La Fiesta de la Vendimia va a cumplir el próximo agosto su XXXI edición. Yo muchas veces me he preguntado: ¿Cuántos años durará la Fiesta? ¿Hasta qué año llegará a celebrarse? Creo sinceramente que aún le queda cuerda para rato, cosa que me alegraría al igual que a la inmensa mayoría de los requenenses.

     Puestos a imaginar, supongamos que, por ejemplo, en el año 2501 aún se celebrara. Y digo este año porque el 2001, además de que está ya muy explotado, lo veo muy cercano, relativamente, ya que lo que intento imaginar es una Fiesta de la Vendimia después de varios siglos. La mente se me pierde intentando lo imposible, ver en el futuro; pero ya que esto no es posible, no me queda más remedio que imaginar, y la imagino así:

     La elección del presidente se hará por computadora, eligiéndose el más idóneo, una vez introducidos en ella los datos pertinentes; este presidente ya no tendrá problemas económicos, ya que habrá establecido una fuente de ingresos segura y eficaz para financiar los gastos que se precisen para la edición número 554 de la Fiesta. Una vez elegido el presidente, la computadora vendimial elegirá también los más perfectos presidentes de barrio y comisionados, de esos que acuden todos cuando hay que trabajar y no cuando hay "lunch"; a la vez, por el mismo procedimiento elegirá las Reinas y damas entre las más guapas, simpáticas y alegres chicas de que disponga la cantera en el momento.

     Para los días de la Fiesta se habrá programado por la máquina controladora del tiempo artificial, unos días radiantes de sol, pero sin excesivo calor.

     El pregón se hará desde un sofisticado vehículo en suspensión, propulsado por energía atómica e iluminado por isótopos fosforescentes, en lugar de a caballo, animal que estará a punto de extinguirse por carecer de utilidad para el hombre, aunque aún podrá verse alguno en los parques zoológicos.

     La presentación de las Reinas y damas se hará en un amplio local de que dispondrá ya la Fiesta de su propiedad, y que además de local social servirá también para otros menesteres, como bailes, centro cultural, etc. El mantenedor será ameno y no vendrá "Nuestro pequeño Mundo".

     La vendimia de las primeras uvas será hecha, como cosa excepcional, a mano por la comisión y damas, y las uvas de unos 10 kilos de peso (las más pequeñas), gracias a los avanzados sistemas de cultivo de la época, serán trasladadas al Monumento Nacional a la Vendimia, donde serán introducidas en una máquina instalada a tal efecto, que fabricará las primeras píldoras de vino del año que serán consumidas durante los días de la Fiesta en el monumento y en las distintas calles del pueblo gratuitamente. Habrá varios "robots" antropoides que cortarán la ración automáticamente a todo aquel que detecten que lleva dosis de más.

     La Noche del Vino se dedicará cada año a una Galaxia diferente, y a ella acudirán sus respectivos representantes, los cuales, desde su vehículo espacial, aparcado en la Plaza de la Villa perfectamente iluminada con luz Fotoatómica, nos deleitarán con sus extrañas y lejanas danzas espaciales, mientras que los asistentes, que abarrotarán la Plaza y calles adyacentes, degustarán bocadillos de longaniza y morcilla liofilizadas, así como otros platos típicos desecados y proteinizados, bien acompañados de sendas píldoras del mejor vino de la tierra.

     La cabalgata se hará en carrozas espaciales desgravitadas, propulsadas por neutrones inofensivos e ionizados y saldrá a la hora en punto programada, en la cual se tirarán confetis inadherentes a la ropa y pelo y autodesintegrables, para evitar molestias a los asistentes, así como serpentinas de ida y vuelta de material plástico, con lo cual se conseguirá un considerable ahorro de ellas, así como evitar trabajo a las máquinas succionadoras limpiacalles.

     El castillo de fuegos artificiales será una combinación de luces Lasser con moléculas lanzadas al aire por retropropulsión, de diferentes colores, que combinadas en el aire darán un espectáculo sumamente bello. Este castillo no se hará en Godella.

     Una vez con los pies en el suelo y guardando la abismal distancia, sólo me queda decir que a Julio Verne, en su tiempo, también le llamaron soñador.

A. M. García

 

 

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1978)