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En los albores de la presente primavera, cuando la naturaleza, con su eterna poesía, se despereza de su sueño invernal, un requenense de pro, un hombre bueno y cordial que, con su perseverante esfuerzo destacó como entusiasta profesional de la enseñanza, como dibujante y calígrafo de excepción, como poeta de altos vuelos, pasó a mejor vida. Nos referimos a don Julián Espinosa García, maestro nacional jubilado, fallecido en Valencia el 21 de marzo último. Ante los restos mortales de nuestro entrañable y admirado amigo recordábamos emocionados a otros ya desaparecidos, protagonistas de ilusiones y entusiasmos artísticos ofrendados a la ciudad amada, hace la friolera de más de medio siglo. ¡Cuán pocos quedamos de aquellas románticas empresas! El compañero Espinosa García poseía una acusada personalidad, ennoblecida desde sus años mozos por innatas cualidades y por sus ansias de perfección. Desde la escuela sembró a manos llenas la buena semilla; pero fue en Hellín donde, durante largos años, dejó pro fundas huellas de sus saberes, de sus maravillosos recursos artísticos.A este respecto recordaremos que la prensa nacional divulgó con admiración las proezas de Espinosa como pendolista, pues no pueden calificarse de otra forma los insólitos hechos de escribir el Padrenuestro en un grano de arroz y el texto íntegro de la Constitución de la II República española en un simple papel de fumar. Algo increíble. |
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Hace unos meses tuvo la gentileza de remitirme, con expresiva dedicatoria, un cuaderno colmado de versos y dibujos originales. Su título: «Algunos recuerdos», entre cuyas composiciones menudean nostalgias y tristes presentimientos «El último camino», «El abuelo y el majuelo», «Camposanto de recuerdos» «¡Aquella Requena!»...). Veamos el titulado «Callejón de Segura»:
Veinte, treinta... ¡Cuántos años soñando siempre, Señor! Pero allí rondé, soñando, tres hijos que Dios me dio. En efecto: en el hogar Espinosa-Iborra florecieron tres hijos: el psiquiatra doctor Julián Espinosa, el profesor José Luis Espinosa y el ginecólogo doctor Vicente Espinosa. A su afligida viuda doña Ascensión Iborra Martínez, a sus hijos y a sus familiares, con fraternal emoción, les reiteramos nuestra sincera condolencia.
Rafael Bernabeu (Publicado en El Trullo de Junio de 1980) |