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| En este año de 1982 se cumple el décimo aniversario de la muerte de don Cándido Pérez Gasión, profesor de Literatura en el Instituto de Requena durante más de veinte años, gran amante de la Fiesta de la Vendimia, colaborador en numerosas ediciones de la Fiesta, y a quien queremos dedicar un recuerdo, tratando de valorar en sus exactas dimensiones, tanto su vida como su dedicación a la investigación y a la enseñanza. Para ello hemos abordado a su hija, nuestra compañera como profesora de EGB y hoy directora del colegio público "Serrano Clavero" de nuestra ciudad. -¿Podrías contarnos algo de tu padre, su vida y obra, antes de llegar a Requena? -Mi padre nació en Madrid, pero muy niño todavía se trasladó a Cuenca, donde fue destinado mi abuelo como archivero de la Diputación. En Cuenca estudió mi padre el bachillerato, y la carrera de Filosofía y Letras la cursó en Madrid. Al terminar su carrera se colocó como archivero del Ayuntamiento conquense, después pasó al Archivo de la Diputación; compaginó estos trabajos con su profesión de catedrático de Lengua y Literatura en el Instituto de Cuenca. -Nos gustarla conocer más detalles, en especial sobre sus trabajos de investigación, sus maestros, sus compañeros, etc. -Mi padre siempre tuvo a gala decir que habían sido profesores y maestros suyos doña Emilia Pardo Bazán, don Ramón Pérez de Ayala y don Antonio Ballesteros Beretta. Colaboró con este último en algunos trabajos históricos; pero uno de sus mejores compañeros y maestros fue don Angel González Palencia, cronista de Cuenca, con el que colaboró estrechamente en trabajos de investigación historiográfica sobre temas conquenses, que culminaron con varias publicaciones sobre la historia de Cuenca, sus gentes y su territorio. -También en ocasiones nos dijo tu padre que había conocido algunos personajes importantes en la vida política y cultural de aquellos tiempos: ¿podrías decirnos algo sobre el particular? -En efecto, mi padre era un republicano liberal y cristiano, y en sus visitas a Madrid, sobre todo durante la República, tenía sus tertulias literarias con los famosos ya en aquella época; especialmente conoció y trató a Federico García Lorca, de quien siempre dijo que era "un ingenuo niño grande, todo bondad y simpatía", y conoció también muy de cerca a don Manuel Azaña, en especial durante su actividad en el Ateneo de Madrid. -Pero, con anterioridad a la República tu padre ya ejercía su profesión en Cuenca. ¿Se significó en algo durante esta etapa? -Está claro que sí, y fácilmente podemos atestiguarlo con pruebas documentales (y nos muestra doña Filo varios documentos interesantes -un elogioso artículo en el periódico ABC de Madrid sobre sus trabajos de investigación en los archivos de Cuenca, un comentario apologético sobre don Cándido Pérez suscrito por González Palencia en el prólogo de uno de sus libros sobre la historia de Cuenca, elogiando sus trabajos de investigación y colaboración; un título de académico extendido por la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes de Cádiz, en premio a sus méritos, firmado en marzo de 1924; y otros documentos y titulaciones que prueban la formación y dedicación de don Cándido). -¿Y cómo fue el venir a Requena como profesor del Instituto? -Al terminar la guerra civil en 1939, mi padre, que siempre fue republicano y liberal, fue cesado y estuvo siete años en tal situación, sufriendo en cuerpo y en alma la mal llamada "depuración". El caso es que en 1946 fue readmitido en el Cuerpo de Profesores de Instituto, reconociéndosele sus derechos, pero hubo de solicitar plaza vacante, y eligió a Requena. Aquí ejerció hasta su jubilación. -¿Se valoró después en algo el trabajo y la dedicación de tu padre? -Mi padre estuvo siempre a gusto en Requena. Y ya no se quiso mover de aquí, aunque pudo hacerlo. Era un verdadero amante de la cultura y la historia requenense, y colaboró siempre en cuantas ocasiones se le solicitó. Creo que su labor como profesor y como investigador hubo de merecer algún premio: y justo es reconocer que, vísperas de su jubilación, recibió un cálido homenaje de despedida y se le concedió la Cruz de Alfonso X el Sabio, digna significación tras una vida dedicado a la enseñanza. -¿Nos podrías contar algún otro detalle sobre sus aficiones y trabajos? -También era un excelente poeta y un crítico de arte, literatura e historia, y muy entendido en la ciencia de archivos, bibliotecas y museos. Pero creo que sus bondades se manifestaron con más valor en el campo de la educación y la enseñanza. Era un hombre justo, más proclive a la flexibilidad que a la rigidez; casi nunca tuvo que suspender a sus alumnos y, cuando tuvo que hacerlo, le dolía tremendamente... -¿Qué recuerdo te sugiere ahora, a los diez años de su muerte, la vida y la personalidad de tu padre? -Era profundamente humano, poco visceral, desapasionado, certero en sus apreciaciones, metódico, pulcro en su interior, pulcritud que trascendía en su figura. Recuerdo su paciencia ante la injusticia de su apartamiento de la enseñanza y también su confianza en que se impondría la razón y la justicia, cosa que se cumplió..., a medias. En efecto, todo esto y mucho más era don Cándido Pérez Gasión, hombre ecuánime y justo, amigo de todos, muy extrovertido, inclinado por principios al culto de la amistad, el compañerismo y la justicia, y siempre caballero, un modelo de caballeros, un ejemplo en su vida y en sus quehaceres. Y, recordando su gallarda figura, a pesar de que ya los años le pesaban demasiado, pensamos que, con su muerte, se nos fue uno de los últimos caballeros andantes que, muy de vez en cuando, suelen surgir en nuestras tierras. ¡Que Dios lo tenga en su gloria! F. YEVES (Publicado en El Trullo de Mayo de 1982) |
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