Las viñas establecidas en la comarca de Requena-Utiel han pasado por una experiencia de la que no existen antecedentes; al menos, en el período a que alcanzan los datos disponibles.

     Tres años consecutivos de mala cosecha constituyen algo realmente excepcional.

     1976 respondió a causas muy claramente definidas: ataque muy violento de mildiu; fuerte pedrisco; o ambas circunstancias a la vez.

     1977 mostró una clorosis de características muy especiales que, evidentemente, no podían ser atribuidas a la caliza del terreno, sino al agotamiento experimentado por las plantas en la temporada anterior. La falta de reservas y especialmente de potasio impidió a las cepas alcanzar un desarrollo vegetativo y una fructificación normales.

    1978 ha sufrido las consecuencias de los dos años anteriores. Las plantas no pudieron elaborar una cosecha normal, aunque sí fueron capaces de normalizar su evolución vegetativa.

     Puesto que la uva se forma, en su estado inicial, en la temporada anterior a aquella en que aparece, es lógico contar con una cosecha suficiente para 1979, salvo, como siempre, las condiciones meteorológicas del año.

     En estas condiciones parece aconsejable indicar algunas orientaciones de cara a la nueva campaña vitícola.

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     PODA. - Ante un organismo vegetal que ha sufrido daños muy graves, no es procedente exigirle una cosecha elevada, sino más bien podar prudentemente, pensando sobre todo en la vida futura del viñedo.

     ABONADO. - Por las mismas razones, debe aplicarse una fertilización superior a la normal; y con un reforzamiento del fósforo y el potasio. Un complejo del tipo 8 - 16 - 24 parece acertado. Cifras fáciles de recordar, puesto que corresponden, proporcionalmente, a un nitrógeno, dos fosfóricos y tres potasas.

     LABOREO. - Debe ser esmerado, tratando con ello de mejorar las condiciones del terreno y ayudar, de este modo, a la normalización de la vida de la planta.

     TRATAMIENTOS. - Puesto que los daños sufridos en los años anteriores han sido, en gran parte, motivados por el mildiu y la clorosis, procede prevenir ambas alteraciones:

     Mildiu. - Conviene preparar los planes de campaña, contando con que serán necesarios, como mínimo, tres tratamientos contra esta enfermedad. Y recordar que la primavera es la estación más peligrosa en la zona.

     Clorosis. - Lo más aconsejable es la poda, más bien temprana, seguida inmediatamente por el mojado de los cortes con una solución de sulfato de hierro al 25 por 100; o con productos diversos a base de hierro. En el abonado puede también adicionarse un cuarto de kilo por cepa, procurando efectuar esto a la salida del invierno.

     Puede parecer, a primera vista, un contrasentido el consejo de extremar el cultivo, cuando se han padecido tres años consecutivos económicamente deficientes. Podría pensarse en que se trata de una idea de imposible realización. Sin embargo, es lo lógico y natural.

     Si se tratase de organismos animales, ningún ganadero seguiría la norma de reducir la alimentación o los cuidados por el hecho de que su ganado hubiese sufrido una enfermedad o alteración, que le hubiese debilitado notablemente. La pérdida de producción durante un cierto período no sería motivo justificativo para aplicar "restricciones", que sólo conducirían al agotamiento total de sus animales.

     Las plantas presentan unas circunstancias semejantes, aunque no tan visibles porque parte de su organismo se encuentra bajo tierra; y además influye en ellas, notablemente, la climatología del año y las condiciones naturales del terreno.

     Los vegetales no muestran, tan claramente como los animales, su estado de salud; ni reaccionan con la misma rapidez a los cuidados recibidos. Sin embargo, la situación, fundamentalmente, es similar.

     Otro hecho es digno de ser tenido en cuenta:

     Las condiciones meteorológicas han sido de una anormalidad destacable, durante los años 1977 y 1978. Especialmente las primaveras, más frías y duras de lo habitual.

     Esto se superpone a las circunstancias que hemos citado antes, dificultando la observación de los dos períodos de referencia y complicando el estudio de la situación.

     Si en 1979 se presentase otra primavera "desigual", sus efectos repercutirían, naturalmente, sobre la cosecha de ese año; pero no darían lugar, probablemente, a una baja tan considerable como las últimamente registradas, puesto que las cepas estarán ya en condiciones de defenderse, como es normal en ellas, ante circunstancias climatológicas adversas.

     Lo que sí parece aconsejable es extremar las precauciones, en cuanto sea posible, para prevenir eventuales bajas tardías de temperatura, en los meses de mayo y junio, evitando la labranza en los períodos más peligrosos y reforzando (precisamente para fortalecer las cepas contra el frío) la fertilización fosfo-potásica.

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1978)