La Dirección General de Arquitectura ha financiado en el transcurso del último año y medio un estudio básico para la rehabilitación del barrio de la Villa. Dicho estudio ha sido realizado por un equipo de arquitectos, del que formaban parte, entre otros, Antonio Osario y Leopoldo Piles, y por el abajo firmante, Juan Piqueras. Al objeto de dar a conocer los detalles de dicho estudio básico serán expuestos algunos paneles informativos en el Museo de Requena durante las próximas Fiestas de la Vendimia y, posteriormente, en fechas todavía no determinadas de los meses de septiembre u octubre, se celebrarán unas jornadas (conferencias, exposiciones, publicaciones, etc.), en las que trataremos de explicar con más detalle y cambiar impresiones con todos los requenenses que deseen asistir a las mismas. Paralelamente a este estudio han sido realizados otros dos encaminados a la restauración de las iglesias de San Nicolás y de Santa María, de los que se dará amplia información en las referidas jornadas a celebrar.

     En un principio, la rehabilitación de la Villa no deja de ser un mero proyecto cuya realización tendría que llevar a cabo la Administración del Estado, en este caso el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo a través de sus organismos competentes. La reciente visita a Requena del Ministro responsable de dicho organismo nos hizo albergar ciertas esperanzas de que muy pronto se iniciarán las obras de rehabilitación de alguna manzana de casas, pero la verdad es que todo ha quedado en un compás de espera, bajo la influencia, sin duda, de las actuales perspectivas políticas.

     La rehabilitación de las viviendas supondría en unos casos mejoras parciales, tales como saneamiento, techumbre, fachada o remodelación interior, pero en otros casos sería preciso reconstruir totalmente el edificio. La financiación de tales obras es algo que todavía está pendiente de legislación, pero podemos adelantar que incluiría préstamos a bajo interés y largo plazo, así como algún porcentaje a fondo perdido.    

 
 

     Del estudio básico se pueden extraer, a modo de síntesis, tres conclusiones: Primera: El gran valor histórico y monumental de la Villa. El barrio de la Villa, dejando al margen sus tres iglesias, constituye actualmente uno de los mejores conjuntos urbanos medievales de España. El hecho de que ya en el siglo XVIII hubiera perdido su carácter de centro económico en favor del Arrabal, ha permitido su conservación sin las alteraciones típicas de otros centros históricos que todavía siguen desempeñando el papel de centro económico, como sucede en la vecina Ciudad de Utiel. En el barrio de la Villa puede reconocerse el primitivo recinto musulmán, fechado hacia el siglo X, gracias al trazado de algunas de sus calles y, sobre todo, a la presencia de la muralla jalonada de torres que corre paralela a la calle del Rosario y sube hacia el castillo o alcazaba musulmana siguiendo por un lado el desnivel de Cantarranas y por el otro el de Baja los Huertos. Dentro de este recinto, a la mitad de la calle principal (Santa María) y mirando hacia el oriente se hallaría la mezquita, cuya localización debió estar en la actual iglesia de Santa María, como se deduce también del trazado de su planta, de su torre-minarete exento, de su puerta lateral y de algunos rasgos arquitectónicos descubiertos bajo el revocado neoclásico del siglo XVIII. El barrio de San Nicolás está fuera de esta primitiva ciudad musulmana amurallada, por lo que no puede seguir manteniéndose la teoría de que en él radica el origen de Requena ni de que su iglesia corresponda a la antigua mezquita, máxime cuando dicha iglesia no conserva ni un sólo rasgo de la arquitectura musulmana.

     Tras la conquista cristiana y hasta los siglos XVI Y XVII, la Villa debió sufrir algunas remodelaciones, tanto en su callejero como en sus viviendas, de tal suerte que hoy tenemos un conjunto en el que coexisten elementos islámicos, góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos, todos ellos dignos de ser conservados como parte del patrimonio histórico y arquitectónico de Requena.

     Segunda: La gran degradación urbana y socioeconómica actual de la Villa. Aunque las raíces de este proceso de degradación pueden remontarse al siglo XVIII e incluso antes, cuando empezaron a trasladarse al Arrabal las familias pudientes de la Villa y, con ellos, la vida económica, la verdad es que los mayores cambios se han dado en las tres últimas décadas. En ellas hemos asistido a una huída masiva de los anteriores habitantes de la Villa que buscaban viviendas más modernas, y han sido sustituidos por familias de economía mucho más modesta. En la actualidad el grueso de la población de la Villa lo componen obreros y jornaleros, así como jubilados y pensionistas. Muy alto es también el porcentaje de inmigrados procedentes de Cuenca, Albacete y Ciudad Real, como altos son también los índices de analfabetismo. A ello hay que añadir los bajos niveles de renta de estas familias, que se han visto incapacitadas para realizar las reformas necesarias en sus viviendas. En consecuencia, la mayoría de las casas de la Villa no reúnen hoy las condiciones para una vida digna.

     Tercera: Necesidad de revitalizar la Villa mediante programas de ayuda estatal. El alto grado de deterioro de las viviendas y la insuficiencia de servicios de todo tipo, en modo alguno pueden ser reparados por los propios habitantes. Es por ello por lo que se hace necesaria la ayuda estatal cifrada no sólo en préstamos y ayudas a fondo perdido, sino también en asesoramiento técnico y programa de rehabilitación o reconstrucción para que no cambie la imagen arquitectónica del conjunto urbano.

 

JUAN PIQUERAS HABA

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1982)