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Si cualquier tiempo pasado fue mejor, según reza el refrán, hora es de que se vayan haciendo méritos para que esta discutida leyenda se caiga, o la desterremos de nuestros tópicos, en aras de que nuestra labor actual sea positiva y realista a la hora de ir configurando el entorno y las circunstancias que a cada uno de nosotros nos toca vivir cada día. La gente cree, por regla general, que en todas las comunidades -entiéndase ciudades- tienen que haber ciertas personas que son piezas obligadas en cualquier manifestación que se celebre. ¿Qué tal va la cosa? Preguntan... ya sea fiesta, deporte, cultura, religión, etc., y es que nos viene muy bien que haya gente siempre dispuesta para hacer algo en favor de su pueblo, y que una cosa que empieza por convicción se va convirtiendo en obligación. Grata obligación, mientras se hace con las ilusiones propias del iniciado en tareas altruistas y, sobre todo, idealizadas. Pero esto no sería malo si la cosa fuera por los cauces normales de convivencia; luego las cañas se tornan lanzas, cuando en vez de apoyo y aliento convecinal, reciben como pago y sin pasar factura, las críticas, a veces muy duras, que sólo sirven para que esos hombres o mujeres se «encierren» en su casa y se dediquen a lo que les gusta, dentro de su entorno familiar, olvidándose poco a poco de que afuera sigue existiendo el mundo, y asomándose a él, cuando olvida lo antes descrito o como mero espectador. De esta manera se ha creado su propio divertimento y no teme a ser criticado. Conocemos hombres y nombres que fueron en su tiempo cimientos, pilares y hasta tejados de «obras», que van sumando años en sus celebraciones. Pero aquí sí se tiene que aplicar el refrán al que aludía al principio, pues espíritu de sacrificio y deseo de colaborar en «cosas» de y para Requena, sólo se da en determinadas personas bien detectadas por el pueblo; mas un colectivo como al que me refiero (y que está en la mente de todos) no se ha dado después y desde que ellos se marcharon por el foro o cayó lentamente el telón, como en las muchas representaciones teatrales que tan frecuentemente hacían. |
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Pero no sólo «ellos». Hubo otros grupos que mantuvieron el tipo durante unos años y luego, por las razones mencionadas o la falta de apoyos morales y de los otros, se retiraron a sus propios quehaceres, aportando sólo esporádicamente su «pimienta» a algunos «guisos», pero de forma tan aislada que sus participaciones se han diluido casi totalmente. Pintadas callejeras piden fiestas populares. Pero que nos las hagan. O los de siempre, o quienes quieran, pero que nos las hagan. Luego, si no son de nuestro gusto o nos parecen que no son populares, pues se critican y en paz. De no haber vivido la Fiesta por dentro, por citar una actividad, ¿quién se ha parado a pensar en los presupuestos, en la forma y manera de cubrirlos, en las relaciones públicas que hay que tener para poder hacer una fiesta digna, en la coordinación de todo el personal que la compone, en las programaciones, en las bandas de música, en tantos y tantos palillos que hay que tocar para que todo quede lo mejor atado en cada edición; en los vecinos, que más que ayuda, a veces tiene que ser la propia Fiesta acicate para que se muevan y cooperen? Para los que han vivido la Fiesta, seguimos con ella y saben de palabras cumplidas y de muchos sacrificios sin esperar recompensas, lo poco que cuesta, o así lo creo yo, que con un poco de reconocimiento a la semilla y labor realizada, que germinaron en muchos corazones, dando pie a lo que hoy conocemos y disfrutamos, con el nombre de Fiesta de la Vendimia. Analizar dónde fallamos, en lo anterior escrito, sería largo y muy complejo para estas páginas, pero sería interesante recordar a los que en los comienzos dieron lo que llevaban dentro de sí, de una forma que llegó a cimas tan altas, que sólo con el reconocimiento y homenaje del pueblo les corresponderíamos de forma sencilla, pero afectiva. Y deseemos que estas reflexiones sin doble intención y sin deseo de que nadie, en concreto, se dé por aludido, nos hagan colaborar más y criticar menos a los que cada año o en cualquier ocasión hacen algo por nuestra ciudad y son pequeños o grandes protagonistas en difundir lo nuestro hacia el futuro. TONY (Publicado en El Trullo de Agosto de 1978) |