DESDE hace ya algún tiempo, y como consecuencia de unas discrepancias con los dirigentes de cierta edición de la Fiesta de la Vendimia, con respecto a criterios particulares referentes al concepto que ambas partes manteníamos sobre la tan traída y llevada libertad de expresión, me prometí a mí mismo no volver a escribir en esta revista; promesa la cual hago hoy añicos a fin de poder tratar, en el único medio de comunicación escrito de carácter general de que disponemos actualmente, un gravísimo problema, que dada su vital importancia, merece dejar de lado personales convencionalismos, a efectos de pensar en unir todos nuestros esfuerzos para intentar una acción que pueda conseguir despertar unas conciencias, las cuales, adormecidas en un presente cada vez más deteriorado, no parecen darse cuenta del preocupante giro que están tomando los acontecimientos socioeconómicos en nuestro pueblo, por lo que, y si alguien no lo remedia, llevan camino de convertir a Requena en el corto plazo de dos años, en una ciudad atenazada por el paro y la miseria.

     Las afirmaciones anteriormente expuestas no las efectúo de forma gratuita; si el lector presta atención a lo que trataré de exponer en el cuerpo del presente artículo, podrá darse cuenta de inmediato de que dichas afirmaciones parten de una base sólida y realista, venidas a la mente de una persona, la cual, por su profesión y formación, ya desde muy joven ha venido estando muy cerca de la problemática de pequeños empresarios y, sobre todo, de los trabajadores de Requena, lo que, como puede suponerse, avala convenientemente todo cuanto a continuación diré.

     El enorme auge que la industria experimentó en nuestra ciudad allá por los años 60 condicionó el abandono de muchos agricultores del sector propio, en busca de unas ventajas y seguridades que no podía ofrecerles éste, en competencia con las flamantes y florecientes empresas industriales que comenzaban a hacer su aparición por estas tierras. La demanda de viviendas se multiplicó, la construcción reclamaba día a día más mano de obra, el paro casi no existía, Requena iba abandonando su carácter rural y los carros con sus mulas iban desapareciendo de la calle, dando paso a un creciente y multicolor desfile de flamantes automóviles, salpicado con el molesto pero espectacular ronquido de ruidosas motocicletas.

     Posteriormente aconteció la famosa crisis de los 70. Nuestra industria comenzó a tambalearse. La metalurgia cayó de cuajo, en la memoria de todos está el enorme trauma que originó en nuestra ciudad la desaparición de Dogo y Funresa; posteriormente hizo lo propio Bapasa y, como si de fichas de dominó puestas en fila se tratase, fueron cayendo una tras otra: Collado,S. L., Unsime, Curtidos y más recientemente Agrucosa y la mayoría de nuestras serrerías. Por si esto fuese poco, industrias tan importantes como Confecciones Europeas (Lois) y Swartz Hautmont no sólo hace bastante tiempo que no efectúan contrataciones fijas de personal, sino que, por el contrario, han venido reduciendo notablemente sus plantillas. Para colmo, la construcción, debido precisamente a la crisis, ha disminuido sus actividades globalmente en más de un sesenta por ciento, en comparación con lo que venía desarrollando en la década anterior.

     Si no hemos notado hasta ahora la gravedad de estos desgraciados acontecimientos ha sido debido a un fenómeno que ha venido condicionando nuestra vida local en los últimos años. Me estoy refiriendo, como puede suponerse, a la construcción de la Central Nuclear de Cofrentes, la cual no sólo ha venido absorbiendo gran parte del excedente de mano de obra que nuestras defenestradas industrias proporcionaban, sino que, además de ello, la enorme cantidad de familias venidas de otros lares a prestar servicios en la construcción de la mencionada central, habiendo fijado muchas de ellas su residencia en nuestra localidad, proporcionaron un relanzamiento en los sectores de transporte, comercio y servicios, lo cual no sólo impedía que el nivel de vida de la ciudad se deteriorase, sino que, como ha podido apreciarse, Requena ha experimentado por esta causa un gran empuje hacia arriba en toda su infraestructura; esta circunstancia, actuando como un espeso velo, nos ha impedido observar lo que iba a suceder cuando esto se acabase.

     Pues bien, esto se está acabando; las familias foráneas comienzan a marcharse. Desde la tan discutida y temida Central Nuclear de Cofrentes van llegando intermitentemente enormes riadas de trabajadores con destino a la "Oficina de Empleo". ¿Qué porvenir espera a estos trabajadores cuando terminen de percibir las prestaciones reglamentarias de desempleo? ¿Qué plan de infraestructura industrial tenemos para dar satisfacción a esta enorme cantidad de demanda laboral que amenaza convertirse en el corto plazo de uno o dos años aproximadamente en una preocupante realidad de hambre y miseria? ¿Qué porvenir se prepara para nuestros comercios, bares, restaurantes, discotecas y todo establecimiento relacionado con el sector servicios? ¿Qué vamos a hacer con nuestros jóvenes en edad laboral y postuniversitaria? Son demasiadas incógnitas y muy graves todas ellas para poder contestarse de golpe. Momentáneamente sólo se otean dos salidas posibles a tan enconada problemática; una a corto plazo: las próximas obras que van a acometerse en la ciudad de Cortes de Pallás para la construcción de una estación de bombeo dependiente de la Central Nuclear de Cofrentes. El envío de trabajadores a dichas obras podrá realizarse si se pueden conseguir unos accesos adecuados desde nuestra ciudad a dicho centro de trabajo, puesto que los actualmente existentes se encuentran en un estado más que deplorable.

     La otra salida, mucho más importante, trata del acontecimiento de una auténtica política de industrialización de nuestra comarca, la cual podría proporcionar a medio y largo plazo un más que necesario, potente y sólido desarrollo global de nuestra economía. Esto último ha de requerir un redoblado esfuerzo por parte de todos para su consecución, habrá que presionar a la administración para que se dé cuenta de que existimos, puesto que hemos de caer en el detalle de que toda la inversión que en un futuro próximo vaya a canalizarse hacia la Comunidad Valenciana se dirigirá a Sagunto y su comarca; van a contar para ello con todo el apoyo tanto estatal como autonómico; nosotros, como siempre, vamos a quedar sumidos en el más triste de los olvidos, dejados de lado tanto de los unos como de los otros. Si no seguimos el ejemplo de los saguntinos, si no tomamos nuestras cacerolas y las hacemos sonar tan fuerte que lleguen a atronar los oídos de Valencia y Madrid, muy pronto no nos van a servir dichos utensilios sino para tenerlos colgados de adorno en nuestras vacías despensas.

     Todavía estamos a tiempo; autoridades, partidos políticos, centrales sindicales, entidades, trabajadores y desempleados, ciudadanos en general, si queremos futuro despertemos ya, puesto que si así no lo hacemos, no dudéis que vamos a perder el tren, y, no creo que sea agradable para ningún hijo de Requena ver a su comunidad sumida en un vergonzante subdesarrollo que llegue a condicionar, desfavorablemente, su futuro medio de vida.

Julián Sánchez

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1984)