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El virginal regazo de tu Valencia nueva; donde Castilla araña las recomidas piedras, guarda el acta de siglos donde escribes un secreto de vinos y leyendas.
Secreto que se alienta por tus tranquilas calles, tus silenciosos muros, tus empinadas cuestas, donde los pies retumban sobre el timbal sonoro de un corazón que late perdido en las bodegas, de un corazón que se oye bajo el asfalto y truena, con ecos que se rompen por las altas almenas, como pólvora líquida que estalla, en anuncio de un parto que se estrena. Porque ya las tinajas se debaten con la fiebre penúltima que llega, en presagio del vino que les nace soñando en prodigarse a manos llenas; y con gesto amoroso -ya en la cuna materna- ¡da gracias a ese Dios que le permite, ver la luz en el vientre de Requena!
Donde las uvas cantan, donde el racimo tiembla con la emoción final de la vendimia, camino ya del trullo y de las prensas, donde deje el orujo y se le exprima y pase a ser el mosto que se vierta en ánforas, en cubas, en barriles, en bocas dilatadas y contentas de recibir el líquido tesoro que dentro de sus panzas se fermenta. ¡Para ser luego el vino que se brinde en las copas y un día se regale con clamores de fiesta!
¡Renovado milagro! ¡Ejemplo vendimial, página excelsa! de un libro que se escribe con sueños labradores, con la constante entrega, del sudor en los surcos, de la piel en las glebas, del trabajo en las viñas... de la sangre en las cepas...
Labradores que viven con el alma cautiva esperando en silencio las ansiadas cosechas; y el sudor y la sangre que destilan sus venas, ¡son colores que tienen los vinos de Requena!
Vinos como el fuego, como la llama altiva, como ese sol que alumbra con su antorcha postrera, son tintos, rosas, claros, son secos y agridulces lo mismo que tu tierra. Vinos que van brotando sobre tu pecho ardiente,vinos que en lo profundo de tus entrañas ciegas van tejiendo sabores de sustancias añejas. Vino que en la solera de tus antiguos barrios, por los altos balcones, las estrechas callejas se disputa el aroma del clavel y el geranio -las guirnaldas que prenden de tus muchas macetas-
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¡Vino para el viajero que en busca de belleza, escogió este retablo de la Valencia nueva! y quiso descubrir el gran secreto que asciende por la roca en que te elevas, esa historia que ciñe tu cintura y el profundo misterio de tus cuevas. Quiso filtrarse allí donde tu nombre, escrito en las gacetas que un diario plasmado con el vino sin plumas, sin imprentas, lanza al aire un periódico de glorias con las letras pintadas de "Requena". Su título es de viñas y racimos, de surcos que se extienden por las vegas, de sílabas que afirman, cantan, dicen: que en tu cuerpo de vid y sementera, nació el amor común a la labranza que tu alma de cosechas tiene el don comunal, el don sencillo que aumenta tu grandeza.
¡Porque el secreto es dar como un regalo espléndido de fiesta! ese vino que grita como un loco que rezuma pasión mientras espera su deseo más íntimo de darse, de correr y correr de vena en vena, para dar siempre y mas y todavía, para aumentarse más en cada entrega. Saltar de boca en boca, como un ligero barco que navega a lomos de Levante por las lejanas tierras, llevando de equipaje el nombre escrito, grabado en las esquelas del reposado vientre que custodia el licor de las botellas. Para que después de que el sabor inunde las gargantas del mundo que lo beban, puedan leer el rótulo que dice: ¡Es vino de Requena... de la Valencia nueva!
De la Requena humilde que en amorosa gesta, va saciando de vino, va pagando en ofrendas -con el júbilo inmenso de los que saben darse- ¡el honor de ser cuna del vino de Valencia! Que así como se ofrecen las medallas a los héroes que luchan y se entregan, ¡así puso Valencia en tus blasones! la gloria de ser cuna, de ser cepa que al mundo le regale su líquida moneda, esa suma de vino con que pagas la deuda de la fama en que te elevas, ¡porque el vino más regio de Levante se escribe con el nombre de REQUENA!
MARÍA DOLORES GRAO FERNÁNDEZ |