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| No es un secreto para nadie que las ciudades acaban agobiando a cualquiera; los días se repiten uno detrás de otro, llenos de rutina, y no crean que estoy hablando solamente de las grandes urbes; también una ciudad como la nuestra puede, a pesar de no ser un núcleo de población excesivamente grande, llegar a convertirse en algo tedioso y aburrido para todos aquellos que permanecemos en ella durante todo el año. De ahí que los domingos, y especialmente los de este tiempo de verano, todo el mundo intenta salir un poco de lo normal y se marcha hacia los alrededores, buscando un poco de paz, algo diferente, en suma, que lo libere un poco de la tensión acumulada durante la semana. Lo normal en estos casos es irse a Chera, darse un baño en el Buseo y comerse una buena paella. Puede ser que usted tenga un chaletito por los alrededores, con piscina, paelleros, etc. En ese caso su desplazamiento no será muy largo y en las cercanías de la población podrá disfrutar de un día en familia agradable, banal y distendido. Pero hay personas a las que esto les sabe a poco; en el Buseo cualquier día no hay agua para todos; te puede tocar la lotería y pasarte un potente fuera borda por encima de la cabeza o, en un espasmo natatorio, pegarte un trago, no de agua, sino del aceite que sueltan estos motores. Lo normal es que haga cola antes de poder asarse sus chuletas o guisarse su paella. En definitiva, lo que antes era un paraíso natural se ha convertido en una reunión típica de domingueros esforzados; ya saben a lo que me refiero, esa imagen tan popular en los años sesenta, el seiscientos, el botijo, la tortilla que se llena de hormigas, la nevera portátil y, para los más pudientes, esas sillas y mesas plegables que nos hacen sentirnos "como en nuestra propia casa", y pensar que de eso es precisamente de lo que queríamos huir. La urbanización también tiene sus "cosiIlas", se puede encontrar usted a algún incipiente Fangio derrapando en las curvas o, ya oscurecido, creer que se encuentra usted en un observatorio astronómico, dada la cantidad de vehículos que a esas horas se acercan a contemplar la luna y las estrellas (se supone) en la más absoluta intimidad. La verdad es que cabe dentro de lo posible que al lado del coche donde te encuentras haya tres o cuatro más rodeándote, aunque por ahora no se tienen noticias de que las "conclusiones", si es que las hay, se hayan puesto en común en alguna ocasión. La ciencia lo pierde, de eso no hay duda.Fuera de bromas, para los amantes de emociones fuertes, para todos aquellos que de verdad buscan algo distinto de lo rutinario, Requena ofrece un montón de alternativas, entre las cuales alguna será de su agrado. Modestamente, con este artículo no pretendo menospreciar a nadie, cada uno es libre de emplear su tiempo libre como quiera, bastante obligado va uno entre semana, simplemente quisiera mostrarles algunas excursiones posibles en nuestra zona por si algún día decide cambiar de estilo.
A) CUEVA HERMOSA PANTANO DE EMBARCADEROS A 25 kilómetros de Requena, y en dirección a Cofrentes, se encuentra el embalse de embarcaderos; por la pista que se dirige a la presa surge una desviación a la izquierda, pasando un pequeño puente que se levanta sobre el barranco que viene de "la casa el cura". A unos cinco kilómetros, siguiendo este camino, que es accesible a cualquier vehículo, se encuentra una pequeña casa con aljibe, desde donde surge una senda que en quince minutos lo pondrá en la puerta de la cueva más grande de la provincia de Valencia. Cueva Hermosa es, por su situación, enclavada en unos cintos de caliza majestuosa que acogen a un pequeño afluente del Júcar, una de las visiones más bellas de toda la comarca. Dentro de la cueva todo es silencio, todo invita a la imaginación y al sosiego. No en vano nuestro ilustre paisano Lucio Gil Fagoaga escribió, en 1918, un libro titulado Discurriendo en cueva 'Hermosa y subtitulado Perspectivas estéticas. Evidentemente, la visión de sus majestuosas salas, sus fuentes interiores y fantasmagóricas formaciones dan para ese libro y para muchos más. La cueva no reviste especiales dificultades, toda ella se puede recorrer andando, sin necesidad de ningún aparato especial, sólo hace falta una buena iluminación a base de carburo, ya que de siempre se ha mostrado como la más efectiva y cómoda para estas incursiones. Dentro hay una sala que alcanza el tamaño aproximado de un cine de pequeñas dimensiones, sostenida por enormes columnas de una belleza impresionante. Sólo un consejo, procure ir con alguien que la conozca un poco y así evitará el perderse, aunque sólo sea por unos momentos, en su interior. Ya de bajada al embalse, pues, podría usted bañarse, pescar y, cómo no, comerse una paellita cocinada con leña de monte, que a buen seguro estará más sabrosa que las que hace usted con el paellero de gas.
B) EL RIO CABRIEL - EL TETE El río Cabriel, a pesar de su cercanía, permanece totalmente desconocido para una gran parte de los requenenses. A la salida de Contreras se encuentra uno de los paisajes más montañosos de esta zona. Son "los Cuchillos"; allí el río Cabriel se encajona entre grandes moles de piedra y corre sobre ellas entre saltos y rápidos que impresionan por lo majestuoso del entorno.Río abajo se encuentran "Los Cárceles", con el puente que sobre el Cabriel se construyó para la línea Baeza-Utiel. Cerca de Tamayo puede usted admirar un puente romano que aún se conserva. Sin alejarse mucho de allí, en la misma carretera que conduce a Tamayo y que parte de la Venta del Moro, se encuentra "El Tete"; aquí, como en el caso del ferrocarril, se trata de un proyecto de obra pública que nunca llegó a funcionar; aprovechando una vuelta que da el río, de alrededor de cinco kilómetros, se pretendió, mediante un túnel que horadaba la montaña, aprovechar el desnivel existente entre una y otra parte del río e instalar al final del túnel unas turbinas que generaran energía eléctrica; la obra se paralizó y sólo queda el túnel, los cimientos de la pequeña presa necesaria para introducir el agua en éste y, al otro lado, las casas de los obreros y la majestuosa casa del "ingeniero". Hay buenos tollos para el baño, fuente de aguas medicinales y la curiosa estructura del lugar permite un divertimiento excitante. Cruzando el túnel (es muy ancho y no resulta peligroso) podemos efectuar el descenso del río en una confortable tumbona y disfrutar del baño y del paisaje para, llevados de la corriente del río, volver al sitio donde nos aguardan los coches y la ineludible paella. Si todavía desea algo más fuerte, busque una embarcación hinchable, espere a las seis de la tarde, ármese de valor y dispóngase a tirar adrenalina, porque a estas horas, y por exigencias de los regadíos de la ribera valenciana, la presa de Contreras se abre y el río aumenta en más de un metro de altura su caudal; ya no hay tollos ni nada que se le parezca, sino una fuerte corriente que le llevará, tras veinte escasos minutos, otra vez al punto de partida; esto es algo realmente emocionante y divertido y no resulta especialmente peligroso; el que les cuenta todo esto está vivo y, sin embargo, ya lo he efectuado en un par de ocasiones. Por unos momentos se puede usted sentir corsario o aventurero.Sólo unos kilómetros más abajo se encuentra el "retorno", algo parecido a lo descrito anteriormente, aunque aquí las obras sí que se efectuaron en su totalidad; es decir, está hecha la pequeña presa, por el túnel corre el agua y sólo hace unos años se inutilizó el funcionamiento de esta central, al llevarse Hidroeléctrica las turbinas que allí producían la energía eléctrica. Espero que algunas de estas excursiones sean de su agrado; seguro que no se arrepiente de visitar estos parajes y será para usted una forma diferente de pasar los fines de semana. Requena o, mejor dicho, sus alrededores, son ricos en posibilidades de este tipo y espero en próximos artículos hablarles de alguno de ellos. Todo depende de que usted quiera encontrarse "como en casa" o encontrar algo diferente y apasionante.
José Sierra (Publicado en El Trullo de Agosto de 1981) |
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