Desde cualquier tecla que pulsemos del copioso anecdotario requenense brotan, como por arte de magia, temas insospechados; temas que, como el presente, pródigo en piadosos resplandores, nos ofrece abundantes materiales de evidente relación eclesial.

     He aquí algunos frutos de tan singular cosecha: Topónimos de templos, vías urbanas y otros parajes conocidísimos: El Salvador, San Nicolás, Santa María, El Carmen, San Sebastián, San Francisco, San José, San Julián Mártir, el Santo Ángel, el Santísimo Cristo del Amparo, Nuestra Señora de los Desamparados (desapareció la fuentecilla de Caracuesta), San Agustín (la antiquísima ermita fue demolida en 1814), Casa de Santa Teresa, puente de Santa Cruz o de las Ollerías (la ermita contigua desapareció en 1809), Nuestra Señora de los Dolores (grupo de viviendas), San Cayetano, San BIas, Purísima, Rosario, Encarnación...

     Topónimos referidos a aldeas y otros parajes del término: San Antonio (su ermita, hoy templo parroquial, fue bendecida en 1444), San Juan de la Vega, Santa Eufemia (Casas de Eufemia), Santa Bárbara (partida al norte de Barrio Arroyo), Santa Ana (al sur del Rebollar) , San BIas (con una ermita que fundó en 1792 , don Alonso Valentín Ferrer de Plegamáns), Santa Catalina (doña Catalina Pedrón de Espejo reformó en 1628 la antigua ermita de San Marcos y la dedicó a Santa Catalina), San Juan Evangelista (en la partida de Lázaro, donde en 1694 levantó una ermita don Juan Enríquez de Navarra), San Miguel (en el Puente del Catalán, con una ermita edificada en 1662 a expensas de don Gonzalo Fernández, de Vich) , San Gregorio (junto a las casas de Galve y Carrascosa, con una ermita que data de 1742), Las Cruces (Vía Crucis en la subida a San Francisco, construido en 1712 con las limosnas que reunió Fr. José de Sariñena; demolido durante la primera guerra carlista y construido luego en la explanada del cementerio)...

     Topónimos de olvidadas devociones: Nuestra Señora de la Soterraña (el callejón del Burdel o de la Fuentezuela de los Frailes llevó el nombre de nuestra primitiva patrona, al igual que lo lleva una cueva próxima al Atrafal), San Jerónimo (así se denominó la Casa del Arte Mayor de la Seda, en la plazuela del Pozo), Nuestra Señora del Pópulo (venerada en una capillita que hubo Debajo de los Huertos, al pie de la desaparecida cuesta de Fargalla), Nuestra Señora de Gracia (en la Loma existió un antiquísimo ermitorio sobre el que se erigió en 1569 el convento de San Francisco), San Antonio Abad (así se denominaba la Casa de la Almazara o de los Colmeneros, que dio origen en el siglo XV a los Callejones del Arrabal), Hospital del Dulce Nombre de Jesús o del Niño Perdido (estuvo en la calle del Carmen, frente a la posada del conde de Ibangrande, trasladándose a San Francisco en 1851) ...

     Asimismo, recordaremos que al perfilarse la carretera de las Cabrillas algunas de las nuevas calles de su travesía fueron rotuladas con nombres de algunos miembros de la familia real (San Carlos, San Luis, San Fernando).

     Sobre los dichos populares «emparentados» con el tema veamos algunos de uso más o menos generalizado:

     «San Juan cayó en viernes y agua nevaba». «Hasta San Antón, Pascuas son», «Aquí siempre hubieron más Dolores que Remedios». «¡Angelitos, al cielo!». «Hombre gordo y fraile finco...», «¡Mucho campaneo!» (cuando fallecía alguna persona importante). «Tajás como catecismos y nada de discursos ni mentiras.» «¡Trailo, trailo, trailo al cielo!» «San Francisco está en la Loma, las Monjas en el Portal, San Sebastián en las Peñas y en la cuesta San Julián.» «Pa la Virgen de Agosto pintan las uvas y pa la de Septiembre ya están maduras.» «¡No verá altar con tantas luces!» «Todos los santos tienen su octava.» «Nuestro Señor aprieta, pero no ahoga.» «¡Por dentro va la procesión.» «Quedó más limpio que una patena.» «¡Está haciendo los frailes!» (agonizando). «Pa San Andrés, mata tu res.» «Los dineros del Sacristán.» «¡Agua, Virgen del Remedio...!» «Se casó por detrás de la iglesia.» «¡Menudo pie de altar tiene!» «Tiene la conciencia más negra quel pendón de la Vera Cruz.»

     Dentro de esta línea refranera hay frases de contenido un tanto irreverente, como: «Ese es capaz de comerse un entierro cabildo...» «Confía en Dios y no corras!» «¡Tiene un Santo Cristo en el paladar!» (afortunado). «Lo que le dijo Nuestro Señor a Longinos...» «Es de la Virgen del puño» «Donde Cristo perdió el gorro.» «San Juan de la bellota...» (juego infantil). «Ya vienen los Reyes por el Batanejo...» (villancico). «¡Por no escalabrar al santo!» «A ése lo bautizaron con agua de zaque.» «¡Hizo un pan como unas hostias!» «Tiene el santo de espaldas.» «¡Una perra gorda a San Julián...!»

     Nuestros antepasados no se andaban por las ramas a la hora de bautizar personas y lugares con motes de relación eclesial.

     Entre los topónimos: El Clérigo (paraje situado al este del Rebollar) , Capellanía (al norte de la Cornudilla), Arcipreste (casa de labor no lejos del Rebollar), La Portera (antigua heredad que en 1650 pertenecía a una religiosa del convento de San José), El Cabildo (cerca de Casas de Eufemia), Las Monjas (al sur del coto de Manglano), Casas del Cura (edificadas en 1660 por don Joaquín de Valencia, párroco de Santa María, quien sufragó la erección de una ermita en este lugar y otra en «la» Juan Vich), La Beata (al norte de Casas de Eufemia), Las Beatas (huertas inmediatas a las eras de Juan Celda), El Santo ( al suroeste de Hortunas), La Santa (cueva próxima a Villar de Salas, en cuya casa de labor vivió la venerable Apolonia Sánchez, fallecida en santa opinión en 1621), Los Ángeles y Los Angelitos (junto al río Magro, no lejos de Jabonero), Las Almas (en la falda meridional de la sierra del Tejo), El Purgatorio (entre los Sardineros y Casas de Caballero), Balsas del Purgatorio (en el camino de San BIas), Cerro de la Hostia (en la carretera de Albacete) ... Culmina esta relación con dos ejemplares únicos en la toponimia hispana: Roma y Turquía (aldea y caserío de la vega requenense, cuyos nombres parecen aludir a legendarias luchas entre moros y cristianos).

    Entre los apodos: Fraile, Matafrailes, Monjero, Sacristán, Corona, Campanero, Curilla..., María Santísima, Purísima, San BIas..., El Santillo (así se apodaba cierto Cristóbal Pardo, mozo del parador del Portal en 1825), Las Virgencillas (tres "mujercetas" que no se dejaban octava ni novena, y que figuraban en una relación de socorridos por la familia Fernández Arcas hace un par de siglos) . .. Reservamos para el final dos apodos sorprendentes: Cristo (incluso con una versión "en color") y... ¡Dios!, nada menos que Dios; apodo este que, hoy como ayer, ostenta una familia requenense; hija, como todos los mortales, del mismo Ser Supremo; si bien, dicha familia lo es por partida doble.

 

EL CRONISTA DE LA CIUDAD

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1980)