No voy a descubrir nada nuevo porque todos los que hemos nacido en esta tierra experimentamos la alegría, la ilusión y los desvelos que supone generación tras generación la viña, sus uvas y su vino.

     El carácter de un pueblo viene influenciado por su geografía y su dedicación; la nuestra ha sido, es y confiamos en que siga siendo la del cultivo de la vid (primordialmente). La Vid es un arbusto que sobrevive a una generación, y desde que se planta hasta que comienza a dar sus primeros frutos pasan cuatro años, y después, en el curso de cada año hay que pasar por la esperanza de que llueva y el temor a las heladas, el mildeu y el pedrisco, y cuando al cabo del mismo tenemos la suerte de coger una buena cosecha, entonces no compensa el precio que se vende el vino; sin embargo, a pesar de ello y a pesar de que cada cuatro cosechas solemos recoger solamente tres, seguimos cultivando la viña, y es que para nosotros el valor afectivo del vino es muy superior al real, porque para obtenerlo hay que poner toda la fe, ilusión, constancia y sacrificio de que es capaz el ser humano.

     Por eso nuestro carácter está influenciado de estas premisas, y cuando acometemos cualquier empresa lo hacemos de esta manera, conscientes de que no hay marcha atrás, que hay que seguir adelante hasta el final.

     Se han dicho infinidad de cosas sobre el vino resaltando sus virtudes, pero la más sublime la dijo Jesús al consagrarlo en la comunión, y es que "el vino, es vida", vida en constante evolución que pasa por su juventud, plenitud y decrecimiento. Decrecimiento si no se vuelve a mezclar con otro más joven y algo así ocurre con nuestra Fiesta, que sigue en plena juventud después de 31 años de su nacimiento, gracias a la inyección cada año de gente  joven, a ese grupo de requenenses que, partiendo de cero, con su constancia, su voluntad y la ayuda de los demás, consigue culminar la Fiesta que es expresión de un pueblo que ensalza y justifica la importancia de sus vinos.

     Nuestro vino, el de nuestra comarca, ha estado mucho tiempo sin nombre y apellidos; siempre ha ido a reforzar, dar color y mejorar otros vinos de España y el extranjero. Creo que la etapa de dar a conocer nuestro vino, con su verdadera identidad, ha comenzado ya, al iniciar nuestras Cooperativas su embotellado, con todas las garantías que la moderna tecnología nos depara, y su presentación en sociedad es un hecho; un hecho que me produce una gran satisfacción, ya que desde hace 15 años que me ilustré un poco sobre esta ciencia del vino y descubrí los prodigios del nuestro, he esperado con impaciencia que esto fuese una realidad.

     Las posibilidades que tenemos con nuestros vinos son muy amplias, dado sus peculiaridades más acusadas, como son: color "rubí", armonía, equilibrio, frescura y frutosidad. Con las variedades especiales de vides que se están recuperando en la zona conseguimos unos vinos añejados en roble, extraordinarios; los zumos de uva naturales ensayados son de incomparable sabor, color frutosidad y frescura, y se pueden conseguir unos espumosos rosados que pueden estar en línea con los mejores.

     Al servicio de estas inquietudes y nuestro vino está la Fiesta de la Vendimia, y todo lo que hagamos por ensalzarla y engrandecerla lo hacemos por nuestro vino y por nuestro pueblo; por eso os pido a todos los requenenses y al decir requenenses no me refiero solamente a los que vivimos en el casco urbano, sino también a todos los requenenses del elenco de aldeas que constituyen este pueblo, y el que viva fuera, que aportéis vuestro granito de arena en favor de esta causa tan noble que es nuestro vino y nuestra fiesta.

 

F. LÓPEZ

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1977)