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Alentados por esta sugestiva idea y cumpliendo el Mandato, pretendemos adentrarnos en el conocimiento de la Institución que bajo este lema: HACIA UN MUNDO MEJOR, hace posible en la medida de toda su dimensión, al igual que otras instituciones con fines humanitarios, que ese mundo nuestro tan lleno de dolor, de conflictos originados por los grandes cambios políticos, económicos, sociales y técnicos que presenciamos a través de los tiempos, presente también la imagen de ese otro mundo que quiere preocuparse, que de verdad se preocupa desinteresadamente de aminorar, ya que no lo puede evitar totalmente como sería su deseo, ese dolor, ese sufrimiento, ese desequilibrio de la vida producido por el movimiento constante de nuestro progreso y de nuestras ambiciones también. Esta misión altruista es la que de forma voluntaria y desinteresada viene ejerciendo la Cruz Roja, tanto de derecho como de hecho, desde su fundación, cuyos orígenes se remontan al año 1859, cuando Henrí Dunant (Juan Enríque Dunant), publicista y filántropo suizo, Premio Nobel de la Paz (1828-1910), atraviesa Lombardía, región italiana dominada a la sazón por los austriacos y que como consecuencia de la guerra que éstos sostenían con los franceses y con los italianos, que pretendían recobrar la independencia total del suelo patrio, aparecía devastada. Tras la famosa y cruenta batalla sostenida en Solferino (pueblecito de Italia en la provincia de Mantua, famosa por su Ducado), fue firmada la paz en julio de 1859 en la ciudad de Villafranca di Verona (Verona-ltalia), entre los emperadores Napoleón III de Francia y Francisco José I de Austria, recobrando Italia su región lombarda cuando era regida por Víctor Manuel II. Pues bien, cuando Juan Enrique Dunant llegó a Solferino, después de concluida la sangrienta batalla entre austriacos y franceses (éstos ayudando a los italianos), comprobó, con horror, que miles de soldados heridos se encontraban abandonados a su suerte sin recibir ninguna clase de asistencia y condenados, por tanto, a una muerte segura tras soportar horribles sufrimientos. La impresión recibida por Juan Enrique Dunant ante esta visión dantesca de la guerra que acababa de tener lugar y el sentimiento de su amor al prójimo, produjo en él la inmediata reacción de improvisar allí mismo, en aquel momento, una acción de socorro, valiéndose de los medios a su alcance. ¡Y puede tanto el hombre cuando de verdad ama al prójimo...! Puede tanto que, como en el caso de Juan Enrique Dunant, además de socorrerlos en la medida de sus fuerzas humanas hace sonar la alarma en la conciencia de todos y transmite al mundo el mensaje que conmueve las fibras sensibles de la caridad a través de su libro "Recuerdo de Solferino", en el cual apunta ya, entre otras medidas de ayuda, la necesidad de crear "socorredores" y lograr la neutralidad de éstos en el campo de batalla. Surge así el primer "Comité Internacional de Socorro a los Heridos", compuesto por cuatro ciudadanos ginebrinos: Moynier, el General Dufour y los doctores Appia y Maunior; Comité éste que se convierte en breve tiempo en el C. l. C. R. (Comité Internacional de la Cruz Roja) y que convoca su Primera Conferencia Internacional en 1864, en la que participan doce Estados, llegando a conclusiones y resultados tangibles: convenios para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña, que son asistidos y curados sin distinción, cualquiera que sea el campo a que pertenezcan; y respeto para el personal, material e instalaciones sanitarias, que se identifican de forma clara mediante un signo distintivo: CRUZ ROJA sobre fondo blanco (inversión de los colores de la bandera suiza: cruz blanca sobre fondo rojo). Ha nacido, pues, la CRUZ ROJA bajo el lema "In hoc signo salus" (La salvación en esta señal); y con la CRUZ ROJA nace el DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO, cuyos principios se aprueban en el Primer Convenio de Ginebra, firmado en 1864. A España, sobre la que por aquellos tiempos pesaba la leyenda negra de ser un país belicoso y en decadencia, le cabe el honor y, cómo no, el orgullo también, de ser uno de los primeros países que se adhiere a los humanitarios fines de la CRUZ ROJA INTERNACIONAL, fundándose su propia Institución nacional en marzo-julio de 1864 por la Ínclita y Soberana Orden de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta), poniéndola bajo la advocación de la Santísima Virgen Maria en su denominación de Inmaculada Concepción y bajo el patrocinio de Santiago Apóstol y de San Juan Bautista. En ese mismo año de 1864, el 5 de diciembre, ratificaba España el Primer Convenio Internacional para "el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña". En Requena, también está presente ya la CRUZ ROJA. De su instalación, fines y servicios hablaremos en próximos artículos. Hasta entonces y siempre, amigos, tomemos conciencia de que por el "amor al prójimo" ayudamos y nos ayudan a caminar hacia un mundo mejor.
B. Jiménez ZabaIlos Requena, 1978
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1978) |
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