|
|
||
|
Sánchez Domingo está preparando la edición de una serie de dibujos, en forma de carpeta, con unos motivos requenenses tratados con su peculiar técnica de esgrafiado conocida de todos los requenenses amantes del arte. Con este motivo, y pensando que puede ser una noticia interesante, especialmente para los requenenses ausentes, le hemos pedido su colaboración para el Trullo y nos ha enviado lo que será el prólogo o presentación de la citada colección de dibujos.
|
||
|
|
Para saber apreciar lo que significa Requena hay que ser, por supuesto, requenense. Pero, además, hay que vivir o haber vivido algún tiempo lejos de Requena. Porque ocurre lo de la consabida frase de que los árboles no permiten ver el bosque. Para el que ha vivido siempre en Requena, sus calles, sus piedras, los callejones angostos de la Villa, la luz del barrio de las Peñas, los alrededores, las fuentes, las pocas fuentes que van quedando, los ribazos del regajo de Reinas y de la vega del Magro, el milenario puente de Jalance, las puestas de sol, el castillo al atardecer, la luz vertical de mediodía, que pasa rasante, rozando las arquivoltas llenas de ángeles y santos de Santa María y el Salvador, los aleros que pretenden tocar al de enfrente..., todo esto son cosas tan vulgares y sabidas que no merece la pena evocarlas. Son cosas tan rutinarias como cualquiera de los menesteres cotidianos. ¡Y las tienen tan vistas! Pero cuando se está lejos, rodeado tal vez de cosas que Requena no tiene, como puede ser un clima benigno, o un mar azul, sintiéndose un tanto forastero, entonces, gracias al poder evocador de la mente, es un consuelo poder pasear mentalmente por la avenida al atardecer, o por la villa de noche, o por el camino do la fuente Baldomero. No es preciso evocar los días de bullicio, los días grandes, cuando la vendimia es fiesta, como pregona el slogan, porque entonces Requena está como un poco fuera de sí. Es como una madre de familia numerosa que recibe con amorosa alegría a sus múltiples hijos, que un día se fueron y ahora vuelven, y agasaja gozosa a sus amigos; está un poco como loca, pero sin perder el juicio, y brinda una y otra vez con sus vinos en sus calles engalanadas. Alegre, pero nunca ebria. Yo prefiero evocar a Requena cuando está sola, con el nostálgico recuerdo de los que se fueron. Con los que no la añoran porque siempre la tienen. Es sin duda esta evocación lo que me ha llevado a plasmar en una colección de dibujos todas esas entrañables vistas, algunas de las cuales estoy seguro habrán pasado inadvertidas para muchos requenenses. Si este trabajo sirve para que conozcan algo mejor lo que en parte es suyo, daré por bien empleado el tiempo que me ha costado hacerlo y me daré por satisfecho. SÁNCHEZ DOMINGO (Publicado en El Trullo de Agosto de 1982) |