El día que esté muerto para el mundo,

vestidme alba o sudario y que eso baste,

y dejadme una cruz entre las manos

y no me la quitéis para enterrarme,

que quiero estar con ella así esperando

la hora en que el Señor diga: «¡Levántate!».

 

Y no lloréis por mí. Rezad, rezad,

porque vuestra oración podrá ayudarme

más rápido a subir donde me esperan

-si lo merezco- Cristo con su Madre.

 

No lloréis, que no me hacen falta lágrimas,

sino oraciones que los cielos abren:

los huesos, lo que queda, eso no es nada,

quizás tan sólo valgan -si es que valen-

algunos versos míos por aquello

de que os ayuden para no olvidarme...

 

Y recordad en ese

tan misterioso trance,

que «la vida se cambia, no se pierde»,

que esta segunda vida es la importante,

la que empieza cuando uno ya está muerto

pero eso sí, no lo digáis a nadie

hasta que pasen unos días. Luego

que sepan que emprendí el postrero viaje.

 

Pero no me lloréis. Rezad, rezad

un Padrenuestro, un «Requiescat in pace»,

que eso tiene que hacerme mucha falta

para del Purgatorio aligerarme...

 

El día en que esté muerto empezaré

a vivir la verdad de las verdades,

y desde la otra orilla, liberado

de reloj, calendario y equipaje

-porque en la eternidad ya nada cuenta,

ni fechas ni ropajes-,

pediré por vosotros, porque siempre

seáis unos cristianos ejemplares:

médicos, sacerdotes y poetas,

amigos, hijos, nietos, familiares,

mis compañeros todos en las sendas

de tantas ilusiones de amor y arte...

 

Yo en cualquier verso mío os acompaño

ya sin estorbos terrenales.

 

Por lo mucho que a todos he querido,

si os he ofendido en algo, perdonadme.

 

Sólo estoy muerto para «los sin fe»,

los que viven de Dios siempre apartándose.

 

Para los que creéis, ahora comienzo.

a gozar una vida inacabable,

y entre un delirio de arpas y de versos

-inconcebible en predios terrenales-,

en el nombre de Cristo -que es mi Rey-,

os doy de la Esperanza su Mensaje,

y mi beso, mi abrazo, mi alegría,

mi bendición de Amor más entrañable.

 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1983)