Es difícil ser ocurrente u original cuando uno escribe para EL TRULLO, aunque lo más seguro es que uno no sea ocurrente ni original escriba para quien escriba; no obstante, esta revista mantiene una línea editorial casi inamovible desde su primer número. Línea que configura un estrecho camino por el que deben discurrir las distintas colaboraciones. No es malo salirse, sencillamente no es "bueno".

     La verdad es que no se puede pedir demasiado a algo que es órgano de una fiesta, aunque es lamentable dejar pasar una oportunidad como ésta, la de tener un órgano de difusión local al margen del "B.l.M." y de los panfletos de los partidos, sin que en él se vea reflejado el estado de ánimo y de opinión de todo un pueblo.

     Probablemente suceda que dicho estado esté tan difuminado que difícilmente sea palpable, quizás ni siquiera exista. No es de extrañar, pues Requena ha sufrido una transformación tal en tan poco tiempo que, creo, no se ha recuperado totalmente del primer envite. Las raíces culturales y económicas de este pueblo han sido removidas. Las primeras están siendo tras tocadas por el actual proceso autonómico del Estado, llegando incluso a cantar nuestra "diferenciada personalidad" solamente en las fiestas -y hasta las longanizas nos están mejor esos días-, mientras que el resto del año nos lo pasamos inmersos en una, ahora, Comunidad Valenciana que, aunque no nos ignora, pues sería de estúpidos, no considera la tradición y la cultura de estas tierras equiparable a la de la zona valenciano-parlante. Pienso que nuestros políticos, a nivel provincial y nacional, deberían, alguna vez, explicar cuál ha sido su aportación en este sentido, porque sería lamentable el llegar a decir en alguna de nuestras calles al ser preguntados, llegar a decir -repito- humildemente: "Perdone, pero no entiendo el valenciano".

     Económicamente, míster Márchal (o como se escriba) está pasando una temporada en Requena. Lo malo es que se irá. Un día se irá y el pueblo se quedará con los decorados puestos y la mirada atenta a Cofrentes, esperando otro milagro y, mientras tanto, el pueblo habrá dejado escaparse, como el agua entre las manos, esos pequeños logros locales que en su día sembraron la ilusión y el despegue y hoy son, sólo, naves vacías con chimeneas apagadas. Pienso que nadie se alegra de que haya dejado de oler mal entre la Fuencaliente y las 103, y es sólo un ejemplo.

     Sin embargo, lo mejor que podía pasar es que nadie se sintiera preocupado por esto. Señal de que la solución está en la mentalidad colectiva. Al fin y al cabo estas son ideas expresadas por alguien que no vive en Requena y cuya perspectiva de la situación está distorsionada por el desconocimiento de la realidad total y por el deseo de que todo lo anteriormente expuesto sea sólo fruto de mi imaginación.

     Sé que Requena es capaz de superar con hidalguía castellana cualquier dificultad que se le presente. Tampoco pretendo dogmatizar. Son, repito, ideas que me vienen a la cabeza y, aprovechando la invitación que se me ofreció, he plasmado en esta revista. Ojalá sean muchos los que me digan, razonadamente, con fuertes argumentos, al vernos por la calle: "Oye, no estoy de acuerdo."

R, ESTEVE

 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1982)