No hay en Requena quien no lo conozca.

     Para unos, es aquel maestro nacional que - dejó huella por ejercer aquí cerca de cuarenta años; para otros, el autor de la "Historia de Requena" y de otros libros e infinidad de artículos del pasado requenense; para otros, el artífice de aquel excepcional conjunto que se llamó Rondalla y Coros de Requena... y aún quedan más cosas en el tintero.

     Sin duda alguna, Rafael Bernabeu, maestro en tantas cosas, es un personaje que ha derrochado generosamente su tiempo y energías en la impagable tarea de acercar Requena a los requenenses.

     Con esta entrevista pretendemos de alguna manera devolverle el servicio con el intento de acercar, si posible fuera, los requenenses a don Rafael Bernabeu.

     Al principio de la entrevista le comenté la finalidad de la misma. Estaba en su casa frente a una máquina de escribir y con la mesa llena de papeles.

     -Don Rafael, usted no es de Requena, ¿verdad?

     -No, yo nací en Poliñá de Júcar; un encantador pueblecito rodeado de naranjos, entre Sueca y Alcira. Pero, entre las distinciones que me otorgó nuestra ciudad, ostento con orgullo el título de Hijo Adoptivo, y creo haber hecho honor a tal distinción. Lo digo con toda sinceridad.   

     -¿Cómo fue su venida a Requena?

     -Muy sencillo. Mi padre era veterinario de mi pueblo natal y falleció cuando yo tenía diez años. Mi madre era de Requena. Y aquí vinimos; y aquí me he formado, he estudiado, me he casado y he ejercido el magisterio durante casi toda mi vida profesional. Ni qué decir tiene que, desde muy niño, me enamoré de Requena, de su ambiente, de sus tradiciones de su glorioso pasado.

     -Su actividad en Requena, don Rafael, ha tenido varias facetas; todas ellas dentro de la docencia. ¿Qué opina de los actuales métodos de enseñanza?

     -Hombre, cada tiempo nos exige unas normas. Sin duda, los métodos tienen todos una finalidad positiva. Lo importante está en inculcar en los educadores una sólida formación vocacional. Hoy como ayer triunfan en las oposiciones los teóricos. Bien está que el educador reúna virtudes profesionales y profundos conocimientos; pero la vocación, la entrega, sobre todo. Reconozco, no obstante, que las insatisfacciones pesan sobre nuestros profesionales y que, en estas condiciones, no pueden hacerse milagros. Por otra parte, a la acción docente deben cooperar sin reservas los padres, autoridades, la sociedad; hay que dotar a la escuela de medios y pensar que ella es algo más que el aula y la voz del maestro.

     -¿Qué recuerdos guarda de su larga etapa profesional?

     -Muchos, muchos y buenos... En los primeros años llegué a reunir en clase más de ochenta niños de todos los niveles. Entonces ejercíamos aquí entre maestras y maestros quince profesionales. Hoy son noventa. Durante tanto tiempo me enfrenté con muchachos de tres generaciones. Luego vienen los que pasaron al numeroso elenco de alumnos catedráticos, maestros, ingenieros, militares, arquitectos, médicos, empleados de banca, industriales, comerciantes, gentes del campo. De todo hubo en la viña del Señor.

     -¿Qué me dice de la disciplina escolar?

     -Cada etapa tuvo sus modos y modas. Los antiguos inventaron una bárbara expresión: "La letra con sangre entra". En mis tiempos de escolar funcionaba la palmeta y pescozón; el latín lo digeríamos con correa. Se creía que la mejor medicina para evitar la repetición de fechorías infantiles era un buen cachete a tiempo. Hay leyes, hay normas de convivencia que hemos de cumplir como entes civilizados; si las infringimos, debemos atenemos a las consecuencias. Nada de rigor, pero nada de impunidad, pues en un término medio está la virtud. Nada de castigos denigrantes, pero a los infractores hay que recortarles caprichos en su oportuno momento.

     -Si le parece, cambiamos de tema. ¿Qué me dice de la Rondalla?

     -La Rondalla fue una institución que alcanzó evidente categoría artística gracias al trabajo y tesón de todos. Y aunque es cierto que todo lo que nace tiene que morir, su muerte fue "por falta de asistencia", de protección. Si se hubiera perseverado en el estudio y nos hubieran ayudado para asegurar su continuidad, hoy sería algo que nos llenaría de santo orgullo. Habíamos forjado un gran repertorio, dábamos recitales por lejanas tierras, los aplausos clamorosos eran para el prestigio de nuestra ciudad... Pero aquí, sin enterarse... Habíamos trabajado mucho hasta formar un excelente grupo rondallístico, unos coros disciplinados y unos solistas de calidad. Desgraciadamente caímos en una época en la que nuestras instituciones artísticas eran incomprendidas; y así sucumbió el notable Grupo Arrabal, la entusiasta sociedad de conciertos Amigos de la Música y nuestra admirada Rondalla.

     -Actualmente, muchos requenenses que no conocieron la Rondalla y Coros parecen redescubrirla al escuchar la grabación exhumada de un concierto que dieron en Málaga.

     -Sí. Se trata de una grabación recuperada gracias al interés de doña Rosalía Fernández de Jordán y a la perseverancia de don Antonio Andújar.

     -¿Ha sido mantenedor en el acto de proclamación de alguna Reina de la Fiesta de la Vendimia?

     -Sí. Lo fui de dos reinas infantiles, hijas de dos amigos: Martínez Bermell y Rodrigo Armero. También he actuado de mantenedor en las fiestas de mi pueblo natal.

     -A su juicio, ¿cuál es la verdadera personalidad de Requena y de los requenenses?

     -Aquí se decía antaño: "Cada uno en su casa y Dios en la de todos". Ya no existe la diferenciación de clases sociales como en otros tiempos. Abunda la gente de carácter. Aún quedan quienes dicen: "Cuando mate que no me envíe el presente". Pero la gente es buena, laboriosa, acogedora.

     La personalidad histórica de Requena es evidente, como lo proclama el recinto histórico-artístico. Por otra parte, recordaremos que Requena figuró en el reino moro de Valencia cinco siglos antes de su reconquista; es fervientemente valenciana. Habla el castellano (como lo hablan 144 pueblos de la región) desde su vinculación a la tierra de Cuenca (desde mediados del siglo XIII hasta mediados del siglo XIX). El clima, los alrededores, las comunicaciones y otras muchas cosas hacen que el forastero se sienta en Requena "como pera en tabaque".

     -¿Piensa usted que cualquier tiempo pasado fue mejor?

     -Nada de eso (y que nos perdone Jorge Manrique). Eso lo decimos los viejos al evocar nuestros años mozos; pero si nuestros abuelos hubieran conocido los maravillosos avances técnicos de hoy, no hubieran hecho caso de aquella frase.

     -Se intenta reenfocar el contenido de EL TRULLO. Como asiduo colaborador desde sus principios, ¿qué consejo daría?

     -No pretendo dar consejos; pero EL TRULLO es una publicación hecha con amor que debe llegar a todos los hogares de nuestra ciudad, y no estar sólo al alcance de quienes puedan adquirirlo. Debían de estudiarse las posibilidades de alcanzar algunas importantes subvenciones que permitieran su abaratamiento; o bien, lanzar una edición popular, con el mismo texto si se quiere, pero popular: pues lo bueno hay que pagarlo.

     -¿Qué piensa cuando pasea por la calle de Rafael Bernabeu?

     -¡Hombre!... Como hace años que andamos de vuelta, ¡líbrenos Dios del "Vanitas vanitatis"; ¡líbrenos también de la hora de las alabanzas... Pero, como contrapeso; diremos que nos hemos pasado la vida bregando en la escuela, armonizando solfas y revolviendo papeles viejos. Gracias a Dios, tengo una salud a prueba de bomba y, pese a mis muchos años, mi mundo ideal son los papeles viejos relativos a nuestra ciudad. Precisamente acabo de dar cima al tomo VIII de mis inéditos Estudios histórico-literarios de Requena y su tierra, que inicié tras mi jubilación. Tengo la satisfacción de que donde puse la mano pretendí siempre edificar algo, sin miras personales.

     -Su vida pública es un tanto monástica, ¿no?

     -Nada de eso. Lo que ocurre es que estamos ya muy vistos. Hay que dar paso a la juventud, a esa juventud que sabe dónde va. Mi vida no puede ser más sencilla: leer, escribir, un par de horas de "subastao" y alguna cosa más.

     -Dentro de poco va a publicar una nueva historia de Requena.

    -Nada de nueva. Es una reedición de la que se publicó en 1945 con importantes ampliaciones.

     -Si le parece, don Rafael, vamos a utilizar un sistema muy de moda en esta entrevista... Su guitarra:

     -Una gran ilusión; pero hace tiempo que duerme. Es tarea de dedicación y estudio y ya no estamos para esos trotes.

     -Leche en polvo.

     -Leche y queso que nos recuerda los desagradables años de la postguerra y su reparto entre los escolares.

     -La Vera-Cruz.

     -¡Hombre! La Vera-Cruz... Una hermandad con quinientos años a sus espaldas... Sólo puedo decirte que en nuestro último sueño nos arropará su negro hábito.

     -"El Majuelo".

      -Aquellas charlas en la radio local estaban al alcance de todo el mundo. Su propósito era divulgar el pasado requenense con un lenguaje sencillo, colmado de anécdotas y de detalles pintorescos que tanto calan en la gente. Está haciendo mucha falta una emisora local, pero...

     -Pedro Alarcón.

     -Una persona que estimo mucho. Pasó buena parte de su vida paciendo cabras. Supimos que tenía una voz de calidad y, con Pilar González, Castellanos, Gómez, Sierra y otros, se convirtieron en los héroes corales de la Rondalla.

     -La Villa.

     -¡Oh, la Villa!... Algo así como un gran tesoro que no supimos valorar ni resolver definitivamente por no actuar en equipo y por etapas. El mortal enemigo de la Villa fue el chamarilero del pasado siglo y la desidia y abandono de nuestros elementos rectores, que dejaron paso a saqueos y expoliaciones de rejas, portones, aldabas, retablillos de azulejería, etc. Los posteriores intentos de restauración, superiores a nuestras fuerzas, hiciéronse sin coordinar etapas. Y si algo se hizo, quedó a medio hacer.

     -La Requena actual ha sufrido un notable incremento de población por la construcción de la central nuclear de Cofrentes. ¿Va a influir esto en la personalidad requenense?

     -El tiempo se encargará de dar respuesta a esa pregunta, ya Que esta situación es transitoria.

 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1981)