UNA POSIBLE FIESTA DE LA VENDIMIA

 

 

     Me invitan a que escriba algo para EL TRULLO. Dicen que se intenta crear una página en esta revista llamada «Habla Requena», o así. Pienso que hacía falta algo parecido y acepto, encantado, la invitación.

     Ignoro la posible continuidad de esta sección, así como el contenido que pueda llegar a poseer.

     Yo, por mi parte, voy a hablarles de una posible Fiesta de la Vendimia:

     «Era marzo y, desde septiembre, se sabía constituida la XYZ Fiesta de la Vendimia. Hasta entonces, como es natural, el pueblo de Requena ignoraba los proyectos y ambiciones de estas comisiones. El invierno transcurría dentro de la monotonía habitual y nada parecía presagiar ninguna alteración en el curso de los acontecimientos.

     La XYZ organizó, como todos los años, algún baile en Navidades, la Cabalgata de Reyes -tan decisiva para aquellos niños que están a punto de descubrir la triste realidad-, e, incluso se había colocado el tradicional pino en el centro del paseo de la Avenida, justo frente a la Fuente de los Patos, ombligo de Requena.

     Eran ya cuatro meses de rodaje y al terminar las fiestas navideñas, una vez que Requena había cobrado de nuevo su ritmo, se celebró una nueva reunión de los componentes de la XYZ Fiesta de la Vendimia. Fue tensa y decisiva. Se tomaron determinaciones trascendentales. Todos fueron conscientes del papel que iban a jugar. Esto les hizo fuertes en su decisión.

     El pueblo de Requena seguía, entre tanto, tan de espaldas a la Fiesta como lo había estado hasta ahora. Todos seguían confiados en que el milagro, que hasta el año anterior se había producido, se presentara de nuevo.

     De enero a marzo nadie notó nada especial, pero en este mes Requena no acudió a la tradicional Cabalgata del Reino. Era la primera vez desde hacía muchos años. Realmente, los valencianos no nos echaron de menos; yeso que siempre repartíamos bollos y vino en cantidad. Al fin y al cabo, como dicen ellos: «Ah, pero ¿qué Requena está en Valencia?».

     Pero sigamos, si les parece, con nuestra XYZ Fiesta de la Vendimia.

     El verano llegó a Requena y ésta se repobló como siempre. Los residentes habituales notaron este incremento de población. Se volvieron a ver las caras de todos los años y la Avenida se convirtió en el centro de reunión que ha sido siempre.

     Faltaba poco para las fiestas y se empezaba a notar algo extraño.

     Salió a la calle el tradicional número de verano de EL TRULLO y en su interior, aparte de los artículos y poesías de rigor, las fotografías de los comisionados infantiles.

     Esto tranquilizó, en parte, la inquietud latente en el pueblo. Todo seguía su curso. Pensaron.

     Llegaron las fiestas y, con ellas, el cartel anunciador y el programa.

     Esto sí que fue definitivo.

     El cartel era un pliego hecho a imprenta -eso sí, a dos colores- en el que se decía cuándo comenzaban y terminaban las fiestas, y, en letra muy pequeña, que éstas estaban declaradas de interés turístico. Fue repartido a todos los comercios y centros oficiales de Requena.

 

     El programa eran tres hojas tiradas a multicopista, y en ellas aparecía todo lo que la XYZ Fiesta de la Vendimia había organizado.

     Ninguna fotografía ni alarde tipográfico adornaban estos documentos.

     Pronto comenzaron a oírse las primeras voces. Muchos se sintieron ofendidos por esto, pero los que años antes habían pertenecido a la Fiesta creyeron comprender lo que estaba sucediendo.

     Las fiestas se celebraron. La gente tuvo mucho de qué hablar. Y hablaron. No hace falta decir la cantidad de versiones que salieron. No obstante, los de la XYZ Fiesta de la Vendimia estaban decididos. Ni una sola palabra aclaratoria salía de ellos. Parecían de piedra.

     Las fiestas terminaron y...

     No hubo Certamen Literario ni Flor Natural.

     Fueron disparadas tracas en lugar de fuegos artificiales. El señor Brunchú se quedó en Godella.

     Se adornaron algunas calles, pero por iniciativa de los vecinos, ya que no había premios.

     En la presentación de la Reina Central se repartió un ramo de flores a cada Reina de Barrio. A las damas sólo la banda. En la primera parte de dicho acto actuó un desconocido grupo de baile. La entrada fue gratuita y esto hizo que no tuviera la brillantez de otras ediciones.

     No hubo atracciones en el pabellón polideportivo. Eso sí, todas las noches había baile gratuito en la Fuente de los Patos.

     Cada tramo de la Avenida tenía tres tiras de bombillas y una bandera por árbol.

     No hubo fuente permanente de vino. Sólo un puesto de degustación gratuita.

     En la noche del Vino no pudimos contar con la compañía de los representantes de alguna ciudad hermana en las tareas vitivinícolas.

     La Banda de Música de Requena fue la única que amenizó la Cabalgata. No pudieron ser contratadas las cuatro o cinco que, generalmente, nos acompañan.

     Nuestras iglesias y monumentos no fueron iluminados.

     Eso, y algunas cosillas más, fue lo que constituyó la XYZ Fiesta de la Vendimia.

     Naturalmente, a estas alturas, las críticas, versiones, dimes y diretes, estaban en su punto álgido.

     Todo se aclaró cuando el Presidente de la XYZ Fiesta de la Vendimia se decidió a hablar. Habló y...

     Todo tenía una explicación muy simple.

     En aquella reunión que se celebró nada más terminar las Navidades habían decidido, ya cansados de sufrir y pedir, el hacer unas fiestas con el dinero que el pueblo había pagado para ellas.»

     Lo que acaban de leer es un cuento. Un mal sueño si se quiere. Pero, ¿quién dice que algún día no llegue a suceder?

 

R. ESTEVE

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1979)