DOS ciudades HERMANAS

 

 

«Cuenca y su torre Mangana,

Requena y su Salvador,

pueblos de raíz hermana,

torres con igual fervor.»

      Con motivo de nuestras últimas fiestas vendimiales, la ciudad de Cuenca fue nuestra invitada especial. Y acudió a la llamada, como hermana mayor, aunque también podría aducir títulos de maternidad; que, si Requena fue siempre hidalga, laboriosa y hospitalaria, no hizo más que seguir el ejemplo que nos legó Cuenca, a la que estuvimos ligados los requenenses por más de seiscientos años.

     Y sin entrar en viles politiquerías, ni recordar aquel dicho popular de que «en Cuenca éramos los amos y en Valencia la última sardina de la banasta», sí es bueno señalar que jamás se rompió el vínculo afectivo y cordial entre Cuenca y Requena, o viceversa. Porque nos marchamos hace justamente 130 años de Cuenca por razones puramente económicas, y en razón de difíciles comunicaciones y mayor distancia que las que nos acercaban a Valencia, de la, que, por otra parte, estamos muy orgullosos en pertenecer y formar parte.

     Pero como no quita nada lo cortés a lo valiente, tenemos que ser sinceros y reconocer que nuestra filiación es total y absolutamente conquense y castellana. Y por ello a nadie puede extrañar que, de vez en cuando, recordemos con cariño aquellos vínculos de los que no debemos ni podemos avergonzarnos. Fuimos de Cuenca, y a mucha honra; hoy somos valencianos, y a mucha honra también; aunque nuestro carácter, idioma, tipología, costumbrismo, folklore, etc., conservan sus raíces, gloriosas y honradas raíces, por cierto.

     Y todo esto viene a cuento por una sencilla razón. El periódico «Diario de Cuenca», con fecha 1 de septiembre, dedicó a este reencuentro sus dos mejores y enteras páginas en un reportaje, firmado por Armando Soto, que debiera ser leído por todos los requenenses. Ya el título del reportaje es altamente expresivo: "Cuando Requena volvió a estar con Cuenca". Y es de significar y resaltar algunos epígrafes y párrafos, tales como: "dos pueblos hermanados", "en un ambiente excepcionalmente cálido y cordial se celebró la Noche del Vino", "una gran multitud de requenenses participó en los actos que reavivan los lazos entre las dos localidades" ... y párrafos enteros donde se glosa y revitaliza esta hermandad con el sello de una amistad imperecedera. Así se dice en una parte del reportaje: "El pasado día 29 de agosto, Cuenca y Requena, bajo los auspicios favorables del licor generoso, vivían juntas, porque nunca estuvieron separadas, una noche inolvidable para todos los que allí estuvimos, una de esas noches en que uno se da cuenta de que, a pesar de todas las rencillas, a pesar del agrio carácter del hombre, aún cabe que dos pueblos, que siempre han sido hermanos, se junten para celebrar la alegría, olvidando por unas horas la fatiga de la vida cotidiana y comiendo juntos el pan y bebiendo el vino que la tierra, que es de todos, tan generosamente nos ofrece". Y también: "...era necesario que el respeto mutuo y la admiración que ambas poblaciones se sienten, se plasmaran en un acto que tenía el sello ,de dos pueblos volcados el uno al otro, dos pueblos que se abrazaban en el abrazo que nuestro Alcalde y el de Requena se daban, a la vista de cientos de requenenses y conquenses en la Plaza de la Villa, durante la mítica Noche del Vino de Requena". Y termina así el periodista: "...pero lo que sí es seguro es que esta noche hemos vivido con fuerza el hecho de que dos pueblos hermanos han unido su alma, una unión que debiera perdurar para siempre. Adiós, Requena, volveremos».

 

 

     Creo que ya falta poco por decir. Simplemente reiterar a Cuenca nuestra gratitud por su visita y decirle que nuestro solar, nuestra casa, nuestro pan y nuestro vino pueden hacer generosos prodigios de hospitalidad y amor entrañable. Exactamente tal y como Cuenca los saboreó y gozó durante su estancia en amigable y fraterna compañía con Requena en su fiesta más representativa. Y es que esto es muy natural y lógico..., ¡de tal madre, tal hija! Que aunque hubimos de emanciparnos de su tutela para buscar nuevos horizontes, queda mucho en el alma requenense que la encadena indefectiblemente a la nobleza, el sacrificado tesón, la laboriosidad y el encanto de la madre Cuenca. Por eso, y por muchas cosas más, gracias, Cuenca; siempre os esperaremos con los brazos abiertos.

Feliciano A. Yeves Descalzo

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1981)