No es hacer una crónica escueta de lo que fue la Fiesta de la Vendimia en su 36 edición lo que pretendo, sino exponer sencillamente mis impresiones de lo que fueron los actos de mayor transcendencia, con la serenidad que proporciona el recuerdo, una vez transcurrido un tiempo suficiente que relaja el ánimo.

     Se logró algo fundamental, que el principal protagonista fuera el pueblo de Requena. Ya en el prólogo de la Fiesta, en aquella memorable noche del 29 de agosto, durante el soberbio recital que nos ofreció Juan Manuel Serrat en la plaza de toros, fue el pueblo de Requena quien dio una lección de civismo con un comportamiento ejemplar.

     Fue ese mismo pueblo de Requena quien a la solicitud de las cuotas por las comisiones de la fiesta, respondió, consciente de las necesidades económicas actuales que implican la celebración de unos festejos populares, ampliando su aportación, que aunque no del todo suficiente fue un acicate para la moral de los responsables de la  organización.

 
 

     La gran noche de la zurra tomó en esta edición caracteres de manifestación masiva pro-Fiesta de la Vendimia, y fue ese pueblo de Requena quien lanzándose en tromba alborozada a la calle, infundió la alegría y el desenfado indispensable en toda fiesta.

     Fue en esta ocasión una mujer de Requena, María Dolores Grao Fernández, quien glosara las virtudes de nuestra Reina Infantil, niña Rocío Cárcel Rubio, quien acompañada de su presidente Práxedes Gil-Orozco Limorte supieron, con su simpatía, infundir la gracia que solamente la espontaneidad de su corta edad puede lograr esa imagen de dulce encanto que tienen los niños en nuestra fiesta.

     Tenía que ser de Requena el mantenedor que diera luz propia al acto de proclamación de nuestras reinas, y vaya si lo fue, nada menos que don Luis Garcés Martínez, el cual ensalzó, como él sabe hacerlo, las virtudes y belleza de nuestras mujeres, y Lucia, María Elena, Raquel y Cristina se vieron enmarcadas en sus barrios por obra y gracia de la docta erudición de este ejemplo de requenenses, que tuvo en nuestra Reina Central, señorita María del Carmen Campos Vega, la inspiración necesaria para culminar este acto, que de tan sencillamente nuestro, resulto memorable.

     Del "rallye humorístico" y la colaboración de los novedosos "racimos" no podemos más que guardar un entrañable recuerdo por su importante y brillantísima colaboración; y si la Noche del Labrador en las Peñas fue de Requena, con el grupo "Jaraiz" y la Cooperativa de Viticultores, la Noche del Vino tuvo caracteres de acontecimiento, por la grandiosidad e importancia del acto, que unió a comarcas vinícolas tan distantes como son Requena y el Ribeiro, y la jota y la muñeira se juntaron en fraternal abrazo de amistad, dejando un recuerdo imborrable en nosotros la participación entusiasta de la Casa de Galicia en Valencia.

     La aportación y colaboración eficaz de todas las cooperativas de la comarca, fruto de la acertada gestión realizada: por los miembros de la Comisión Central encargados del tema, fue decisiva para el desarrollo de la Fiesta, así como la colaboración de todas nuestras personalidades del mundo vitivinícola que supieron organizar tan acertadamente concursos, exposiciones y conferencias que impresionaron gratamente a cuantas personas y autoridades nos visitaron.

     Tuvimos la suerte de contar con un tiempo espléndido, y así la música, los fuegos de artificio, los toros y los diversos festejos al aire libre se vieron tan concurridos que pudimos llegar a la "quema" del monumento con la satisfacción del deber cumplido. Ahora que ya la XXXVI Fiesta es historia, nuestro mayor deseo es que las huestes de Alvaro Atienza tengan el éxito que Requena y sus gentes se merecen.

 VICENTE MORCILLO PÉREZ

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1983)