Si un país, una ciudad o un pueblo en fiesta prueban su cortesía, su alegría y carácter sociable, podemos estar seguros de que nuestra España tiene en sus tierras el más grande archivo de la cortesía y sociabilidad humana.

     Al llegar gentes de todas las latitudes entran en auge los festejos y, por añadidura, aumenta el prestigio y buen nombre de la fiesta o feria.

     Son famosas en el mundo entero las fallas valencianas, con sus fuegos de artificio y sus grandiosos monumentos falleros, ante los cuales no se sabe qué admirar más, si la gracia y el ingenio o el arte que con ellas se hace gala; todo lo cual en el corto espacio de tres días pasa a convertirse en cenizas.

     La feria sevillana que se celebra en abril, que a los vistosos grupos de jinetes y amazonas, une la gracia que imprimen a los vestidos andaluces sus alegres jóvenes.

     Los «Sanfermines» en Pamplona, donde ante toros de casta, hacen alarde de valor y riesgo los audaces mozos navarros.

     Las fiestas mayores en Cataluña, que aprovechan sus emprendedores hijos para bailar la «sardana».

     Las verbenas madrileñas en la Pradera de San Isidro o en San Antonio de la Florida, donde sus mujeres lucen con gracia y encanto, no exento de señorío, sus afiligranados mantones.

     Fiestas del Pilar en Zaragoza, donde entre sus múltiples festejos destaca el popular baile de la «jota».

     La Semana Grande de San Sebastián, que entre su grandiosos festejos destacan la viril y titánica lucha de los remeros en sus regatas.

     Las fiestas vascas, con sus «aizcolaris» en noble y dura competencia, o sus pruebas de arrastre en los «caseríos».

     Famosas son las hogueras de San Juan en Alicante, donde se expone la gracia y arte de un pueblo que se mira optimista en el espejo luminoso de las transparentes aguas del Mare Nostrum.

     El bando de la huerta en Murcia, con sus jinetes y comparsas engalanadas.

     Las batallas de flores de Valencia y Murcia, donde los artistas luchan en noble y bella lid, para llevarse los premios de las carrozas que tripulan bellas jóvenes, que lanzan flores a sus compañeras y público admirador.

     Famosos carnavales de Cádiz y Tenerife, con sus «murgas», artísticas comparsas y charangas con buen humor.

     Como colofón de nuestras fiestas regionales, las romerías y peregrinaciones de Asturias y Galicia, cuyas milenarias piedras se animan al oír las gaitas de los peregrinos a Covadonga y Santiago.

     En este año de 1984 celebran en Requena y Jerez su XXXVII edición de las Fiestas Vendimiales, pues primero en Requena y pocos días después en Jerez, en septiembre de 1948 se iniciaron estas fiestas en homenaje a la viña y del vino, que han pasado a ser internacionales.

     Siguen en antigüedad: Valdepeñas, Rioja, Villanueva del Ariscal, Sitges, Cacabelos, Tomelloso, Cariñena, Condado, Chipiona, Jumilla, Cheste, Conca de Barberá, junto a otras más recientes que harían interminable esta relación.

     Las maravillosas fiestas de la vendimia, que se celebran de agosto a octubre en lo ancho de la piel de toro de nuestra patria, se dedican principalmente al homenaje merecido a los hombres y mujeres que dedican sus afanes a la vinicultura. Son muy variados los festejos, pero principalmente se dedican a la Virgen Patrona de cada ciudad o pueblo, con las ofrendas de flores y frutos, junto a la bendición del mosto recién estrujado o pisado, de las uvas con variedad predominante en cada zona.

     También son corrientes los certámenes literarios, donde se exalta a la mujer vendimiadora, a la viña y al vino. Conferencias, concursos de cata, exposiciones y concursos de vinos y mistelas, maquinaria, productos enológicos, etc.   

 
 

     Informaré, como decano de las fiestas vendimiales, de lo que ocurre en la de Requena.

     Durante tres días, desde el Monumento Universal a la Vendimia, mana por su fuente Vino. Sí, Vino en mayúscula, que se da a degustar gratuitamente a la inmensa muchedumbre que se estaciona en la amplia plaza, señorial avenida y calles adyacentes.

     A la gente le admira esta esplendidez mediterránea, pues igual beben uno que diez vasos.

     El vino sirve para estimular, para alegrar, y este detalle y muchos más de la Fiesta de la Vendimia nos hacen recordar las paganas fiestas, primero en Grecia y luego en la imperial Roma, donde corría el vino a raudales para honrar a los vencedores.

     Bellas costumbres latinas que han sido trasladadas a nuestra época, con la celebración de las fiestas vendimiales de nuestra querida. España, para en la paz, feliz y venturosa, honrar y agasajar a nuestros visitantes con ese néctar que producen nuestras viñas y que llamamos vino.

F. MARTINEZ BERMELL

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1984)