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En más de una ocasión habrá usted sintonizado alguna emisora en su receptor de radio, y sin duda se habrá quejado para sus adentros de la mala señal que recibe su aparato, hasta el punto de convertir la audición en una simple sucesión de alucinantes y esquizoides zumbidos que rozarían lo paranoico si diésemos volumen al receptor. Lo que nos salva es que nos limitamos a tener la radio como a esa compañera, locuaz y parlanchina como ninguna, pero a la que nunca hacemos demasiado caso, simplemente está ahí, mientras nos afeitamos, trabajamos e incluso nos acostamos con ella en la misma cama. ¿Por qué se oye tan mal?, pues ni más ni menos que debido a la lejanía de los centros emisores, y a la accidentada orografía que nos rodea. Estoy seguro que también habrá sentido usted añoranza. Recuerdos imborrables de aquellos programas de discos dedicados (en el día de su boda, su cumpleaños, o su primera comunión), de aquella serie de estampas requenenses o de aquellos buenos días que nos daban Emilia Toledo, Adelaida Haya, etc. ¡Qué tiempos! Usted también pensará el por qué no funciona aquella maravilla que se llamaba Radio Requena, el por qué no emite de nuevo. Tal cosa, aunque nos pese, sería imposible.. ya no queda nada de todo aquel material, la desidia y el abandono han hecho un montón de trastos inútiles. |
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Pero no se desanime, porque voy a intentar hacerle ver que el volver a sintonizar Radio Requena no es una quimera absurda y descabellada. Hoy la radiodifusión ha alcanzado un boom que ni los más optimistas soñaban. Claro que las cosas han cambiado, las emisoras de OM (onda media) están perdiendo fuerza ante el arrollador empuje de la FM que ofrece una fidelidad absoluta, la posibilidad del stereo, la poca rigidez de sus emisiones, ausencia casi total de interferencias, además de ser el costo de estas emisoras, se mire por donde se mire, un precio barato. Como contrapartida se encuentra el poco alcance de estas emisoras, pero esta cuestión deja de tener importancia cuando lo que tratamos de hacer es una emisora eminentemente local. En Italia, asústense ustedes, no hay pueblo con diez mil habitantes o incluso menos que no se aprecie de tener su propia emisora; ¿no se lo cree?, pregunte y verá. Aquí en España no se ha producido este boom de las emisoras, simplemente porque ha habido una serie de trabas legales que lo han impedido. Pero he aquí que se ha levantado la veda y ahora todo son facilidades para la instalación de esta clase de emisoras. Vamos a ver si cazamos una. Es muy fácil. FINANCIACION. Pequeñas acciones de 1.000 pesetas, que podría suscribir cualquier ciudadano; de esta manera todos seríamos un poco propietarios, sería nuestra emisora. A algunas entidades, llámese Ayuntamiento, se les permitiría una mayor participación, para eso es-nuestro. Asimismo, la Caja Rural, como entidad depositaria de nuestros ahorros y con presupuestos de carácter benéfico, también debería de ayudarnos, y si vamos a darle un enfoque eminentemente comarcal, pues debíamos de darle un toque agrícola. ¿Dónde está el IRYDA? Lo que se pretende es que nadie pueda controlar por el peso económico de su aportación la línea independiente y liberal que debiera de seguir la emisora. MANTENIMIENTO y PROGRAMACIÓN. Prácticamente un aficionado puede manejar una emisora de este tipo, en cuanto a cuestiones técnicas. Un jefe de programación sería el único personal fijo de esta emisora (en plantilla); él coordinaría programas, grabaciones y las aportaciones voluntarias que no faltarían, sobre todo en cuanto a programación musical, etc. ALCANCE. Serían unos 30 Km., con lo que prácticamente cubre toda la comarca, y las horas de emisión, en un principio, debieran de ser pocas e incluso no sujetas a un horario estricto. PUBLICIDAD. Pues más bien poca, cuanto menos mejor; la justa para pagar la luz, comprar discos y materiales de grabación, pagarle al coordinador jefe de programación, etc. ¿Que cuánto costaría montar todo este tinglao? Pues unos tres millones de pesetas. Con este dinero usted ya podría oír: "Aquí RADIO REQUENA FM, emitiendo en stereo en una frecuencia de nosecuantos megaciclos..."; después vendría la música y la magia de la radio. Es fácil, ¿a que sí? JOSÉ SIERRA (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1980) |