueblo «mucha porción de dineros» y disparando sin interrupción «los cañones de artillería que existen en el castillo». La comitiva, seguida de numeroso público, por la fortaleza regresó a la plaza de la Villa. En la balconada de la Casa del Concejo, «bajo un solio de ricas telas, espejos y los retratos de Fernando VI y de su esposa doña Bárbara de Braganza», colocaron «el rico y peregrino Pendón con los Escudos de las Armas Rs. y desta Villa que en emulalación de otros mayores pueblos, se labró en Valencia con manidorada bordadura». Y entre constantes demostraciones «de júbilo y fidelidad», vino el toque de oraciones con nuevos disparos de artillería, volteos de campanas, iluminaciones, alegría general, «danzas y mogigangas con disfraces», hachones y candilejas encendidas, músicas «a cargo de una orquesta de instrumentos preparada». Alrededor de las nueve, dióse fuego «a un sumptuoso artificio» representando una gran fortaleza llena de jeroglíficos e inscripciones alusivas, manifestando ser su artificiero discípulo del célebre Vulcano Torija.

     Segundo día.- Corrió a cargo del Arte Mayor de la Seda, desfilando todos ellos a caballo y en parejas vestidos de «turcos y árabes con sus escuderos», ricamente ataviados; el estandarte de San Jerónimo, comparsas de «matachines» y los escudos de armas reales y de la villa. Los «matachines» se situaban «en circo» debajo de los balcones de la Casa de la Villa, ejecutando diversas contradanzas y piruetas que repitieron luego en las plazas del Arrabal y de las Monjas. Tras el toque de oraciones, tronó el cañón y se prendió fuego «a otro sumptuoso artificio».

     Tercer día.- Por la noche hubieron iluminaciones y repiques de campanas, cañonazos y desfile de los del gremio de sastres, a caballo y en parejas, con su estandarte y el retrato de su Patrona Santa Lucía, precedidos de clarines y timbales, danzantes y torneos «que dieron placer al gusto».

     De la relación que escribió don Alonso Duque tomamos la siguiente ampliación: «hubo fiesta de ocho toros muy valientes y un capeo que lució mucho, así como por la innumerable gente del lugar y forastera que hubo como por la asistencia de los clarineros de Valencia, y no sucedió en estas fiestas, que duraron nueve días, desgracia ni riña alguna».

     Con respecto al Pendón Real que ilustra este breve comentario, diremos que costó 1.574 reales (el jornal agrícola de entonces era de unos cuatro reales). Su arboladura remataba «con la estrella, llave y yugo en nogal».

     Recordaremos que este estandarte estuvo presente en las proclamaciones de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII; siendo retirado de la circulación al sustituirse el escudo tradicional de la antigua villa por el escudo liberal de la ciudad. Fue redescubierto pocos días antes de la visita que hicieron a nuestra Requena Sus Majestades don Juan Carlos y doña Sofía el 1.° de diciembre de 1976.

El Cronista de la Ciudad

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1977)