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| Requena es una ciudad nombrada. El reconocimiento de su nombre, el fundamento de su fama, lo debe a las muchas creaciones que ha llevado a cabo a lo largo de los dilatados siglos de su historia; a los acontecimientos que protagonizara o de los que fuere testigo, desde los tiempos de su remota fundación hasta los presentes. Pero, también, al nacimiento en el suelo requenense de unas gentes que se distinguieron en los más variados campos de la actividad humana, y que Requena, agradecida, ha sabido recordar y enaltecer. Este es el caso de un hijo benemérito de Requena: el pintor Elías García Martínez, al que su patria le dedicó una calle, el cronista Bernabeu lo incluyó en su Historia de Requena, entre los personajes relevantes y se le rindió un homenaje en la Fiesta de la Vendimia del pasado año. Además, los requenenses guardan su memoria porque son conocedores de algunos de sus cuadros, principalmente los que existen en Requena y porque en la Galería de Retratos de la Casa Ayuntamiento figura el suyo, realizado por su hijo, el también pintor Julio García Condoy -2ª medalla nacional- y hermano del gran escultor Honorio; ambos nacidos, con otros hijos, en Zaragoza, donde don Elías casó con doña Juliana Condoy, fue profesor de la zaragozana Escuela de Artes y Oficios y allí vivió mucho tiempo. Artista fecundo, la obra del pintor requenense es muy abundante. Ante ello y siendo admirador de todo cuanto salió de sus pinceles, aparte de otras razones de tipo afectivo, me atrevo a considerar y ofrecer a sus paisanos el comentario y valoración de sus pinturas. Me pregunto sobre la posibilidad de una exposición monográfica de don Elías, y hasta de la consecución, con carácter permanente, de una pinacoteca requenense, en la que con las principales obras de este artista se admirasen las de otros que ahora me vienen a la memoria, como Martínez Checa, Morencos, Masiá, Domingo y cuantos fueren. Como ubicación, alguna de las bellas casonas nobiliarias que enriquecen el casco urbano de Requena. Mas limitando ahora el deseo, me parece sería bueno y daría satisfacción a propios y extraños el tratar de recoger, aunque sólo fuera en reproducción fotográfica, un conjunto expresivo de los cuadros de don Elías, para constituir un libro que podía llevar como título el de este breve y modesto artículo, u otro más idóneo, y que así agrupare y divulgase su ingente obra. Porque, tratando de justificar el ampuloso calificativo, puedo decir y me consta que son muy numerosas las obras de este pintor, el cual se complacía, aparte de los lienzos, en la ejecución de acuarelas, pinturas murales, óleos en tabla, cobres, cartones, azulejos, con una rica temática que iba desde la composición de ambientes de otros tiempos, como el del Arco del Ovejero, con figuras moriscas, muy prodigadas, a las de animales y flores -muy característico suyo y reproducido el gallo-, con los retratos, paisajes urbanos y rurales, escenas de típicas costumbres y bodegones. Muy buenas obras suyas son las religiosas, entre las que he visto Dolorosas y Ecce-Homos de bellísima factura, alguna de las cuales se ha podido creer como excelentes pinturas anónimas de mayor antigüedad. La obra de don Elías está muy repartida, hallándose en Madrid, Zaragoza, Valencia, Requena, Utiel, Turís, y puede decirse que en todo lugar por donde él pasara. Sé que algunas obras suyas se han perdido como los lienzos que decoraban el portal de la casa nº 13 de la plaza de Aragón, en Zaragoza, con «las plantas más sugestivas y los pájaros más caprichosos», al decir de F. Olivan Bayle, en un artículo publicado en «El Heraldo de Aragón», en «Recuerdo de Honorio García Condoy y su estirpe», y que yo tuve aún ocasión de admirar y de tratar de conseguir sin éxito, antes de que se derribara el susodicho inmueble. Ante este peligro del que han sido víctima, y pueden serIo aún otras de sus obras, me parece más conveniente aún el conseguir la publicación del antedicho libro, dedicado al pintor don Elías García. No es muy fácil la tarea, pero con ilusionado trabajo -y no faltaría quien lo acometiese- podría darse cima a lo que personalmente estimo había de ser gran satisfacción para los paisanos y para todos los admiradores de la obra de este buen pintor requenense.
José Martínez Órtiz (Publicado en El Trullo de Agosto de 1980) |
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