A la memoria de don Paco Sánchez Roda, un

hombre bueno que amó a su pueblo y a su Fiesta.

 

    

     Con el expirar de los últimos rescoldos de lo que fue Fuente del Vino de la Fiesta de la Vendimia, y el suave resbalar de húmedas lágrimas, que por las son rosadas y juveniles mejillas de las reinas y damas de turno han brotado, como queriendo entonar un emocionado adiós, se ha puesto fin a otra edición más de la Fiesta, la cual, como sus antecesoras, ha tratado de implantar un paréntesis de ilusión y alegría en estos tiempos de fatigas, incomprensiones, crisis, y toda una amplia gama similar de agentes diversos que durante todo el año tienen la facultad de someter al individuo a una continua y angustiosa tensión, de la cual le es imprescindible librarse aunque sólo sea por el corto período que tienen de duración unas fiestas ciudadanas.

     Para los hombres y mujeres que han tenido que vivir la Fiesta desde dentro, ésta ha significado algo más que su asistencia y participación en los distintos y variados actos y festejos que se ofrecían en los cuatro días de duración del ciclo festeril. Para ellos ha sido todo un año de continuo ajetreo, trabajo, ilusiones, angustias -sobre todo económicas-, alegrías, sinsabores y nuevas experiencias. Todas estas emociones podríamos encerrarlas en un solo recipiente, el recipiente de la CONVIVENCIA.

     Ni que decir tiene que la nave de la Fiesta (y esto lo sabemos muy bien los que nos hemos embarcado alguna vez en ella), se haría muy difícil de llevar en óptimas condiciones a su difícil puerto a, no ser por el enorme entusiasmo con que acometen las distintas tareas, en una labor de conjunto perfectamente compenetrado, las damas y comisionados competentes de las distintas comisiones, los cuales tienen la graciosa habilidad natural de convertir la más ingrata tarea en fuente de diversión y caudal de entusiasmo, aunque, todo hay que decirlo, bajo la severa y un poco represiva mirada del oficial de turno, el cual ejercita su papel de moderador, a fin de que la diversión no olvide que es tarea y se transforme en desmadre.

     A modo de anécdota, la cual viene a cuento en consonancia con lo que aquí estamos comentando, recuerdo con cierta nostalgia que en mis tiempos de comisionado, allá por la XVIII edición de la Fiesta, fuimos nominados cuatro miembros por cada uno de los barrios a fin de marchar al monte a proveerse de un camión de romeros, los cuales se precisaban para complementar la ornamentación de la piscina municipal, toda vez que ésta había de ser la sede donde se celebrarían los espectáculos de baile durante las fiestas.

     Pues bien, pese a no habernos acostado la noche anterior la mayoría de nosotros, ya que, la partida fue a las 4'30 de la mañana y nos encontrábamos en feria, la presuntamente molesta tarea se convirtió, debido al embrujo mágico de nuestra alegría juvenil, en la más divertida de las aventuras, toda vez que, a efectos de alternar convenientemente la juerga con la efectividad en el trabajo, se nos ocurrió organizar unas carreras desde lo alto del monte hasta el camión, cargados con los pesados fardos de ramajes, los cuales, para dar una idea más o menos aproximada de su respetable volumen, habrá que decir que, vistos desde una distancia prudencial, parecían enormes esferas verdes que se desplazaban en solitario ladera abajo, debido a que el elemento humano que las transportaba no podía divisarse como consecuencia de quedar completamente oculto por la gran cantidad de arbustos que había de transportar en sus sufridas espaldas.

     De esta forma, entre carrera y carrera, se hizo la hora del regreso a la ciudad, a la cual tornábamos alegres y satisfechos, tras haber dado buena cuenta de unos suculentos bollos, los cuales habíamos provisto acompañados de su correspondiente vino de la tierra, a fin de reponer las fuerzas perdidas.

     Durante todo el año son numerosísimas las anécdotas que como la que anteriormente hemos mencionado se producen en la Fiesta. La preparación de la Cabalgata de Reyes, la venta de los TRULLOS, la organización de las tradicionales verbenas populares, la traída del pino de Navidades..., son tareas en las que se alternan y complementan la diversión y el trabajo, que al ir realizándose etapa tras etapa, casi sin darse cuenta, damas y comisionados se ven transportados hasta la noche del primer domingo de septiembre, en la cual, y con la satisfacción del deber cumplido, buscan con la mirada extraviada entre los coloreados y Ilameantes cartones que habían configurado momentos antes la denominada Fuente del Vino de la Fiesta, el recuerdo de aquellas tareas, aquellos divertidos trabajos que han venido realizando durante todo un año y que hoy parecen consumirse nostálgicamente junto con el iris de las carcasas, contrastando a un tiempo su estrepitoso colorido con el negror azabache del nocturno cielo.

     Pero la Fiesta no acaba aquí, dentro de pocos días nuevas damas y comisionados vendrán a ocupar los puestos que por ley de renovación han sido dejados vacantes por sus antecesores. Llegarán con nuevos bríos, con renovadas ilusiones a hacer posible, con la alegre realización de sus tareas, que la Fiesta siga siendo la Fiesta, que su personalidad siga siendo la misma, y que el secreto de todo ello no esté en otro sitio sino en la plena entrega de sus hombres y mujeres al logro de un objetivo común: LA CONVIVENCIA.

 

JULIÁN SÁNCHEZ

 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1978)