Son evidentes las razones que tuvo Requena, junto con los restantes municipios de su comarca, para incorporarse, voluntariamente, a la región valenciana. Desde la proximidad geográfica (70 kilómetros, frente a 140) que la inducía a pasar de Cuenca a Valencia, hasta la conveniencia económica y social de buscar "su salida al mar". Desde la necesidad de establecer una comunicación por ferrocarril (la línea a Cuenca tardó mucho más en conseguirse), hasta las ventajas de unirse a una provincia abierta, dinámica y progresiva.

     Pero este hecho, que nadie discute, presenta otro aspecto, considerado desde el punto de vista de Valencia. Este reino, que había sido reconquistado, fundamentalmente, gracias al esfuerzo aragonés y catalán, y que ya tenía una personalidad fuertemente enraizada en los siglos anteriores, fue reconocido, desde el primer momento, por el Rey Don Jaime, como una entidad con instituciones propias, distintas a las del reino aragonés y a las de los condados catalanes.

    Así, el Reino de Valencia contó (fuertemente apoyado en una situación histórica, muy anterior a la Reconquista), con zonas de habla valenciana y zonas de habla castellana, que reproducían, en cierto modo, la dualidad existente más al norte, en Aragón y Cataluña. El bilingüismo valenciano existió siempre, y junto con el carácter hospitalario de sus gentes, a la bondad del clima y a la fertilidad de sus tierras, contribuyó, en gran medida, a la fuerte inmigración que hizo, en poco tiempo, de nuestro Reino, el primero, en riqueza y en habitantes, dentro de la Corona de Aragón.

     Los valencianos de habla castellana no fueron nunca menospreciados por sus hermanos de lengua valenciana, sino considerados como miembros muy valiosos de una unidad bilingüe. Incluso, algunas de sus comarcas, pudieron considerarse, con toda justicia, como "más valencianas que ninguna", porque fueron reconquistadas en primer lugar, adelantándose, con ello, por algún tiempo, a su incorporación al mundo cristiano y europeo.

     Valencia contó, desde sus comienzos, con ciudades castellano-parlantes tan representativas como Segorbe u Orihuela, por citar sólo dos ejemplos característicos. La primera, sede episcopal y cabeza de un ducado que alcanzó extraordinaria importancia en los tiempos medievales; la segunda, también cabeza de obispado, antigua capital de un ducado independiente y sede en la organización foral valenciana, de una de sus cuatro "provincias" (aunque no se utilizase tal denominación en su época).

     Fechas más recientes han ido conformando el auge industrial de Elda, capital del calzado en nuestra nación. E incorporaciones de época moderna han enriquecido a la región con ciudades como Villena y Requena, de fuerte personalidad en la historia española, durante siglos.

     Aun sin tener en cuenta la gran masa de habitantes, de habla castellana, existente en Valencia-capital, es indudable que las comarcas de esta lengua, existentes en el territorio valenciano, constituyen una porción, sin cuyo concurso no se comprendería la existencia de una personalidad valenciana completa.

     Algunos ejemplos europeos pueden servir de ilustración. Una Bélgica valona habría sido, hace mucho tiempo, absorbida por Francia, si no existiera el contrapeso de la Bélgica flamenca. Del mismo modo, una Suiza germánica habría pasado a engrosar el territorio alemán, de no contar con el equilibrio que le proporciona la Suiza "romande", de habla francesa.

     Es lógico pensar que una Valencia exclusivamente "valenciana" (en su idioma) habría experimentado la influencia absorbente de sus vecinos del norte, de lengua distinta, pero fuertemente emparentada con el valenciano. La existencia de una Valencia "castellana", al mismo tiempo que ha enriquecido el pensamiento, la literatura y el carácter de nuestra región, ha fortalecido el sentimiento de independencia, frente a las influencias exteriores.

     Desde otro punto de vista, es indudable que la denominación de "lengua castellana" tiende a establecer un criterio de diferenciación, frente a otros idiomas, como el valenciano, el gallego o el catalán. Pero esta denominación, que todos aceptamos, debe interpretarse como un modo de entendernos, sin que ello signifique, necesariamente, que se trata de la lengua de Castilla, de modo exclusivo.

     Nuestras comarcas occidentales pueden considerarse, sin caer en error, como de lengua aragonesa, castellana o murciana, según las zonas a que nos refiramos. Y si empleamos el término "castellano" es para facilitar, con una palabra única, el entendimiento de lo que estamos describiendo.

     De modo semejante, la designación de "lengua valenciana" es una manera de definir este idioma, que todos aceptamos como válida, por razones de orden práctico. Pero, realmente, tan valenciana es la lengua que llamamos "castellana" como la que denominamos "valenciana". Ambas han sido utilizadas por nuestro pueblo, desde que se descompuso el latín, dando origen a las lenguas romances.

     Lo que sí es evidente es que, dentro de la Valencia castellana, Requena constituye, si no la ciudad más poblada, ni la más rica, sí la más característica, por su situación central y por las razones históricas que han contribuido a forjar su personalidad. Y puede, en justicia, ser considerada por ello como la "capital de la Valencia castellana".

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1978)