|
|
||
|
Nuestras primitivas aldeas, sintiéndose mayores de edad, pugnaron por alcanzar su independencia municipal, Utiel la obtuvo en 1356: Mira, en 1537; Villargordo, en 1747: Camporrobles, en 1782: Fuenterrobles, Venta del Moro y Caudete, en 1833. Precisamente cuando algunas de nuestras "caserías" convertíansen nuevas aldeas por obra y gracia de la viticultura. Y la superficie de la tierra requenense que en pleno sigla XIII rebasaba los 1.600 kilómetros cuadrados, en el XIX quedaba reducida a la mitad. |
||
| Desde que Villargordo (antes, de Requena; luego, del Cabriel) obtuvo el privilegio de villazgo, la aldea de Camporrobles insistió una y otra vez en eximirse de la jurisdicción de Requena. Los camporruteños elevaron, sucesivos memoriales ante el Real Consejo, exponiendo en el último de ellos los «ocho agravios» que se hicieron famosos.Veamos un extracto de los mismos: 1º Que por depender de Requena recibían considerables perjuicios, por distar de ella cinco leguas. 2º Dichos desplazamientos perjudicaban grandemente sus ocupaciones. 3º En las quintas y sorteos los mozos solteros eran llamados por el corregidor, desplazándose a Requena con sus padres y parientes en número no inferior a ochenta, tolerando en algunas ocasiones «la vexación de acudir tres y quatro vezes», como aconteció en 1733 al anularse varios sorteos. 4º Que en los inventarios y particiones les obligan a grandes dispendios, «pues luego que muere alguno; embia el Correx, un escribano y ministro con salarios que exigen al instante por los días de ida, estada y vuelta», y se mantienen en la casa mortuoria «a expensas del caudal». 5º Que concluido el inventario y tasación de bienes, «se llevan los autos al contador titular de Requena y su jurisdicción para que haga el reparto y adjudicación a los interesados»; y si éstos acuden, tienen: que abandonar sus casas y haciendas; «Y para evitar esto consienten que el dicho contador execute la división sin el debido conocimiento, noticia ni instrucción de los bienes raizes». 6º Que padecen la servidumbre de que siendo todos los vecinos labradores y pastores, y teniendo facultad como dueños de los árboles que se crían en sus heredades, no pueden disponer de ellos sin licencia del concejo de Requena; ocurriendo lo mismo con la utilización de los rastrojos y pastar en ellos con sus ganados «o rozar algunos terrenos para laborizarlos o si se queman dichas rozas y el fuego se extiende a algunos pinos, se denuncia a los dueños y se les exigen crecidas cantidades y muchas vezes se les molesta con rigurosas prissiones». 7º Que puestas las denuncias, se retiran los Caballeros de Sierra y es mayor la libertad y, con ella, los excesos y desórdenes entre labriegos y pastores, con las consiguientes pendencias; y si el pedáneo de Camporrobles interviene para atajar tantos abusos, las más de las veces es ultrajado. 8º Que a ello hay que añadir la circunstancia de que frecuentemente llevan a la cárcel de Requena «por querella de poca, monta» a algunos vecinos e incluso a mujeres casadas y solteras, «sin permitirles guardar Carzeleria en sus propias casas ni en la Carzel de Camporrobles» . Tras la exposición de estos agravios se dice que «siendo el único medio de evitarlos el hacerse villa, por constar de 230 vecinos (en el censo de 1699 tenía 96), solicitaban sus moradores la gracia del villazgo, con conocimiento privativo de todas las causas y negocios en primera instancia», con facultad para elegir dos alcaldes ordinarios, dos miembros de la Santa Hermandad, dos regidores, un alguacil, un escribano, un procurador síndico y un guarda de término. Es curioso hacer notar que en un memorial de 1743 se señalan en Camporrobles 253 vecinos, de ellos 12 pobres de solemnidad, 36 viudas y 16 menores. Asimismo había un «teniente de cura», dependiente del vicario de Mira y otros tres clérigos, según las Memorias de Mateo López. En general, los camporruteños eran modestos labradores que apenas sí cogían trigo para sus necesidades, viéndose precisados muchas veces a buscar grano, prestado o a empeñar «las cortas crías de ganados y el esquilmo de colmenas» para comprarlo. Sin embargo, los moradores de Camporrobles vieron colmados sus anhelos de independencia municipal en 1782 «por los agravios recibidos en la liquidación de las Tercias Reales». El deslinde del nuevo término (algo más de 89 kilómetros cuadrados) lo efectuó el comisario real don Ignacio de Arizabaleta. Sólo nos resta enviar un cordial saludo a la laboriosa villa de Camporrobles, que tan brillantemente acaba de conmerorar el segundo centenario de su villazgo.
R.B.L. (Publicado en El Trullo de Agosto de 1982) |