La palabra «galípano» es muy corriente en Requena. Generalmente se llama «galípano» o simplemente «gali» a aquel vecino que, procedente de cualquier aldea o caserío requenense, ha fijado su domicilio eventual o permanentemente en el casco ciudadano de Requena.

     ¿Quién inventó esta palabreja? ¿A quién se le ocurrió por primera vez esta denominación? ¿Sabía aquella persona el significado, sentido o acepción de este término desusado? ¿Lo introdujo en son de mofa, en plan de simple broma, o con ánimo de herir a quien, abandonando sus lares aldeanos buscando ambientes más propicios y civilizados, vino a sentar su limpia raíz rural en la capitalidad requenense?

     Ignoramos la procedencia del vocablo; como también ignoramos el sentido que se quiso o pretendió dar. No obstante, y a título de curiosidad, exponemos nuestra humilde opinión, tras una investigación minuciosa, tanto del significado de la palabra como de su generalizada acepción en Requena.

     Vaya por delante que no hemos podido encontrar la palabra «galípano» en ningún diccionario, enciclopedia, ni libro alguno.

     Ni en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, ni en el Diccionario de Autores, ni en la Enciclopedia Espasa -el sumun de nuestra terminología- se halla incluido el vocablo en cuestión. Únicamente, y curiosamente, aparece el término «galipa» en la última edición del Diccionario Enciclopédico Salvat, y lo hace lacónicamente así:

     GALlPA f. And. Hambre.-Que quiere decir nombre sustantivo en femenino.

     Andalucismo, que significa hambre. O más concretamente, un término usado en Andalucía parecido o sinónimo a «gazuza» o «ganas de comer». Simplemente «hambre». -Luego, con ello ya tenemos el significado del vocablo «galípano»: adjetivo derivado de «galipa»; es decir, «hambriento».

     Y una vez con el significado preciso, advertimos que hay varias clases de hambre: una, en su sentido literal y material que todos conocemos y a veces hemos sentido; otras, en sentido figurado: hambre de saber y conocer; hambre de justicia. Los dos últimos conceptos, de tipo espiritual, que conciernen a nuestra inteligencia y a nuestro deseo del bien común.

     Si se aplicó en el primero de los sentidos, suponemos que no se haría con ánimo de zaherir ni de tachar de hambrientos a quienes vinieron generalmente más a dar que a recibir bienes materiales. Pues si hacemos un recorrido por nuestra población, observamos la existencia de muchos vecinos de raíz aldeana -pero tan requenenses como el nacido a la sombra de la Fortaleza- que han aportado más de «un grano de arena» a la economía de nuestra ciudad; dígalo, si no, la mayor parte del ahorro de cualquier Entidad bancaria o Cooperativa.

     Si se aplicó en el sentido de hambriento de saberes y conocimientos intelectuales -cosa que dudamos-, aquí sí que pudo darse «en el clavo», pues, en efecto, su afán de mejora de vida, su acercamiento a los centros educativos requenenses en beneficio de sus hijos, su interés por ilustrarse, de conocer otro mundo y otro ambiente menos rutinario y menos falto de comodidades, la búsqueda de remedios más cercanos, etc., les impulsaron a vivir en medios más dotados y civilizados. Y buena prueba de ello es que supieron aprovechar sus afanes aun a costa de grandes sacrificios económicos; queda demostrado esto con la pléyade de hombres y mujeres que, tras seguir enseñanzas en nuestros centros, hoy son médicos, abogados, licenciados, maestros, técnicos, ingenieros, especialistas, etc.; o, en el peor de los casos, obreros y trabajadores dignos y honrados como el que más presuma de hondo requenismo.

     Porque la tercera acepción: hambriento de justicia, no es privativo de nadie; ello se da en todos los estamentos sociales, en todas las procedencias, en cualquier condición, sexo, credo, raza, nacionalidad, etc. Y sin olvidar que «tener hambre y sed de justicia» es una de las bienaventuranzas que aquel HOMBRE-DIOS, JESUCRISTO, pregonó en su doctrina, prometiendo la mayor hartura celestial para aquellos que la practicaran.

     Y para terminar, como suponemos únicamente que el término se empleó y generalizó en plan de broma inofensiva, ¡bendito sea el inventor de esta palabra, al que todos los galípanos requenenses reconocen el mérito y la buena intención! Si vive, que viva muchos años; y si ha muerto, que Dios lo tenga en su seno.

 

F. YEVES DESCALZO

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1980)