|
|
||
|
|
Cualquier agricultor de la comarca sabe perfectamente que las viñas pueden dejar de producir por un ataque de plaga o enfermedad. También sabe que, para no tener Mildiu ni Oidium, debe mojar bien las cepas en su momento oportuno y con un producto adecuado. Y no ignora la existencia de unas plagas que añadiendo un insecticida a las primeras sulfatadas, puede controlarlas bien. Pero hay más. Aparte de esas plagas y enfermedades que todo viticultor conoce, hay otras que, por menos conocidas y porque el causante de la enfermedad es un virus, son mucho más temibles. Muchas veces se comenta el que cada año salen enfermedades nuevas, y no es cierto del todo; pero sí es una verdad indiscutible el que están apareciendo enfermedades que no conocíamos, pero que «ya estaban». Este caso se da por dos razones fundamentales: el viticultor pregunta más que antes cuando ve algo raro en sus viñas, y aprende; y, por otro lado, con el transporte se están difundiendo enfermedades que estaban localizadas en determinadas comarcas. Uno de los más graves problemas sanitarios que tienen los cultivos son las alteraciones producidas por los virus, pues prácticamente no se pueden curar. En la viña, la principal enfermedad causada por estos parásitos es la conocida como DEGENERACIÓN INFECCIOSA DE LA VID. La Degeneración infecciosa, también conocida como «Entrenudo Corto», es consecuencia de la presencia en la planta de distintos virus; siendo los síntomas diferentes, según la estirpe de virus que ataque. Los síntomas más característicos y conocidos son los siguientes: Acortamiento e irregularidad de los entrenudos (Tercios). Seno basal de las hojas muy abierto. Dientes de los bordes de la hoja muy acusados. Proliferación anormal de rayuelos. Nudos dobles (una yema al Iado opuesto de la otra en el mismo nudo). Bifurcación de sarmientos (sale un rayuelo en la parte opuesta a la yema). Aspecto de hortiga en las hojas (parecidas a la deformación producida por el herbicida 2,4-D). Engrosamiento y encogimiento de los nervios. Anillos cloróticos en las hojas, distintos según el virus causante (Tipo reticulado, Tipo maculado, Tipo difuso, Tipo amarillo total, etc.); un detalle que distingue este amarilleo con la clorosis (blanquillo) es que, en la clorosis los nervios de la hoja quedan verdes y amarillea el centro; aquí es al contrario, el comienzo del amarilleo es precisamente en los nervios. Todos estos síntomas será difícil verlos reunidos en una cepa, pero al ver alguno, la cepa comenzará a perder vigor y presentará aspecto arrepollado. La transmisión de esta enfermedad de unas cepas a otras se produce principalmente: - Por las picaduras que realiza en las raíces de la vid el nematodo (gusano) Xiphinema index. Un solo bicho de estos puede contaminar una cepa, pues puede transportar en su boca unos 20 virus, y ser portador de ellos durante un mes. - Por el injerto. Si cogemos sarmientos para injertar de una cepa enferma, las cepas que injertamos con esas púas crecerán ya contaminadas, y su vida será muy corta. Vistas las formas de transmisión y las características del causante de la enfermedad, los medios de lucha que el viticultor puede emplear contra ella son: - Contra el Xiphinema, dejar descansar la tierra, entre el arranque y nueva plantación, por lo menos 5 años, sembrando cereales si es posible. También pueden realizarse tratamientos al suelo con productos nematicidas, aunque en la viña-secano no se tienen experiencias muy significativas. - En el injerto. En este medio de lucha puede estar el que se puedan, o no, mejorar las viñas, y va a depender casi exclusivamente del viticultor.Decíamos más arriba que, al coger un sarmiento para injertar, si la cepa madre estaba enferma, sin ninguna duda estará también la hija, y como hoy no se conoce la forma de curar una cepa en el campo, la lucha contra la enfermedad habremos de enfocarla mediante una rigurosa SELECCIÓN de cepas sanas, de las que se irán cogiendo sarmientos para injertar. -Esta selección no será fácil ni rápida, pero no es imposible: El viticultor deberá, desde este momento, comenzar a marcarse en cada viña las cepas más frondosas y que frutean más regularmente, para coger de ellas los sarmientos. El que usted, viticultor, no conozca muy bien a esas cepas enfermas, de las que NUNCA deberá coger sarmientos para injertar, no le asuste, pues en Requena tiene el Servicio de Extensión Agraria y a la Estación Enológica que pueden orientarle. Y, no lo dude, entre todos podemos, y debemos, comenzar a mejorar las viñas.
MARIO SIERRA CARRASCOSA Agente de Extensión Agraria
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1978) |
|