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I AL VITICULTOR
De las vides, Goliat enamorado, que haces versos rimados con las hilas, y en tu paciente espera te destilas en el rudo alambique del sembrado.
Tu vida de por vida has empeñado al ámbar y a los rojos que perfilas, y en vocación de amores aniquilas ese amor de tu amor bien heredado.
El sarmiento frutal besa tu mano cuando tientas la pulpa del racimo que alcanzará a ser vino en el verano.
Si te ganó David algún combate, yo pienso que esperar no será en vano que ganes tú algún día el desempate.
II AL CARRO DE LABOR
Despertador del sol cada mañana, tus varas hacia el aire estrenan día como una imprecación de algarabía que pide por la viña y la besana.
Ofreces, con la fe y la mejorana, sonrisas y organdí en la romería, y canta salmos en la lejanía la espiga que en tu cuna se desgrana.
El tiempo, embalsamado en tus varales, se cuenta en padrenuestros y en cosechas y eres paisaje vivo en los trigales.
Y ya en tu cuenta atrás te dejas hechas, junto a tus cuentas justas y cabales, tus carriladas hondas y derechas.
III A LA MULA DE LABRANZA
Percherón e impulso de esta tierra mía; fecundo bruto que infecundo vives y en el vientre del suelo siempre escribes los renglones sin fin de cada día.
Tu músculo se sume en la porfía por la paja y el vino que recibes y das tu aliento al campo y supervives, y ésta es tu irracional sabiduría.
Madrigal de gitanos en el trato cuando la lengua, diestra, se desata para urgir, amañado, tu retrato.
Tu belleza animal, tasada en plata, te redime del gris anonimato, humillante y plural. de la reata.
Tres impulsos distintos y entrañables que informan una misma ejecutoria. Tres eternos principios venerables que, para nuestro orgullo y nuestra gloria, son las primeras tintas imborrables con que el hombre escribió su larga historia |
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| (Publicado en El Trullo de Diciembre de 1980) |
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