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| Creo es bueno que los pueblos recuerden y conmemoren, honrando así la memoria de sus antepasados, las fundaciones y establecimientos que en épocas pretéritas contribuyeron a forjar su alma y su riqueza, su modo de ser y actuar, su incidencia en la historia y en la vida, en el trabajo, en el progreso, en su futuro. Precisamente este año de 1982 se cumple el segundo centenario de la creación de una entidad requenense, que insufló vitales y laboriosos bríos al pueblo y sus instituciones. Nos referimos a la «Real Sociedad Económica de Amigos del País», fundada en 1782, aunque la impresión de sus Estatutos data de 1784. De la importancia de tal organización nos remitimos a la muy autorizada pluma de nuestro Cronista, don Rafael Bernabeu, quien en las páginas 296 y siguientes de su «Historia de Requena» , expone así este histórico acontecimiento: |
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«Nuestro Ayuntamiento, por indicación del Consejo Supremo, se propuso crear una entidad que fomentara los intereses espirituales y materiales de la villa. Este propósito fue llevado a la práctica por el corregidor don Francisco Herrero y Vela, los regidores don Alonso Valentin Ferrer de Plegamáns, don Alonso Portillo de Escandón y don Francisco Herrero, los abogados don Antonio Ginés Herrero, don Jaime de Arcís, don José Hernández y don Juan Gabaldón; el capitán don Antonio Enriquez de Navarra, don José Pedro de la Cárcel; don Bernardo de Etleta, beneficiado de Santa María; don Gabriel Tenreiro y Montenegro, del Consejo de S. M. y oidor de la Real Audiencia de Cataluña; don Juan Enriquez de Navarra, caballero de la Orden de Santiago; don Alonso Navarro, relator del Consejo de órdenes; don Nicolás García-Dávila, conde de Ibangrande, etc, confeccionándose los estatutos de 1782, año en que el rey Carlos III, entregó a esta entidad la "bandera de los adelantos". La Económica de los Amigos del País prestó valiosos servicios a la cultura local. Muy puesta en su papel, pregonó el respeto a los árboles (José Serrano fue nombrado celador de Plantíos), gestionó el establecimiento de una Casa Hospital o Refugio para mendigos, así como la dotación de maestros de primeras letras y Latín; organizó una Escuela del Noble Arte del Dibujo a cargo del franciscano Fr. Antonio Villanueva, miembro de mérito de la Real Academia de San Carlos de Valencia; encomendó al arquitecto don Bartolomé Ribelles un proyecto de reformas urbanas; creó una Biblioteca Popular e infundió aires renovadores con las llamadas Escuelas Patrióticas, en las que se peroraba en pro del fomento de la villa; Organizó certámenes literarios; instituyó premios para los más hábiles tejedores y para quienes propagaran el cultivo de la morera; promovió la canalización del río Moya por debajo de Mira para regar la llanada de Campo Arcís... En una palabra: esta entidad, pese a las maneras francesas se enfrentó con la general decadencia... |
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La primera junta de la Sociedad Económica estuvo integrada por don Alonso Ferrer, director; don Jaime de Arcís, censor; don Antonio Ginés Herrero, secretario; don José P. de la Cárcel, contador, y don Antonio Enriquez de Navarra, tesorero. Suplianles, respectivamente, don Alonso Portillo, don José Hernández, don Juan Gabaldón y don Francisco Herrero. Los estatutos de la Sociedad fueron impresos en Valencia, en un folleto editado por J. y T. Orga, en 1784; se tiraron mil ejemplares (de los que se conservan algunos) y su coste fue de 3.521 reales; su portada aparece así: Real Cédula de S. M. y Señores del Consejo por la qual se aprueban los Estatutos de la Sociedad Económica de Amigos del País de la Villa de Requena». Y merece la pena leer y releer este documento para conocer la vida socioeconómica de aquellos tiempos en nuestro territorio y nuestra ciudad, todavía entonces villa, y entrever ya su futuro. Sus diez capítulos no tienen desperdicio, pues desde los socios y sus clases, oficios, juntas, comisiones, premios, biblioteca, escuelas, residencia de la Sociedad, impresión y aprobación real, hasta del sello que se había de usar, todo es descrito y desarrollado con meticulosidad; y la justificación de su fundamento es claramente expuesta en el prólogo: fomentar el arte de la seda, la agricultura, la industria, la cultura popular, etc. Como curiosidad diremos que el sello de la entidad era el propio escudo de Requena, el de la llave, el yugo y la estrella, con la corona real, circundado por una guirnalda de flores, y el hemistiquio siguiente: Usque attollitur astra, explicado con un dístico que dice así: «Bombyce, et fructu, pastu, curo melle fluenti, Requena-tans, undis sidere, clave, jugo»; cuya versión castellana es: Requena, riquísima en aguas, seda y frutos, pastos y miel exhuberante, es elevada hasta el firmamento por la estrella, la llave y el yugo. Aunque nos parece demasiado pomposo y triunfalista el lema, no hay duda que refleja la pasión por encumbrar de cualquier modo lo consustancial requenense: su afán laborioso y su espíritu emprendedor. Ahora bien, ¿no creen digno los requenenses actuales de conmemorar como se merece aquella iniciativa y aquellos desvelos? ¿Podría recuperarse aquel titulo para una Sociedad Económica de Amigos del País, moderna y a tono con los tiempos que vivimos? ¿Sería capaz la Requena actual de recordar aquella efemérides, aunando voluntades y criterios para estimular modernos quehaceres? ¿Por qué no resucita ahora lo que tantos esfuerzos costó entonces? Ahí queda la pregunta, múltiple pero incisiva hacia un mismo fin. La cultura actual, los movimientos reformistas, la ilusión por conseguir mejoras, las personas capacitadas, existen, e inducen a creer en tal posibilidad y su realización. No hacemos más que apuntar ideas, por si hay alguien que las recoja, y, si de algo valen, implique a quien o quienes estén en condiciones, de una manera ilusionada, para ponerlas en práctica, si ello es factible, y los requenenses responden con actitud de servicio.
Feliciano A. Yeves Descalzo (Publicado en El Trullo de Mayo de 1982) |