Cerca tuyo estoy Requena,

absorto por tu atracción,

cariño que, arde en razón,

de ser una madre buena.

 

Tus bellezas no envejecen

ni desentonan tus huellas,

las que ilustran de tus glorias,

haber que te pertenece.

 

Con tu original castillo,

tus empinadas subidas,

donde se endulza la vida,

viendo a Requena y su estilo.

 

Suntuoso pedestal,

museo y ex fortaleza,

que tras de tantas proezas,

das vida a nuestro portal.

 

Preciosa perla de añares

que, en una precaria escena,

deleitabas a Requena

con sus danzas populares.

 

Plaza y central paseo

de cada final de día,

en ti de júbilo hervía

un pueblo de cuerpo entero.

 

En su más cálido ambiente

y, con seriedad plena,

siempre el hijo de Requena

gozó de su don de gente.

 

Cuna del culto andariego,

no importa credo ni raza,

al sentirse como en casa,

donde nadie es extranjero.

 

Así es mi ciudad gentil

que, por entero se da,

la que brinda su amistad,

haciendo y siendo feliz.

 

El bien engendra emoción

y, la misma nos inspira,

al ver nuestra aérea vestida,

en su más amplio esplendor.

 

Cuando en mesurada acción

se halla la afable respuesta,

y un corazón hecho fiesta

de ennoblecido color.

 

Y al sentirse enseñoreada,

en tan cálida verbena,

goza mi bella Requena,

cual fiel novia enamorada.

 

Nos señala alegremente

la tan nombrada vendimia,

y su apasionada viña,

de mi tierra que ama y siente.

 

Con tus fuentes cristalinas,

frondosas ondas marcadas,

y esa Requena adorada

que reside en mi retina.

 

 

J. Perelló Ferrer

Buenos Aires,. Abril 1983.

 

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1984)