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COMO si esta trágica, y a la vez esperanzadora copla, obtenida de los propios versos de Nicolás, quisiera darle la razón en orden a una absurda y testimonial efemérides genética, el día 3 de noviembre del pasado año, la negra tijera del destino podó la cepa todavía verde de Nicolás Pérez Salamero. A sus cincuenta y cuatro años recién cumplidos, lleno de vida y optimismo, Nicolás dejó de existir en desgraciado accidente de circulación, habiendo dejado, empero, una grandiosa cosecha, rica tanto en descendencia, como en calidad humana. El «curriculum vitae» de Nicolás era verdaderamente impresionante. Recordemos: Cursó estudios de derecho en las universidades de Valencia y Barcelona, obteniendo ,la 'licenciatura en esta última en el año 1950. En 1957 ganó la oposición a Notarías, habiendo desempeñado sus funciones en Garrovillas (Cáceres) , Viver y Villarreal de los Infantes (Castellón) y últimamente, hasta la fecha de su fallecimiento, en la notaría de Alcoy (Alicante). Su vocación política le llevó a ocupar la Alcaldía del Ayuntamiento de Viver, cargo que desempeñó durante el período que va de 1965 a 1968, siéndole otorgada, en orden a los méritos de la gestión desempeñada, la distinción del nombramiento de Alcalde Honorario y Perpetuo de dicha villa. El 26 de noviembre de 1968 pasó a ocupar la Presidencia de la Diputación Provincial de Castellón de la Plana, cargo que desempeñó hasta el 27 de julio de 1971, en cuyo período fue procurador en Cortes en representación de dicha Diputación, habiendo tomado parte de la ponencia encargada de examinar el proyecto de Ley General sobre Recompensas de las Fuerzas Armadas y la de Objetores de Conciencia. En cuanto a condecoraciones, estaba en posesión de la Cruz de Caballero y Encomiendas Sencilla de la Orden de Cisneros y de la Medalla de Oro del Sindicato Provincial de la Madera y Corcho de Valencia. Era comendador de número de la Orden Civil del Mérito Agrícola. Este extraordinario «curriculum», por paradójico que nos parezca, significaba muy poco para Nicolás, en orden a un entorchado que sabía lucir con arrogancia extrema, y que a él gustaba de apostillar allá donde se encontrase, una circunstancia, a la cual, él mismo elevó a la categoría de sublime; Nicolás presumía en grado extremo de haber nacido en Requena. Vuelvo a recurrir a sus propios versos, sintiendo nuevamente la emoción que invadió mi alma una festiva noche de agosto de 1975, cuando Nicolás, actuando de mantenedor en la presentación de su sobrina Mari-Lo Climent como Reina de la XXVIII Fiesta de la Vendimia, nos conmovió a todos al proclamar la siguiente estrofa:
Ese exacerbado cariño que Nicolás mostraba hacia su tierra se tornaba en sentimiento de extrema humildad, en un autoempequeñecimiento del propio ser, cuando, seguidamente, matizando la anterior disertación, afirmaba:
Igualmente, Nicolás trata de imprimir un espíritu de unidad y universalidad en su concepción de amor hacia su pueblo, cuando en el mismo acto nos remitió su mensaje en una emotiva copla:
Sin lugar a dudas Nicolás era un hombre de Requena. Asimismo él era también un hombre de la Fiesta de la Vendimia. Dos veces comisionado y cuatro mantenedor avalan esta condición. «Leader» por temperamento, capitaneaba con autoridad y acierto, no exentos de grandes dosis de camaradería y compañerismo, las juveniles huestes de su generación afín. Fue principal fundador, junto a un grupo de amigos, del añorado Círculo Requenense y de la revista artístico-cultural de ámbito local «La' Alberca», cuyas actividades vinieron a canalizar las inquietudes recreativas, deportivas y culturales de la juventud requenense de su época. Hombre culto, amable, jovial y dicharachero, Nicolás amenizaba cualquier reunión. Sabía hacer grande cualquier acto, por intrascendente que éste fuese. Fíjese el lector si su espíritu era poseedor de enorme influencia hacia los demás, que la auténtica categoría que este trabajo pueda tener a efectos de merecer ver la luz de su publicación, se la han otorgado el haber aparecido en él las emociones de SUS PROPIOS VERSOS. Queda con Dios, buen paisano. Descansa en paz, ¡REQUENENSE! J. S.
(Publicado en El Trullo de Junio de 1984) |
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