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Por el lejano Oriente el astro Sol se eleva, dando luz de oro a los picos sombra a barrancos y vegas.
Torcidos y viejos pinos que han crecido en las laderas, el aire ligero del norte con ritmo de danza zarandea.
Los tomillos y los romeros nacidos entre tierra y piedras, sus flores mirando al cielo sustento de las abejas.
En las casas de labranza bien preparadas las tierras, surcos largos y precisos para recibir la siembra.
Qué poder de la natura cuando en la primavera el "transeúnte" admira trigos, cebadas, centenos y avenas.
El verde de la campiña se extiende lengua tras legua, haciendo hermosa amalgama entre las vides y las siembras.
El gorgoteo del agua en escondidas acequias, lleva el frescor de la vida a los "piazos" de tu huerta.
Pinos y olivos mezclados altos chopos en la ribera en las lindes de tus "tahullas" bellas y esbeltas higueras.
Por los cuatro puntos cardinales caminos, sendas y veredas, atraviesan los viñedos verdes plantados en largas hileras.
Cuán bello es de ver el producto de la tierra. Los sarmientos se dan abrazos cuando el aire los bandolea.
Como madre que da el pecho al hijo que de ella naciera, dan a las uvas su savia las duras y torcidas cepas.
Imperecedero el tiempo da viento, lluvia, nubes y nieblas, con mil colores adorna los frutos que dio vida la primavera.
El solsticio de verano afianza su calor quieta, las uvas van madurando con noches de luna serena.
Qué movimiento humano cuando el mes de agosto llega. Unos lavan las cubas, otros limpian las bodegas.
Los "trullos" todos abiertos al aire que los sanea preparados a recibir la vendimia que se acerca.
El ir y venir de las gentes conversaciones callejeras, toda la ciudad alegre tiene reuniones secretas.
Hay que adornar las calles. Hay que: darle vida a la fiesta, porque fiesta es la vendimia desde la "Villa" a las "Peñas".
En delictivo silencio se preparan las aldeas de la vega. En adversarios leales Casas del Río, Casas de Eufemia.
Fiesta de la Vendimia, montada entre agosto y septiembre llega, fuentes de vino surgen por doquier sin "maniantal" en la tierra.
Las muchachas escogidas preparan sus mejores prendas para en la gran cabalgata acompañar a su Reina.
Fiesta de gran color, de voluntad manifiesta, producto de los sudores de braceros de la tierra.
¿De dónde las gentes sencillas sacan tan sublimes ideas? Maravillado mi pensamiento se para ante el arte que se despliega.
Los expresivos aires musicales armoniosamente la banda interpreta, finaliza el gran concierto el himno a la ciudad eterna.
Con qué bravura, todos en pie cantan su amor a la ciudad bella, lágrimas suben a mis ojos, de felicidad lleno, mi corazón se cierra.
En la noche de la "zurra" (qué noche aquélla.. .). Jamás persona alguna pasó noche más buena.
Jamás mis ojos vieron de gentes calles tan llenas, jamás vi correr tantas botas de vino viejo en volea.
En cualquier plazuela, o esquina, las charangas musiqueras interpretan pasodobles folklore de España entera.
De las manos cogidos, los jóvenes formando largas hileras pasan por entre la gente con bromas y risas de sirenas.
Muerto de alegría y cansancio la madrugada llega, los mayores se van retirando los jóvenes, por allí quedan.
Domingo. Hacia mediodía (la mañana ha sido ligera) bajo la bóveda de verdura las gentes, por la Avenida pasean.
En un banco de madera sentado mi curiosidad se acelera. Las mujeres se cuentan sus cosas entre risas cascabeleras.
La tarde, llena de sol, majestuosa, abarrotadas de sillas las aceras, la ciudad llena de guirnaldas guardias de uniforme llegan.
Preciosos niños y niñas en formación imperfecta dan un brillo deslumbrante sus típicos trajes de la tierra.
Por secciones, con banderas, ejército que no quiere guerra, la música les precede los que acompañan la Reina.
Los hombres vestidos de recia pana, alpargata y media, camisa blanca, chaleco y una faja manchega.
Las mozas, ¡qué maravilla! Peinados lisos, altas peinetas, refajos bordados en plata y oro, encaje de bolillos sus medias.
Ya llega la gran carroza, alta cumbre de la fiesta. El Alcalde, sus Concejales con sus Damas de Honor, ¡La REINA!
Cómo miran todos y todas. con qué anhelo la esperan, nubes de confeti y serpentinas por todas partes le llegan.
Admirado quedo del decoro que encierra tanta belleza. ¡ Esta infanta de España no necesita tutela!
Venerada por todo un pueblo que ama, que adora su fiesta, que sabe degustar los vinos producidos en su propia tierra.
En las salas de tu Ayuntamiento hombres del pasado veneras, en pinturas de gran talla con dedicación sincera.
Ciudad cargada de historia no seas ingrata. Recuerda, que entre tus hijos existen los que la fiesta te dieran.
Nada he visto que de fe de la creación de tu fiesta, Nada he podido leer del día que ella naciera.
Hazles un pergamino, un homenaje, ¡lo que sea! No lo olvides, te lo pido, piensa en ellos, ¡recuerda!
Que así siga siempre tu vida, cada vez más grande tu fiesta. Con tu música y buenos vinos, mujeres preciosas para Reinas.
Yo sigo pensando, y pensaré, que por grande que sea tu fiesta, por bellas que sean tus mujeres tú serás la más grande, la más bella.
Desde lejos, muy lejos, te venero con alegría y tristeza. Pero... ¿qué importa cerca o lejos? Tú eres la madre de todos, REQUENA.
Montcenis (Francia), febrero de 1983
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(Publicado en El Trullo de Agosto de 1983) |
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